Vuelo al futuro
Con una velocidad de vértigo que nos sorprendió a todos, a partir de la última década del siglo pasado —luego de la caída del muro de Berlín— el mundo dejó de parecerse a lo que era, a mostrarse menos estable, menos rígido y menos previsible de lo que estábamos acostumbrados.
Por entonces, se hablaba de la globalización como el catalizador de esos cambios. Para la mayoría era un elemento de interés académico y que afectaba básicamente las transacciones comerciales entre los países del orbe.
Pero esa visión padecía de una suerte de miopía; la globalización era en verdad el gatillo que disparó los cambios que afectarían a toda la Humanidad, potenciados por el desarrollo tecnológico logrado hasta entonces, y que se aceleraría hasta niveles que hoy algunos pocos consiguen comprender, especialmente si tratan de analizar el fenómeno desde una cosmovisión propia del siglo XX.
Y en esta suerte de "volteada" cayeron académicos, empresarios y, especialmente, políticos.
Hoy, la realidad de las cosas difiere sustancialmente de las creencias y convicciones instaladas en nuestras familias, nuestros entornos laborales, pero parecería invisible para la mayoría de nuestros líderes sociales y políticos.
Para muestra solo es necesario un botón: pensemos solamente en lo que representó la cuarentena por el Covid para el mundo del trabajo y para la educación. La impensada realidad de escala global nos empujó al abismo de la virtualidad, en el que muchos se estrellaron en el fondo, mientras que otros descubrieron que tenían alas y lo superaron volando en ancas de herramientas tecnológicas poco conocidas hasta ese momento. Desde entonces, esa virtualidad se transformó en una realidad cotidiana; pero, sin embargo, la legislación miró para otro lado, o abordó el tema de manera superficial y parcial.
"El emperador va desnudo", gritó el niño del cuento de Andersen (El traje del Emperador), dejando a la luz el hecho de que nadie tuvo el coraje de hacer notar que la realidad no era lo que decían que era.
Este cuento infantil es una buena metáfora de cómo la percepción del poder influye en los que nos vemos afectados por las consecuencias de las decisiones tomadas por ese poder.
¿El futuro ya comenzó?
De repente, el futuro dejó de ser una simple prolongación temporal de una suma de situaciones coyunturales de la actualidad. Pero, ajenos a esa evidencia, varios de nuestros líderes sociales y políticos siguieron evitando imaginar el mundo del mañana, atrapados en la comodidad intelectual de un eterno presente.
"¿Para qué voy a cambiar si siempre funcionó bien así?", era y es la muletilla preferida de muchas de esas personas.
Hace un tiempo leí un artículo referido a Yuval Harari, el famoso escritor israelí autor de los best sellers "Sapiens: De animales a dioses" y "Homo Deus", en el que se comentaba que la educación de los niños que están naciendo en la actualidad debería estar basada en lo que él (y otros investigadores) denomina "Las Cuatro C": pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad.
Según esta visión, las escuelas deberían capacitar para para lidiar con el cambio constante, que implica no solo aprender cosas nuevas permanentemente, sino también desaprender otras, que hasta entonces dábamos por ciertas y por buenas. Harari envía un mensaje a los jóvenes del secundario: "En el siglo XXI el cambio es tan vertiginoso que no se puede saber si lo que dicen los adultos es sabiduría atemporal o solamente sesgo obsoleto".
En el terreno de la política, si no hay vocación para cuestionar conceptos vigentes, a los que algunos tratan como dogmas o verdades incuestionables, quedaremos atrapados en un eterno presente, que cada día será más obsoleto y ajeno a la realidad de las cosas. Debemos atrevernos a desencantarnos con nosotros mismos, desafiando la "tiranía del sentido común" y lo políticamente correcto.
La Cuarta Revolución Industrial
Muchos líderes de nuestra sociedad adoptaron la visión del recordado sociólogo y futurista Alvin Toffler, plasmada en su famosa obra "La tercera ola", publicada en 1980 y de allí no se movieron (Toffler planteaba como primera ola a la aparición de la agricultura, como segunda al reemplazo de la mano de obra por las máquinas, mientras que la tercera estaba caracterizada por la revolución científica y tecnológica que permitió la multiplicación de la productividad agropecuaria e industrial).
