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La paz basada en la memoria

Se conmemora hoy en nuestro país el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia para recordar a las víctimas de las graves violaciones masivas a los derechos humanos cometidas por la última dictadura cívica militar, que abandonó todos los principios del derecho para ingresar a "una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana, donde la miseria, la abyección y el horror registran profundidades difíciles de imaginar antes y de comprender después", como bien se observó en el alegato del fiscal en el juicio a las Juntas militares en 1985.

Todas las religiones se basan en tradiciones sagradas que explican el origen de la vida en el universo y dan sentido a la existencia humana. Todas enseñan a sus fieles la importancia fundamental del respeto a la dignidad humana. Esa regla básica fue ignorada por los responsables de interrumpir el orden constitucional en marzo de 1976. Los testimonios aportados a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas por las víctimas que sobrevivieron a los centros clandestinos de detención que funcionaban en dependencias militares o policiales así lo confirmaron y revelaron, además, que los miembros de las Juntas Militares decidieron, teniendo en sus manos el control absoluto del Estado, apartarse de las leyes vigentes para internarse en oscuros laberintos de tormentos, torturas y desapariciones forzadas de personas. Ordenaron la comisión de crímenes masivos despreciando la Constitución. Las víctimas no tuvieron derechos, ni un juez que evaluara si correspondía o no un castigo, de acuerdo con la prueba presentada en un juicio (que tampoco existió) que demostrara la culpabilidad o inocencia del acusado.

En Italia, durante la década del 70, las autoridades debieron hacer frente al flagelo de las Brigadas Rojas, la organización terrorista responsable del secuestro y asesinato del líder de la Democracia Cristiana, Aldo Moro. Antes de que se conociera el trágico final del dirigente democristiano, el jefe de la policía, general Carlo Alberto Dalla Chiesa recibió la información de que había personas detenidas que podían aportar datos sobre el lugar donde tenían secuestrado a Moro y se le sugirió que apelara a la tortura para obtener una confesión. Dalla Chiesa respondió: "Italia puede permitirse perder a Aldo Moro, pero no puede permitirse implantar la tortura". Italia logró, finalmente, imponer la ley sobre el terrorismo sin cometer delitos de lesa humanidad. No ocurrió lo mismo en nuestro país. Es por eso que, a partir de 1983, en los primeros años de la democracia, la búsqueda de verdad y justicia se transformó en una demanda central de la sociedad argentina. En el año 2002 se sancionó la ley nacional que estableció el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia para recordar a las víctimas de la última dictadura militar. Por eso es de esperar que hoy la ciudadanía renueve, una vez más, su compromiso con la defensa de la democracia, la vigencia de la Constitución y el respeto de la dignidad humana. Es necesario que las nuevas generaciones comprendan que nunca más se debe reemplazar el Estado de Derecho por la violencia ilegal de quienes circunstancialmente ejercen el poder del Estado. El citado caso de Italia sirve de ejemplo. Ese país, como se dijo, respetó a rajatabla los principios del Derecho para combatir a los grupos que amenazaban la paz y la convivencia democrática y apeló, como debía y debe ser, a los tribunales ordinarios para hacer justicia, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio.

El alegato del fiscal en el Juicio a las Juntas Militares de 1985, Julio César Strassera, que se menciona en el inicio de esta columna, agrega otros conceptos: "Los argentinos hemos tratado de obtener la paz fundándola en el olvido, y fracasamos: ya hemos hablado de pasadas y frustradas amnistías. Hemos tratado de buscar la paz por la vía de la violencia y el exterminio del adversario, y fracasamos: me remito al período que acabamos de describir. A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Esta es nuestra oportunidad: quizá sea la última". Ojalá que estas palabras del recordado fiscal nos sirvan hoy para la reflexión.

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