El David de Crisanto
"Milenios más tarde, un grupo de arqueólogos descubre La Gioconda original y también un cierto número de copias. ¿Ante cuál se prosternarán? ¿Ante la que pintó Leonardo, o ante las tapas del dulce de batata?"(Alejandro Dolina, "El club de los falsificadores")

En la década del treinta del siglo XX y bajo gobierno municipal del socialismo, Resistencia prohijó un monumento al habitante originario. Para ello promulgó ordenanzas, destinó dinero público y hasta hubo encargo a un escultor de la ciudad. Hace más de ochenta años se erigió imponente el Monumento al Indio, (5 m de altura) y se lo veía en su esplendor desde la bajada del puente que cruzaba la Laguna Argüello y cortaba la avenida 9 de Julio.
La entrada a la ciudad socialista era la figura de un indio desnudo de un artista nacido en Las Palmas. Crisanto Domínguez elaboró un coloso enmarcado por casas bajas en una calle de tierra.
El entremés ciudadano promovió primero la mutilación, luego el retiro, y finalmente la inhumación en las inmediaciones del antiguo Cementerio del Norte. El sitio fue nominado varias veces, hasta el nombre actual "Complejo Intercultural 2 de Febrero".
Algunas crónicas nos dicen que "donde está enterrado el monumento, el pasto no crece". Unos intentaron ubicarlo con radiestesia y con detectores de metal y otros lo buscaron a través de las artes: la poesía, las audiovisuales y hasta el cine experimental.
Lo cierto es que el lugar donde se enterró el escándalo, será ahora el escenario del nuevo emplazamiento de una "copia al calco" del "David" de Miguel Ángel, propuesto por la Fundación Urunday como deseo póstumo de quien fuera su presidente.
Un sueño que nos trae pesadillas
Dice el comunicado de prensa: "Uno de los últimos deseos de Fabriciano Gómez fue traer a Resistencia el "David", con la intención de que la réplica de tamaño natural fuera emplazada en el "espacio público para el disfrute democrático de una obra universal, símbolo de las virtudes del humanismo y en un parque accesible -sin cobro de entradas- para quienes valoren al arte como un bien de todos".
Sabemos que las ciudades se escriben constantemente, pero en esos trazos quedan rasgos de lo antiguo. Así podemos, de alguna manera reconstruir, recordar las antiguas huellas.
Lo nuevo, ¿siempre es bueno? Los deseos de pocos excluyen a algunos sectores sociales esperan ser reconocidos en el espacio público.

Un discurso recurrente en la ciudad es que la escultura en el espacio público es "democrática", cuando en realidad no se abren consultas a la ciudadanía sobre qué emplazar en ella. Las decisiones son pretensiones de personas que se arrogan la tutoría de las artes de Resistencia.
El intendente Martínez sostuvo que "tener una réplica a escala a cielo abierto pondrá en valor aún más todo el complejo intercultural del Parque 2 de Febrero y el Domo del Centenario, y a la vez permitirá que la identidad de Resistencia se consolide en el mundo como la ciudad de las esculturas".
¿Nos hace más ciudad tener el "David"? ¿Revitaliza el espacio público? ¿Permite a sectores sociales identificarse con los valores que propone este monumento? ¿Aporta lo que dice el comunicado de prensa, "el símbolo de las virtudes del humanismo"?
Quiero recordar que los años en que se esculpió el "David" coinciden con el descubrimiento de América, o el encubrimiento de América como sentencia el decolonial Enrique Dussel.
Esta acción de la benevolencia del "arte para todos" me lleva a pensar que este sueño póstumo se transformará en pesadilla, porque es en el mismo Complejo Intercultural "2 de Febrero" donde yace enterrado el "Monumento al Indio", que fuera mutilado, censurado y desaparecido.
Un David cimarrón y endiablado de un tal Crisanto de Las Palmas, cuyas "boleadoras" no pudieron con el Goliat de la burocracia y la costumbre de encubrir al otro.










