Israel y su programa contra la inflación
Los efectos de la pandemia y de la guerra en Ucrania empujaron hacia arriba los índices de inflación en prácticamente todas las economías del mundo. En nuestro país, sin embargo, esos efectos actuaron sobre una suba generalizada de precios que ya venía de varios años atrás y que parece haberse convertido en un problema crónico. Como 2023 es un año electoral, las propuestas (y promesas) para reducir la inflación volverán a ocupar, sin dudas, un lugar central en la agenda política.
Es muy probable que en los discursos de campaña electoral que se avecinan se haga referencia a casos de países que lograron controlar la inflación. Es que la suba de precios es un problema que -según señalan la mayoría de los sondeos de opinión pública- se ha transformado en la mayor preocupación de los argentinos, por encima de la inseguridad y el desempleo. Pero antes de avanzar con este asunto, es conveniente poner las cosas en contexto. Sin dejar de reconocer que existen matices y que hay tantas economías como países en el mundo, se puede afirmar que en los últimos tres años el aumento del costo de vida se ha vuelto un fenómeno global. Según datos aportados por el Banco Mundial, en casi la mitad de los países más desarrollados donde la inflación no superaba 5% anual, la suma de la crisis sanitaria internacional y del conflicto en Europa del Este con la invasión de tropas rusas a Ucrania generó un fuerte salto en los índices de inflación en la mayoría de las naciones, como no se veía desde hace, por lo menos, veinte años. Otro aspecto que tener en cuenta y que explica en parte el fenómeno es el aumento que experimentó el precio de la energía por la guerra en Ucrania tras la invasión de las tropas rusas. En ese sentido, hay que recordar que Rusia es una pieza clave en el suministro mundial de energía, lo que ha generado un mayor incremento del precio del petróleo y sus derivados, que ya venía subiendo antes del conflicto por el crecimiento de la demanda tras el levantamiento de restricciones impuestas durante la pandemia de Covid-19. Así las cosas, el mundo tuvo que lidiar con la suba del precio del petróleo, que en un año se duplicó, pasando la barrera de los 100 dólares por barril después del inicio de la guerra en Europa del Este.
Dicho esto, y volviendo al tema de las promesas de controlar la inflación como uno de los ejes de las campañas que lanzarán las diferentes fuerzas políticas que competirán este año en nuestro país, es casi seguro que se vuelva a mencionar el caso de Israel y su experiencia para controlar la suba de precios que golpeó con dureza los bolsillos de los israelíes en los años 80. El tema es así: en la década del 80, la economía israelí sufrió una hiperinflación de más de 400 % anual y entre 2001 y 2003 este país de Medio Oriente sufrió una profunda crisis económica. Pero logró controlar la suba generalizada de precios a través de un proceso de reformas económicas que, con pequeñas variables, dura hasta hoy. Básicamente, el programa económico israelí tuvo tres partes: medidas para lograr una reducción del déficit fiscal; asistencia con préstamos del Tesoro de Estados Unidos y un acuerdo de precios y salarios. Hay que decir también que fue clave el acuerdo al que llegaron la oposición y el oficialismo para aplicar el programa antiinflacionario, y algo similar ocurrió entre empleadores y trabajadores. El resultado: Israel redujo el déficit y logró hacer un plan que permitió una baja de precios en poco tiempo. Hay que decir también que el programa incluyó un control de precios como una medida de corto plazo. Según Michael Bruno, el economista israelí que diseñó el plan de estabilización que ayudó a su país, las políticas para tranquilizar la economía tienen que ser de largo plazo y deben afianzarse cada día, con el consenso de todos los sectores. Ojalá que a nivel local se logren acuerdos para apuntalar un programa económico que abra las puertas a un período de crecimiento sostenido.










