Benito Morales, educador
Es un correntino que por muchos años brindó su intelecto a nuestra provincia, y además ha contribuido a la solución de distintos problemas de la sociedad. - Por Roly Pérez Beveraggi 

Benito Morales, nació en Corrientes, paraje Sombrero (Cañada Grande), departamento de San Luis del Palmar, el 3 de abril de 1905, aunque sus documentos registran el 14 de ese mes. Fue el noveno entre los 14 hijos -8 varones y 6 mujeres- de Marcos Morales y Ana Cleta Gómez. Casado con Clara Silvia Podestá, docente también, tuvo dos hijos, Julio Argentino y Rosa Silvia, y de ambos cinco nietos: Alicia Isabel, Norma Edith, Daniel Benito Alfredo, Silvia Griselda y Francisco José.
Alumno primario en una escuela rural de la provincia de Corrientes, maestro normal nacional egresado de la Escuela Normal de Profesores "José Manuel Estrada" de Corrientes en 1926. En 1927 fue nombrado maestro de grado en la escuela nacional 28 "Gral. José de San Martín" de Yapeyú (Corrientes). Fue director de la escuela nacional 327 en el paraje Tacuaral, departamento de Mercedes, Corrientes, entre 1928 y 1931. Con su sueldo y el de su esposa dotó a esta escuela de terreno (una hectárea) y edificio propios, que donó al Consejo Nacional de Educación.
Desde 1932 a 1936 fue director de la importante escuela nacional 8 "Río Negro", de la estación "Felipe Yofre", en Corrientes. En 1937 fue ascendido a inspector de zona de escuelas nacionales y, a su pedido, llegó al Territorio Nacional del Chaco, donde actuó por espacio de 16 años, el último al frente de la seccional con asiento en Resistencia. En 1953 pidió el retiro voluntario. Encontrándose en actividad, por iniciativa propia y como reconocimiento a la calidad de educadores, patrocinó sucesivamente homenajes a los extintos directores de las escuelas 33 y 176 del Chaco, Don Alberto Ivancovich y don Antonio Barrientos.
Inició un largo retiro jubilatorio en su casa quinta, a la que llamó justamente "El Retiro", en la avenida 9 de Julio de Resistencia. En procura de atenuar el ocio y su estrechez económica, inicialmente se convirtió en 1965 en cofundador del Museo de Ciencias Naturales del Chaco, al que donó motu proprio su valiosa colección de piezas; se estableció una sala con su nombre.

En 1970, vendida voluntariamente su finca "El Retiro", su nuevo domicilio fue Carlos Pellegrini 534. En 1971 colaboró en la I Exposición-Feria del Libro Chaqueño. Fue iniciador y gestor del homenaje a los pioneros de la cultura del Chaco a comienzos de este siglo -Juan Moro, Ildefonso Pérez y Ángel D'Ambra- con la imposición de sus respectivos nombres a calles de Resistencia en 1972. En 1973 fue miembro fundador de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Resistencia.
Decía de él Yebrail Matta: "Benito Morales era educador, educador de los de antes, al decir del poeta, no porque él estilara destacar tal honroso título en el membrete de sus papeles privados, sino porque él ha puesto la energía de toda su vida en el quehacer educacional, al servicio de la educación. Aunque correntino de antigua cepa y fervoroso amante de su suelo natal, se aquerenció en el Chaco, en las redes de cuya magia quedó atrapado para siempre. Es posible, sin embargo, que el orgullo nativo haya influido en su espíritu para aflorar en su devoción hacia el héroe máximo de nuestra nacionalidad, nacido en la roja tierra correntina de Yapeyú".
"En la actividad profesional, o en el retiro, la educación se reveló como preocupación constante en Benito Morales y, en última instancia, la meta final de su existencia. ¿Qué pudo ser un hombre discutido, o acaso lo fue? Todos los hombres deben ser discutidos", dijo cierta vez, en memorable ocasión, un activo y muy progresista gobernador del entonces Territorio Nacional del Chaco. Y agregó: "No sé si lo digo en defensa propia". Se discute, pues, a los hombres de acción. Quien nada hace, pasa ignorado y no debe temer al juicio ajeno.
"Benito Morales, educador, actuando por propio impulso de su naturaleza íntima, no sé si consciente o inconscientemente, viene a llenar el ideal de Spranger: "Sé lo máximo que puedas y debas ser, dentro de los límites de tus capacidades y de lo que es exigido por la ética social". Y Benito Morales fue "Lo máximo que se puede y debe ser".
"A la manera de "Fray Luis de Algodón" (seudónimo que usaba mi padre don Ildefonso Pérez en sus trabajos literarios), que alguna vez desde las páginas de Estampa Chaqueña rindió sencillo pero merecido homenaje a quienes brindaban lo mejor de sí por este suelo chaqueño, objeto de todos sus afanes, quiero hoy a modo de gratitud expresar a don Benito Morales, maestro, mi reconocimiento por sus relevantes dotes espirituales que sin retaceo supo esparcir a lo largo del camino de su vida y a través y en beneficio de este, mi Chaco querido, para el que ambos, estoy segura, deseamos el más brillante porvenir", decía Adelaida Pérez de González Oliver.
Benito Morales tuvo en sus últimos días una fijación obsesiva con la muerte. Tan es así que, cumplidos los 60 años, con recursos y amigos providenciales, hizo construir su mausoleo en el cementerio de Resistencia, integrando una sepultura para sí. Su sugestión lo llevó a comprar su propio cajón mortuorio, que tenía junto a él en su habitación. En su panteón expresó el siguiente epitafio: "Deseo una humanidad mejor - Benito Morales - Educador". ¡Qué cátedra! Y todavía no había fallecido. Como anécdota, todas las tardes tomaba mate en un banco junto al sepulcro y un día decidió quitarse la vida en ese mismo lugar.










