Los balnearios de Resistencia
El balneario Municipal sobre el río Negro, entre el puente San Fernando y el puente de los Inmigrantes, donde hoy está el Paseo Costanero, a 20 cuadras de la Plaza 25 de Mayo, funcionó desde la década del ´30 hasta principios de los ´70. - Por Roly Pérez Beveraggi

Cuando Resistencia no tenía piletas de natación, el balneario Municipal y el Club de Regatas eran los bálsamos para las tórridas tardes de verano, cuando se colmaban de público, sobre todo en horas de la siesta.
Era normal ver a las familias con sus canastas de provisiones y mates, descansando en las amplias playas de arena, tomando sol en cómodas reposeras o sillas, vigilando a los niños. Las competencias de natación eran los atractivos los fines de semana.
Para conservar las playas llegaban barcazas con arena que surcaban el río Negro desde el puerto de Barranqueras; esto se preparaba antes del inicio de cada temporada estival. Fuera de la playa de arena, el limo del río era un barro negro que según el comentario popular era curativo de las heridas, acné, reuma, artrosis, etc. El club de Regatas, desde 1920 y hasta 1940, era el vecino de enfrente del balneario Municipal.
La infraestructura del Municipal ofrecía cómodos vestuarios para damas y caballeros, con duchas incluidas, más ocho casillas tipo lacustre, de madera, construidas sobre pilotes para resguardarse de las crecientes del río Negro, que se alquilaban para cambiarse y guardar las prendas, con sus respectivas llaves y cofres para dejar las ropas en resguardo, mientras se disfrutaba del río.
Contaban con personal femenino y masculino que cuidaban las llaves de los clientes. Además estaban los boteros, que se dedicaban al alquiler de canoas y botes por hora, para paseo. El botero más famoso era Cica, famoso carpintero, fabricante de canoas que se distinguían por sus colores celeste y blanco para diferenciarse de las del Regatas, que eran rojas y blancas, y por llevar nombres de mujeres. Su parada estaba al lado del vestuario de damas.
En el predio funcionaban cantinas que, entre otras bebidas, ofrecían la famosa sangría, preparada en jarras con vino, azúcar y limón a las que se agregaba hielo. Esta bebida era consumida por los mayores y jugos para los menores. La más famosa era la de Nicolas Filiponi.
En horas de la tarde, la agencia de publicidad del balneario Municipal brindaba un amplio repertorio de música popular. En muchas circunstancias participaban conjuntos de folklore o chámame. Los fines de semana se bailaba en una pista circular con buena comodidad para los asiduos concurrentes. Organizaban concursos con interesantes premios para las parejas en distintas categorías. Todo el predio contaba con una iluminación de grandes farolas.
EI acceso estaba protegido por una hermosa costanera, donde se sentaban los jóvenes que departían en juegos o galanteos propios de la edad. Cuando se habilitó el balneario Municipal prestó servicio un transporte de pasajeros, la famosa "bañadera". Esta vehículo era descapotado, pues el techo se recogía en época de varano. Tenía capacidad para 30 a 50 pasajeros, y la parada estaba en Avenida Laprida y Pellegrini, frente a la estación francesa. Luego, continuaron los colectivos de las líneas 5 y 9.

El Regatas
El Club de Regatas Resistencia nació el 20 de marzo de 1920, producto del entusiasmo de un grupo de jóvenes que, sin medios materiales, contaban solo con el deseo de dotar a los habitantes de la ciudad de una institución que hiciera posible la práctica del remo.
Su primera sede, que data de 1922, fue una parcela en la margen izquierda del río Negro, cedida en calidad de préstamo por Martín Miranda Gallino. En 1938, la señora Luisa Alurralde de Ávalos ofreció en venta un terreno de 10.600 m2 sobre la margen derecha del río. El lugar fue considerado ventajoso, por la topografía del terreno, la buena playa existente, una recta del río de mil metros donde realizar regatas, "que hacen un lugar inmejorable para plantar el edificio definitivo del Club".
Tras obtener facilidades para la compra, se gestionó un préstamo ante el Banco de la Nación Argentina por 18.000 pesos. Por otro lado, se resolvió aumentar la cuota societaria, con el objeto de juntar fondos para levantar la nueva sede. Las primeras construcciones fueron portería, secretaría, sala de botes, vestuarios de damas y caballeros, cancha de bochas, galpón de carpintería, buffet, pista de baile y muros. De aquellas viejas construcciones no queda nada, el club se renovó totalmente.
En una nota escribí cómo yo lo conocí: "El río Negro serpenteando la ciudad te regalaba una de sus mejores curvas, los palos y el trampolín delineaban una pileta imaginaria donde aprendimos a nadar (cuando el río era curativo y navegable). Tu muelle de pescadores era refugio de los románticos, en la noches que la luna besaba el cauce casi inerte de tus aguas. Tus costas de palmas y arena, con el murallón como límite, eran el solárium de las más bellas damas. Tu balcón con vista al río un lugar de ensueño y de largas tertulias y guitarreadas. Con amaneceres, que hasta fueron engalanados por la voz del Turco Cafrune. Tu larga bajada al río, de ladrillos y juntas de madera, para que tantos y tantos botes le hicieran honor a tu nombre, en cuyo final jugaba con el agua un inmenso lapacho. En la costa nos esperaba siempre una canoa para salir a pasear y cruzarnos en amigable intercambio con las celestes del balneario regenteadas por Sica".
Todo lo contado fue un tiempo maravilloso, hasta que se abandonó el rio, lo olvidamos, lo ignoramos y nunca más lo recuperamos. Es una desidia, de todos nosotros los resistencianos, no hacer algo por este río que nos dio tanto.










