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El poder de los datos

La amplia oferta disponible de tecnología que existe en la actualidad permite aprovechar los datos que se generan en distintas actividades productivas.

En la agricultura, por ejemplo, cada día aparecen nuevas herramientas digitales que ayudan a mejorar la gestión del campo y el empleo de maquinaria, entre otras tareas a partir de datos que, ordenados e interpretados, facilitan la toma de decisiones.

En las últimas décadas, tanto los agricultores como las empresas vinculadas a la agricultura, vienen buscando nuevas formas de incrementar la eficiencia, la productividad y calidad de los cultivos. La revolución digital ha permitido, en gran medida, desarrollar programas informáticos que permiten realizar predicciones de volumen de cultivos y, al mismo tiempo, trabajar con algoritmos de aprendizaje automático diseñados para monitorear y procesar información clave como la temperatura, la presión atmosférica, las condiciones de luz natural, estado de los suelos, tipos de fertilizantes utilizados y hasta la calidad y cantidad de productos cultivados en campañas anteriores. En los países más desarrollados se observa que, de a poco, los productores y las empresas agrícolas observan el cambio de paradigma que experimenta el campo (como muchas otras actividades) y toman conciencia de la importancia de basarse en datos para tomar decisiones de manejo de la producción. Claro que la transformación no se logra de un día para otro, sino que hay un proceso que demanda tiempo para conocer las nuevas herramientas digitales disponibles y capacitarse en la operación de las mismas. En la actualidad con algunas de estas herramientas que se basan en datos más precisos ya se pueden realizar predicciones meteorológicas y determinar con exactitud, por ejemplo, cuándo y dónde se va a generar un problema con determinada plaga.

En otras palabras, gracias a la posibilidad de recolectar, almacenar e interpretar una gran cantidad de datos, la agricultura hoy tiene la posibilidad de optimizar la eficiencia y la rentabilidad de los cultivos y, lo que es más importante, adoptar decisiones ya no a partir de la intuición sino del análisis objetivo de datos. Lo que se puede observar en los campos que ya sacan provecho de estas innovaciones es una sensible reducción de costos de producción, lo que abre las puertas a la posibilidad de incrementar la productividad.

El reciente período de sequías que golpeó con dureza al campo mostró, entre otras cosas, la necesidad de tener un manejo más preciso de los registros de precipitaciones de manera tal que permita identificar patrones, además de conocer con más detalles los ciclos del agua, entre otros factores que afectan la producción y la calidad de los cultivos. Habrá que prepararse para que también en nuestra región se familiarice con conceptos como mapeo de suelos de alta resolución, robots autónomos que puedan ayudar a los agricultores a trabajar de manera más eficiente la tierra y a disminuir el uso de productos químicos y hasta sistemas de pulverización guiados por un software de inteligencia artificial que permiten obtener mejores resultados en términos de productividad. En un mundo que se caracteriza por la complejidad es necesario conocer las novedades tecnológicas que pueden ayudar a mejorar la competitividad de nuestros agricultores. Otra de las innovaciones que se pueden mencionar es el desarrollo de robots agrícolas autónomos que ayudan a cultivar de manera más eficiente y a disminuir la cantidad de productos químicos y fertilizantes empleados. Se puede citar, a modo de ejemplo, el robot pulverizador que utiliza energía solar y software de inteligencia artificial para avanzar y detectar la maleza con precisión y, al mismo tiempo, rociar en forma automática.

"Es preciso establecer sistemas innovadores que protejan y potencien la base de recursos naturales, mientras aumentan la productividad", señala la FAO en su informe "El futuro de la alimentación y la agricultura. Tendencias y desafíos". Si hay algo que queda claro es que el futuro de la agricultura ya está entre nosotros y que lo mejor que se puede hacer es prepararse para aprovechar las nuevas técnicas, los equipos y los insumos que ayudarán a incrementar la productividad sin, por supuesto, dañar el ambiente. De lo que se trata, en definitiva, es de aprender a extraer la mejor información posible de los datos, para poder encontrar respuestas eficientes a los desafíos que nos plantea la productividad.