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Un camino para la paz

El Papa Francisco recibió ayer al primer ministro de Ucrania, Denys Shmyhal, a quien obsequió una placa de bronce en la que sobresale la leyenda "La paz es una flor frágil.

Al término de la reunión, que duró cerca de media hora, el ministro ucraniano agradeció los esfuerzos del Vaticano para restablecer la paz y poner fin al conflicto en Europa del Este. Un día antes, el presidente de China, Xi Jinping, dialogó por teléfono con su par de Ucrania, Volodimir Zelenski, reiterando la voluntad del gigante asiático de oficiar como mediador entre Kiev y Moscú para detener la guerra. Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo en Portugal que se debe buscar una paz negociada, sumándose así a las voces de líderes mundiales que coinciden en la necesidad de detener una guerra que debilitó la economía global y dejó un saldo de muertes y destrucción.

En octubre del año pasado, un informe del Banco Mundial advirtió que la guerra en Ucrania ha ensombrecido las perspectivas de una recuperación económica tras la pandemia de Covid 19 para las economías emergentes y en desarrollo de la región de Europa y Asia central. Según el organismo, la economía global continúa debilitada por el conflicto debido a las importantes alteraciones en el comercio y las crisis de los precios de los alimentos y los combustibles, lo que está contribuyendo a que aumente la inflación y se endurezcan las condiciones financieras mundiales. Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, sostuvo en una sesión del Consejo de Seguridad, que se celebró esta semana, que "la invasión de Ucrania por parte de Rusia, en violación de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional, está causando un sufrimiento y una devastación enormes en el país y en el mundo". De esta manera, son cada vez más las voces que reclaman el cese del conflicto que obligó a 16 millones de ucranianos a abandonar sus hogares para escapar de la destrucción. Según la ONU, un 40 % de los que salieron de Ucrania durante la guerra son niños. Por ese motivo, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) puso en marcha un operativo para acercar ayuda humanitaria a los niños a las víctimas de la guerra.

"Ahora no sirve de nada decir quién tiene razón, quién está equivocado. Ahora lo que hay que hacer es parar la guerra", dijo el presidente de Brasil, Lula da Silva en una conferencia de prensa que brindó tras llegar hace pocas horas a España. Su par de Ucrania, Volodimir Zelensky, en tanto, valoró el diálogo que, a través de una llamada telefónica, mantuvo el miércoles con el presidente de China, Xi Jinping, y sostuvo que la mediación del mandatario chino podría ser una nueva oportunidad para tender puentes entre Kiev y Beijing que contribuyan a encontrar una salida a una guerra que incrementó el temor a una guerra nuclear, algo que no se veía desde el final de la Guerra Fría. En ese sentido, cabe recordar que analistas internacionales de distintos países coinciden en señalar que no es lo mismo cometer un error de cálculo en el marco de una guerra convencional que equivocarse en un conflicto con armas atómicas, ya que en este último caso las consecuencias serán mucho más graves para todo el planeta. En enero del año pasado, antes que se desatara el conflicto en Ucrania, los cinco países que ocupan una silla permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia) concluyeron que "en una guerra nuclear no puede haber ganadores y no debe librarse nunca", y por eso firmaron una declaración conjunta comprometiéndose a cumplir los acuerdos en materia de no proliferación nuclear, desarme y control de armamentos. Pero, lamentablemente, pocos días después -en febrero de 2022- el avance de tropas rusas sobre territorio ucraniano vuelve a despertar el temor por el uso de armas nucleares.

Las armas nucleares, mientras existan, serán la mayor amenaza sobre la humanidad, ya que -como bien señalaron las naciones que participaron de la última Conferencia de Desarme- la enorme capacidad destructiva de una sola de ellas es suficiente para matar a cientos de miles de personas y devastar ecosistemas, economías, regiones agrícolas y establecimientos sanitarios en pocos minutos.

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