CARTAS DE LECTORES
El comunismo es un sistema fallido
Señor director de NORTE:
Dijo el presidente norteamericano Biden que el comunismo es un sistema fallido. Algo de razón tiene.
Carlos Marx analizó muy bien el funcionamiento del capitalismo en su obra El Capital. El carácter explotador del mismo y la búsqueda a como dé lugar de la plusvalía (ganancias) por parte de los empresarios.
Del comunismo dijo muy poco. A cada cual según su necesidad. De cada cual según su capacidad. Una sociedad sin explotadores ni explotados. Y nada más.
Creo que en el socialismo debe haber mucho lugar para la economía privada. También para el estado. La explotación del petróleo y el gas debe ser estatal. Poca desocupación, buenos sueldos y jubilaciones. Con mucha inversión en salud y educación, también en obras públicas.
Bolivia es un ejemplo de un socialismo no dogmático. Hay lugar para la inversión privada. La producción del petróleo y del gas es estatal. Bolivia vende a Argentina una cantidad importante de gas a un precio razonable. Solidaridad latinoamericana.
El litio es explotado por empresas alemanas con supervisión e intervención del estado. El litio es el principal componente de pilas y baterías.
Hace diez años Bolivia crece a un 7 % anual. La población, en correspondencia, aumentó su capacidad de consumo al mismo nivel. Hay poca desocupación. Se construyen carreteras, hospitales, escuelas.
En lo político, las comunidades aborígenes se movilizan y participan con propuestas en este proceso transformador.
Evo Morales es un aborigen aimara. Tiene el apoyo de la central obrera que cuenta con la participación del gremio de los mineros con una larga trayectoria de lucha.
El gobierno boliviano es amigo de Cuba, Venezuela, Argentina, Chile, Colombia. Y ahora de Brasil. Quiere —como queremos todos los latinoamericanos— la patria grande. La patria que soñaron San Martín, Bolívar, Artigas.
Bolivia marca el camino.
RUBÉN ROSSO
DNI 7.931.265
AV. LOS INMIGRANTES 1298
RESISTENCIA
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Firmes en la tradición de la iglesia para enfrentar al mundo secularizado
Señor director de NORTE:
El templo es el lugar donde el sacerdote ora por su pueblo, es el lugar que separa al hombre de la liviandad del mundo, es el lugar sagrado, centro de la espiritualidad de un pueblo, como decía el P. Castellani: "Toda sociedad ha sido edificada sobre la mística". Allí se recibe la gracia santificante a través de los sacramentos que renueva y da la paz que el mundo no puede dar. Es el lugar donde realmente está el único y verdadero Dios en el Santísimo Sacramento del altar; es el lugar de la oración, apartado de los ruidos mundanos para que nada agite las distracciones en el diálogo entre el alma y su creador.
La santidad de todo cristiano debe aspirar a una intimidad sacra donde el señor ve nuestros más íntimos pensamientos y disposición profunda de alma, indicadora de la presencia de Dios en nosotros.
Ante esta presencia de Dios no tenemos autoridad para alterar las leyes que tutelan el desenvolvimiento de nuestra vida espiritual cuyo centro es la santa misa que nos lleva a una presencia infusa y más susceptible.
Allí tenemos al verbo encarnado, todo lo que es y todo lo que hace para nosotros; es Jesús hombre-Dios con toda la gracia de su humanidad y los tesoros de su divinidad.
La solemnidad del acto litúrgico nos impone la sacralidad de la liturgia ya que los ritos que la integran deben impregnar la brillantez sobrenatural que nos aleje por un instante de los intereses temporales para adentrarnos en los misterios reveladores de la verdadera presencia de Dios.
Todo cristiano está llamado a ser santo, para eso lo ha creado Dios, por tanto su vida espiritual debe intensificarse diariamente caminando siempre con Cristo, nuestro escudo, para enfrentar las acciones desacralizadoras de este mundo que nunca ha querido que él reine.
El pensamiento racionalista de los tiempos actuales en su incapacidad de abrirse al mundo de la fe, de lo sobrenatural, empobrece el espíritu de las sociedades conduciéndolas al alejamiento de la trascendencia divina (inmanentismo religioso) y por ende instala el proceso de secularización que rechaza el influjo sobrenatural sobre el orden temporal.
Con estas actitudes, el pensamiento de emancipación de la religión por la sociedad y no sólo por el estado se ha extendido de manera perniciosa y alarmante que parece incontenible ante las voces blasfemas que dicen: "Apártate, Dios, de nosotros porque no queremos saber nada de tus mandamientos".
Tal es la celeridad de transmisión malsana y tiránica (sin generalizar) que impone impunemente el alto clero y los gobiernos, que este proceso secularista indica al mundo que no existe ya razón alguna que justifique la presencia de Dios como causa eficiente del mundo, reduciendo la Santa Iglesia en una simple congregación de fieles.
Con estas nuevas doctrinas el mundo proclama su autosuficiencia, que hace que el misterio de la encarnación deje de tener sentido porque el Dios cristiano es reemplazado por el "arquitecto del universo" donde la libertad se concibe como un fin en sí mismo, es decir, absoluta.
Esta corriente secularista ha logrado que grandes sectores del catolicismo trabajen para tener una iglesia de mentalidad pluralista que se regodea en un ecumenismo falso que para nada contribuye a la unión. No habrá unión mientras no haya evangelización de los que optaron separarse de la única y verdadera Iglesia de Cristo.
Se podrá decir que hay un solo Dios pero desconociendo el misterio de la Santísima Trinidad o la virginidad perpetua de la virgen María, estaríamos traicionando al señor, estaríamos negando al señor por no diferenciarnos de ellos. También la secularización ha alcanzado al estilo arquitectónico de los nuevos templos, reflejo patente de la pérdida de sacralidad; los campanarios ya no llaman al pueblo a la Santa Misa pues la ciudad secularizada responde a la estructura de la técnica y del futuro.
Los templos modernos —aunque conserven un edificio que alguna vez albergó la sacralidad— se han convertido en salones de usos múltiples cuando deberían ostentar un mínimo de dignidad que los acredite como tal.
Cristo es el rey presente en el misterio eucarístico, en sus ministros consagrantes y en los otros sacramentos, en su palabra y en la asamblea orante, a todo lo cual debe responder la estructura del templo.
Cuando se rompe el orden natural y el orden sobrenatural, la sociedad se impregna de un rechazo de lo sobrenatural, es decir, rechazo al mismo Cristo; el criterio secularista busca sustituir la autoridad divina y la vigencia de la misma revelación por la autoridad del hombre y los valores humanos al tiempo que trata de sustituir el objeto de la revelación por contenidos antropomórficos y naturalistas.
Los católicos no debemos permitir que lo sobrenatural sea un elemento integrado a la ciudad secularizada donde impera exclusivamente las razones compartidas por todos, un orden democrático que considera por igual a todos los ciudadanos con independencia de su confesión religiosa.
Los católicos debemos reaccionar con dureza frente a estas doctrinas que nos quieren imponer los estados y también los que desde dentro de la misma Iglesia van mostrando el perfil del anticristo.
Cristo nos quiere templarios para que su victoria que ya es nuestra porque él ha vencido al mundo, se aplique con nuestra colaboración."Yo soy rey" dijo Jesús a Pilato. Y me permito concluir con la frase de un amigo, hermano en Cristo:"Bien sabemos que despreciar a Cristo no le quita su realeza pero sí nos hunde en la esclavitud de los necios".
(Fuente: El sentido escatológico de la desacralización – Nicolás Vidal)
CLARA MARÍA GONZÁLEZ
RESISTENCIA











