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Consumo excesivo de sal impacta en la salud

Se calcula que en nuestro país el consumo de sal por persona, en promedio, ronda los 12 gramos diarios, cuando lo aconsejable es que no supere los 5 gramos por día.

Se trata, por cierto, de un problema que está presente en casi todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, a nivel global se consume un 200% más de lo recomendado y, al ritmo actual, el mundo no alcanzará su objetivo de reducir la ingesta de sodio en un 30% para 2025.

El consumo desmedido de sal se ha convertido en un problema para los sistemas de salud pública, ya que, según los especialistas, el sodio, si bien es un nutriente esencial, cuando se consume en exceso aumenta el riesgo de sufrir cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y muerte prematura. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la reducción de la ingesta de sodio muestra que sólo el 5% de los Estados miembros de la agencia de la ONU están protegidos por políticas obligatorias de reducción del sodio y que el 73% de los Estados miembros carece de un rango completo de implementación de tales políticas.

Argentina es uno de los pocos países que tiene una ley que fija los límites de sodio que pueden contener los alimentos. Se trata de la ley nacional 26.905 que busca reducir el consumo de sal en la población para evitar enfermedades. La norma dispone, entre otras cosas, que en los envases del producto haya mensajes que avisen sobre los riesgos que tiene el consumo excesivo, dispone además que haya menús de comidas sin sal agregada, limita la oferta de saleros en establecimientos gastronómicos para que sólo tengas sal el consumidor que lo solicita y promueve el uso de sal en sobres y sal con bajo contenido de sodio.

Según la OMS, el cumplimiento de las medidas de reducción del sodio en todo el mundo podría salvar unos siete millones de vidas de aquí a 2030. En ese sentido, advierte que las dietas malsanas son una de las principales causas de muerte y enfermedades en todo el mundo, y el consumo excesivo de sodio es uno de los principales responsables.

Por su parte, la Fundación Interamericana del Corazón en Argentina señala que la mayoría del sodio que se consume habitualmente en los hogares y lugares donde se preparan comidas proviene de los alimentos procesados o industrializados, donde los consumidores no tienen participación ni conocimiento sobre la cantidad de sal agregada. En nuestro país se calcula que entre el 65% y el 70% de la sal que se consume proviene de dichos alimentos. En este contexto, advierte la entidad, para disminuir el consumo de sal en la población no alcanza con promover cambios a nivel individual, sino que son necesarias políticas de salud pública que promuevan el acceso igualitario a alimentos saludables y limiten el contenido de sodio de los alimentos procesados.

Más datos aportados por esta fundación confirman la necesidad de generar conciencia en la población sobre este serio problema. Por ejemplo, advierte que el consumo excesivo de sal es una de las principales causas de hipertensión en la población argentina. De hecho, dice un informe, el 30% de los casos de hipertensión son atribuibles a una ingesta de sal mayor a los valores diarios recomendados por la comunidad científica internacional. La hipertensión constituye, a su vez, el principal factor de riesgo de enfermedades no transmisibles como el infarto, los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades renales. Es más, la presión arterial elevada explicaría el 62% de los accidentes cerebrovasculares y el 49% de las enfermedades coronarias. En Argentina, según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2013, la hipertensión afecta alrededor de una de cada tres personas adultas, esto es, el 34,1% de la población. Urge, entonces, concientizar sobre el consumo excesivo de sal y su impacto en la salud, especialmente en la salud cardiovascular.

Por último, se impone la necesidad de recordar que los hábitos poco saludables, como la escasa actividad física y la alimentación con productos de bajo nivel nutricional, predisponen a las personas a sufrir afecciones cardiovasculares y obesidad. En efecto, está comprobado que el estilo de vida sedentario tiene una estrecha relación con el desarrollo de enfermedades, por eso es aconsejable seguir una rutina de actividades físicas para lograr un mejor estado de salud muscular y cardiorrespiratorio.