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El riesgo de una escalada nuclear

Rusia anunció que suspende su participación en el tratado de desarme nuclear que había firmado en 2010 el entonces presidente Dmitri Medvedev con su par de Estados Unidos, Barack Obama.

La decisión, que llega en la semana en la que se cumple un año de la invasión a Ucrania, genera preocupación en la comunidad internacional por la posibilidad del uso de armas de destrucción masiva en el conflicto bélico.

Ya en octubre del año pasado se había registrado un aumento de la tensión ante los ejercicios realizados por tropas rusas que simularon un ataque nuclear. Ahora, informes de servicios de inteligencia de Noruega revelaron que Moscú desplegó en el mar Báltico un grupo de barcos militares equipados con armas nucleares, algo que no se veía desde el final de la Guerra Fría.  

La preocupación internacional por una escalada nuclear sumó ayer un nuevo motivo al conocerse que la Cámara Baja del Parlamento ruso ratificó la suspensión del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (también conocido como New START, en inglés) que Moscú había firmado con Estados Unidos para limitar la tenencia de ojivas nucleares en ambos países.

El acuerdo estableció un límite permitido en la capacidad atómica de las dos potencias en 1.550 ojivas nucleares. Firmado en 2010, fue extendido en 2021 por cinco años más, pero la reciente decisión de Moscú es interpretada por las naciones de Occidente como una movida que incrementa el peligro de una eventual escalada nuclear en un momento en el que el conflicto en Europa del Este no muestra señales de llegar a su fin.

Según los expertos Yuri Felshtinsky y Mijail Stanchev, autores del libro "Ucrania: la primera batalla de la Tercera Guerra Mundial", la invasión de tropas rusas a Ucrania es la primera fase de un ambicioso proyecto de Vladimir Putin para alterar el actual equilibrio de potencias y auspiciar el surgimiento de un eje oriental que dispute la hegemonía estadounidense. No deja de llamar la atención que, en enero del año pasado, cuando nadie imaginaba que se desataría el conflicto en Ucrania, los cinco países que ocupan una lugar permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia) concluyeron que "en una guerra nuclear no puede haber ganadores y no debe librarse nunca", y a partir de esa afirmación suscribieron una declaración conjunta comprometiéndose a cumplir los acuerdos en materia de no proliferación nuclear, desarme y control de armamentos. Pero, lamentablemente, pocos días después -el 24 de febrero de 2022- el avance de tropas rusas sobre territorio ucraniano abrió las puertas a un prolongado conflicto que vuelve a agitar el fantasma de las armas nucleares.

Según Naciones Unidas, actualmente en el mundo existen todavía alrededor de 13.080 armas nucleares. Por su parte, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), asegura que hay más: unas 14.465. Estas armas de destrucción masiva están en mano de un puñado de países. A las ya mencionadas que integran el Consejo de Seguridad de la ONU se suman India, Pakistán, Israel y Corea del Norte, con poder nuclear. Pero solo dos países concentran cerca del 92% de este tipo de armamento que existe en el mundo: Rusia y Estados Unidos.

En la penúltima Conferencia de Desarme que se realizó en Ginebra en febrero de 2018, las naciones que participaron del encuentro reconocieron que el poder nuclear, mientras exista, será la mayor amenaza sobre la humanidad, ya que la enorme capacidad destructiva de una sola arma de ese tipo puede, en unos pocos minutos, matar a cientos de miles de personas y devastar ecosistemas, economías, regiones agrícolas y establecimientos sanitarios. Por último, el incremento de las tensiones hizo que el Boletín de Científicos Atómicos decidiera el mes pasado adelantar el Reloj del Apocalipsis a 90 segundos antes de la medianoche. Es de esperar que prime la cordura entre los líderes de las potencias mundiales, ya que las agujas de este reloj metafórico marcan la hora más cercana a la catástrofe global desde que se creó esa herramienta en 1947. También conocido como el Reloj del Juicio Final, es una iniciativa de la comunidad científica que advierte a la opinión pública global sobre lo cerca que se está de destruir el planeta con armas peligrosas creadas por el propio ser humano.

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