Priorizar la educación para acelerar los objetivos planteados
Tener educación es, sin dudas, un derecho; pero además un bien público que debemos respetar y una responsabilidad social que hay que proteger.
En el marco del Día Internacional de la Educación celebrado el pasado martes 24 de enero, recordamos el Congreso Mundial por los Derechos de las infancias y adolescencias realizado en Córdoba.
Todos los años vamos interpretando la Convención de los Derechos del Niño a partir de las realidades. Este año la educación debe atender temas como, ambiente, tecnología, redes sociales.
Además de la salud mental, los trastornos en la alimentación, la detección precoz de trastornos en la infancia, y la ideación suicida, todos contenidos de los cuales hasta ahora no se tomaba tanta conciencia.
La fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, tendrá para siempre el objetivo de promover la importancia de la educación, tal como la conocemos hasta hoy y con las modificaciones que se presentaron tras la pandemia.
Por ejemplo, una ventaja importante de los modelos híbridos es también una mejor accesibilidad a la educación. La digitalización de elementos como libros, conferencias y demás materiales permite que muchos más estudiantes y personas interactúen con contenidos pedagógicos sin importar el lugar ni la hora.
La educación es un derecho fundamental para todos, una herramienta poderosa para combatir la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.

Como concejal constantemente me encuentro puntualizando sobre el derecho de las niñas, los niños y los adolescentes de ser escuchados, y este año aumentó la apuesta acercando la propuesta a las personas adultas a que pierdan el miedo a ser protagonistas, con la participación en ponencias, murales, pósteres y prácticas compartidas.
Hay que sumarse al lema de la Unesco "Invertir en las personas, priorizar la educación".
El Día Internacional de la Educación es una oportunidad para repensar en la necesidad de una educación de calidad, a la convivencia saludable y sin violencia; al acceso al juego y a la recreación; a la salud y al ambiente sano; a un sistema de justicia restaurativa y a la libertad de expresión, al acceso a la información y a las tecnologías en contextos cuidados, como ejes principales.
Para finalizar, no quiero dejar de reconocer que el papel crucial lo desempeñan los docentes y otros profesionales de la educación en la formación de las futuras generaciones, y los invitó a reflexionar sobre lo expresado por el papa Francisco: "El educador es un testigo de fraternidad que no entrega sus conocimientos mentales, sino sus convicciones, su compromiso con la vida".
"De este modo —continúa—, los educadores podrán ser escuchados atentamente y serán creadores de comunidad. Educar es arriesgar en la tensión entre la cabeza, el corazón y las manos, hasta el punto de pensar lo que siento y hago; de sentir lo que pienso y hago; de hacer lo que siento y pienso. Es una armonía"..










