El chiquilín
"Dame un ramo de voz, así salgo a vender mis vergüenzas en flor" ("Chiquilín de Bachín", Astor Piazzolla-Horacio Ferrer)

Este año casi no fui a la escuela. Muy de vez en cuando. Por ahí, un día o dos a la semana. A mí me gusta ir y jugar con mis compañeros. Y la seño es buena, me dice "No faltes, Leo, no quiero que repitas", pero yo no puedo ir siempre. Tengo cosas que hacer.
No le quiero contar la verdad porque no le va a gustar. A lo mejor cree que soy un vago, pero yo estoy ocupado a la mañana. Ya repetí un año o dos, pero el segundo porque estuve enfermo mucho tiempo, me internaron en el hospital para chicos y todo. Por eso estoy recién en sexto grado. Varios de mis compañeros tienen trece años, como yo, así que no me importa mucho, somos varios a los que nos pasa lo mismo. Además, ya sé leer y escribir bien, y sumar y multiplicar también. La resta y la división me cuestan un poco más y casi siempre me salen mal.
El Patrón dice que ya está bien y que más vale salga a hacer unos pesos para llevar a la casa, que todos tenemos que hacer algo para vivir. Él es mi papá, bah, el esposo de mi mamá. Todos le dicen Patrón, porque su nombre es muy feo. No me acuerdo bien, pero se llama Patrocinio o algo así. Mi mamá no dice nada porque le tiene miedo, pero ella quiere que yo vaya a la escuela, aunque sea algunos días, que termine la primaria, para aprender algo más. Por eso sigo todavía.
A la mañana salgo temprano, después que el Patrón se va a trabajar. Él trabaja bien, casi todos los días vuelve con plata. Y yo recorro el centro vendiendo pan casero y unas florcitas de tela que hace mí mamá. Me paro en una esquina o voy por los bares. Cuando me acerco a una mesa, saludo y me quedo parado, sin decir nada, para no interrumpir si están hablando. Recién cuando me miran les pregunto si me quieren comprar. Las mujeres son buenas, siempre me compran, y escucho que dicen ¡Qué lindo chico! cuando me estoy yendo. Todos dicen que soy lindo. Yo siempre estoy limpio y bien peinado. Mi mamá me lava la ropa y me limpia las zapatillas con un trapo con lavandina para que quede bien blanca la parte de abajo.
Hay un señor gordo, de barba, que toma café en un bar de la peatonal, que cuando me ve dice "¡Llegó el chiquilín de bachín!". Me dijo que hay una canción que se llama así, que cuenta la historia de un chico como yo. Algún día le voy a pedir que me la haga escuchar en su celular. A mí me gusta que me diga chiquilín de bachín porque lo dice contento, riéndose, y después me compra algo o me da un billete de cien. El otro día le pregunté si no tenía una bici que no usara. Me dijo que iba a mirar, que creía que tenía una que era de su hijo cuando era chico. Si tuviera una bici podría ir a otros lugares y juntar más plata. Además me canso mucho de caminar tanto.
Por las tardes me voy a vender pan casero en la vereda de la cancha de For Ever. No siempre, solo los días que mi mamá puede hornear a la siesta. Hay mucha gente que va a jugar a la pelota o a mirar como juegan otros, y entonces me compran antes de entrar o cuando salen.
Yo no sé por qué el Patrón siempre se pone malo a la noche, de día es más bueno. No se emborracha como el papá de Mauro, pero toma un poco y se pone nervioso y se enoja por cualquier cosa. Porque le usé la bici o porque llegué tarde o qué se yo.
Casi todos los días me pega unas cachetadas por algo. Y eso que yo a veces junto como mil pesos. Pero no siempre. A lo mejor es por eso. A mi mamá no le pega, pero le grita y a veces la empuja y la hace caer. Mi mamá se mete en la pieza cuando él empieza a retarla. Yo digo que es para que yo no vea o para caerse arriba de la cama.
Le pregunté a mi mamá por qué él nos hace eso, y ella dice que es porque nos quiere mucho y se preocupa, entonces se enoja cuando no hacemos las cosas como deben ser. Que es por nuestro bien.
Yo no sé si es cierto, pero ella no se queja. Pone cara triste nomás y después le dice ¿Te sirvo la comida, mi amor?
A mí me molesta cuando lo llama así. Quisiera que se enoje, por lo menos.
Yo algunas veces lloro y otras aguanto las ganas y pienso que cuando sea más grande no le voy a dejar que nos pegue. Mauro me dijo que él una noche le metió una piña a su papá cuando le quiso pegar y lo corrió media cuadra, pero no pudo alcanzarlo porque estaba tan borracho que se cayó y se raspó toda la cara contra el suelo. A la mañana ni se acordaba lo que había pasado.
Yo el otro día me animé un poco y cuando el Patrón me estaba por pegar lo empujé contra la pared. No tengo mucha fuerza y lo mismo me alcanzó a dar la cachetada, pero una sola. Se argeló tanto que se encerró en la pieza y no salió más. No quiso ni comer. Mi mamá me retó un poquito "Para que hacés eso, Leíto", me dijo, pero después se sonrió, me acomodó el pelo con las manos y me dio un beso. Al final, no sé si estaba enojada o contenta.
Ahora ya pasó como una semana y no me volvió a pegar. Y a mi mamá tampoco le gritó. Parece que sigue enojado conmigo porque no me habla, y cuando pasa al lado ni me mira. A lo mejor le pido perdón. Le voy a decir que no lo quería lastimar, solo que no me pegara. A mí me da bronca cuando me pega, pero ahora tengo mucho miedo de que nos haya dejado de querer.
*Abogado, autor de la novela judicial "El Jurado Siete (7)".