Hoy se discute sobre la "Cuarta Revolución Industrial", término acuñado en 2016 por Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, revolución que integra la tecnología de la información, la nanotecnología, la robótica, la genética, en una interacción entre los mundos físico y virtual; pero no pocos de esos líderes todavía no están al tanto de ello y de sus implicancias, como que, por ejemplo, muchas de las tareas repetitivas serán (y en diversos lugares del planeta ya lo son) realizadas por robots.
Un mundo tan dinámico requiere ser mirado de otra forma. Es necesario (¡imprescindible!) pensar diferente, con la atención puesta en las incertidumbres, pero sin temerlas; es necesario razonar y actuar de manera creativa y audaz, sin llegar a ser temerarios, sabiendo que a cada paso nos enfrentaremos con una complejidad que no parará de crecer.
Alguna vez leí la frase "A veces, es preferible tener paz, que tener razón". Es un buen consejo, ciertamente, pero si nos acostumbramos demasiado a la tranquilidad que nos proporciona lo tradicional y lo conocido, se puede transformar en la paz de los cementerios.
Atarnos a los usos y costumbres del pasado no es hoy una buena idea, sobre todo en cuestiones políticas, porque a la corta o a la no tan corta, perderemos capacidad de reacción y nos transformaremos en tristes procrastinadores, esperando algo que, como no sabemos qué es, no lo reconoceremos cuando aparezca. En el contexto de cambios permanentes de la actualidad, esperar puede transformarse en un narcótico: placentero, adictivo, pero casi siempre fatal.
Cambiar para mejor
Hoy, nuestra realidad muestra indicadores socioeconómicos muy tristes. Se trata de personas que tienen familias, sueños, que necesitan cambios profundos y los necesitan ya, con la urgencia de la pobreza y la desesperanza.
Nuestros líderes y dirigentes no pueden seguir considerando algunos temas como tabúes; la situación nos obliga a pensar y discutir todos los temas, con coraje y conocimiento, más allá de que sean muy complicados políticamente hablando.
Los avances tecnológicos nos rodean; la inteligencia artificial y la "Internet de las cosas" ya son parte de nuestra vida diaria. ¿Quién no curioseó el famoso Chat GPT?; ¿quién no sabe de alguien que utilice el sistema Alexa para administrar sus equipos electrónicos e informáticos?
Para algunas personas con una preparación inadecuada o deficiente, esto se parecerá a un galimatías inentendible; pero, nos guste o no, es una realidad.
Finalizando el primer cuarto de siglo del tercer milenio, aferrarse a las mismas certezas de finales del siglo XX, negarse a cambiar y reinventarse es el camino más directo y rápido para transformarse en un fósil social, y eso también es una realidad. Muchos están acostumbrados a cazar en el corral y pescar en la pecera, pero no durará demasiado tiempo más.
Para transitar por la vida a la velocidad de los algoritmos de la Inteligencia Artificial es necesario ser rápidos. Y para ser rápidos debemos viajar livianos de equipaje, sin el lastre de los prejuicios y tabúes del pasado.
El avión hipersónico que nos llevará al futuro está a punto de comenzar a carretear y si no nos decidimos a subirnos a él deberemos resignarnos a ser meros espectadores y sorprendernos, para bien o para mal, con los cambios inevitables que ocurrirán, que afectarán nuestras vidas de forma profunda y hasta dramática, pero nunca más tendremos el control. La política, esa fabulosa herramienta de cambios sociales, debe decidir ya si subirse o no a ese avión.
El desafío es apasionante, aunque los riesgos son altos, pero no hacer nada solo nos garantiza que el mundo y la realidad nos pasarán por encima. O planificamos y construimos un futuro, o el azar se encargará de hacerlo por nosotros, y entonces no tendremos opciones.
Sinceramente, así lo creo.











