Abril tiene 17 años, nació cuando yo tenía 25. Fui la primera mujer en una multitud de primos varones, y ella fue la última. Somos tres, Cecilia, es la segunda, la del medio, con 27 años. Abril tiene algo que decir. El título y la columna, es obra suya, yo simplemente voy a correr el telón, a tender el puente.

Decido hablar de este tema, "la adolescencia"; seguro que quedará mucho por decir, pero al menos quiero tratar de contar cómo veo la situación hoy en día, siendo adolescente, dando mi punto de vista y viendo un poco la realidad; neutralizando todo, sin intenciones de juzgar a alguien y cabe aclarar también, que esto no es una carta dirigida hacia todos los padres, sino que es algo que veo en general.
Actualmente, tenemos dos visiones, dos comunidades en este tema: la de algunos adultos, que piensan que ser adolescente es ser terrible, que tienen que cumplir sus expectativas, sueños frustrados y reprimidos, entre otros.
Y la de la mayoría de adolescentes, que es hacer lo que uno quiere, faltar el respeto bajo el lema de "soy libre", entre muchas cosas más.
Creo yo, que los dos son extremos donde se refleja la falta de conocimientos sobre esto y de madurez. Lo bueno e ideal sería que haya un equilibrio entre estos dos puntos y así, funcionaría todo; pero… no todos somos iguales ni recibimos la misma información ya que vivimos distintas circunstancias de vida.
Creo que algunos padres, al tener una visión de vida muy diferente a la nuestra y a la realidad; cometen errores inconscientemente, ya que casi nunca tendrían malas intenciones con nosotros.
Los adolescentes se sienten incomprendidos por los padres, ya que éstos y la sociedad en general, imponen "leyes y obligaciones sociales", que hacen que nosotros no confiemos ni creamos en todo ese sistema.
Los padres se quejan de que no confían en ellos, de que no les cuentan nada, pero ¿alguna vez se habrán preguntado del por qué será que lo hacen? Creo que no, o por lo menos la mayoría.
Sigo sosteniendo que esto no es una crítica, sino que muestro la realidad pura conviviendo con adolescentes y siendo yo, una más de esa comunidad y también, veo lo que viven los padres con esa preocupación constante al no entender a sus hijos, teniendo miedo de poner límites, de decirles cuando algo esté realmente mal, entre otros.
Y algo que veo es que los chicos reciben una falta de confianza, de información y un rechazo sobre sus dudas, gustos y/o libertades, como, por ejemplo: la sexualidad, la salud mental, diversidad, diferencias, pasiones, entre otras cosas. Y al no tener eso, sufren una represión emocional y mental que luego, generan actitudes y comportamientos no adecuados para esta etapa, ya que es un período de vida en la que uno crece, se impone, se cuestiona cada duda, experimenta y descubre; y es difícil que no lo pueda hacer en un ambiente y contexto sano.
Para finalizar esto, ojalá todos tomemos conciencia de nuestras acciones; como adolescentes, tratando de comprender al adulto que es distinto, que no hace las cosas con malas intenciones, sino que, que es su naturaleza. Y también, generarla en adultos, tratando de reflexionar y aprender que en esta etapa hay que entenderlos y acompañarlos con todo lo que eso conlleva; marcando límites, no juzgar (porque eso hace que desconfiemos de ellos), guiándolos, enseñando, respetar gustos y ayudarlos con el descubrimiento de quienes son ellos realmente.
Espero que esto, le haya servido a algún padre/madre preocupado por sus hijos; y también a algún adolescente que se siente ajeno al mundo y con ganas de que alguien, simplemente, lo entienda.










