El mosaiquismo cuenta una historia
"El mundo mágico del mosaiquismo es transformador, tanto espiritual como mental, ya que enseña que a pesar de estar rotos, hechos pedazos, juntando cada pieza se puede generar algo nuevo y aún más hermoso".
Ofelia Beatriz Villamayor Riveros nació en Posadas (Misiones) y fue criada en Asunción del Paraguay. Es mosaiqusita y profesora de Matemática; tiene dos hijos, Giovanni (22 años) y Joaquín (11 años).

En Asunción se recibió de profesora de Matemática y lleva 23 años ejerciendo la docencia. "Me siento muy orgullosa, puesto que me ha dado muchas satisfacciones profesionales".

Su madre vivió muchos años en Ituzaingó (Corrientes) y a raíz de su enfermedad fue derivada a la ciudad Capital, "siempre la acompañamos y estuvimos con ella hasta sus últimos días junto a mi hermano. Fue así que empecé a frecuentar Corrientes, y al conocer sus calles, su gente, fue imposible no enamorarme perdidamente de esta ciudad. Doy fe, ‘Corrientes, tiene payé’. Después de un tiempo conocí a mi actual pareja, Luis Lara, residente de esta ciudad".
En el 2018 su hijo mayor terminó la secundaria en Asunción (Paraguay), decidiendo continuar sus estudios universitarios en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), y a su hijo más chico lo emocionaba mudarse a una nueva ciudad. Y así, empezó la mudanza. "En este proceso de mudanza una amiga mosaiquista, Daniela Vega, de Todo Mosaico (Asunción), me ofreció quedarme en su casa ya que yo había vendido todo, y me preguntó: –¿Ofe, qué hacés esta tarde? Y le digo: –Nada, solo espero a mis hijos para regresar a Corrientes. Entonces, ella respondió:–Bueno, esta tarde te enseño a hacer mosaico, vas a hacer un espejo.

Y le dije: –¡¡Me encantaaaaa!!". Nos aclaró que siempre quiso aprender mosaiquismo, "pero nunca tenía tiempo o plata para iniciar. Siempre ocupada, trabajando y además, estar deprimida por haber transitado un divorcio difícil y luego el fallecimiento de mi madre. Mucho tiempo de dolor, por lo tanto, en lo que menos pensaba era en mí, solo pensaba en mis hijos, que ellos estuvieran bien y felices".
Así fue que se inició en el mosaiquismo. "Gracias a mi gran amiga Daniela conocí este mundo mágico. Ella, en su recorrido por seguir aprendiendo para continuar enseñando, viajó a la provincia de San Juan, entonces hizo un alto en el camino y se quedó en mi casa, en Corrientes. Y me trajo de regalo lo que sería mi primera pinza alicatar, que sirve para cortar azulejos, y me prestó otras herramientas como el cortavidrio y la pinza dos rueditas para venecitas, de tal forma que yo pueda realizar otro trabajo mientras ella estaba en San Juan y a su regreso debía mostrarle lo que hice. Para cuando ella retornó a Asunción, me recomendó seguir estudiando con Sandra Rodríguez, de Tesela Pink, de la ciudad de Resistencia (Chaco), ya que había sido su profesora. Me pasó el contacto y empecé a estudiar con ella, después dejé a causa de la pandemia y comencé a ver tutoriales, a seguir cuentas de mosaiquistas en Instagram, Facebook, Pinterest, y cada día crecía y crecía mi interés por aprender nuevas técnicas y mejorar mis trabajos".

Luego se inscribió en TEM, Taller Escuela de Mosaico, para seguir capacitándose de manera online. "A partir del 2020 empecé a participar de ferias en las plazas e inscribirme en cursos que conllevan a emprender; de esta forma creé ‘Mosaicos Creaciones’ (Instagram: @mosaicos_creaciones), cumpliendo el sueño de tener mi propia marca".

Actualmente le atrae y mucho mosaiquear artículos para decorar la casa, tales como servilleteros, portarretratos, espejos, cuadros, fanales, portavelas, etc. "También, me gusta reutilizar frascos y madera, embelleciéndolos con mosaicos algo rústicos".
–¿En qué consiste esta técnica y qué significa para vos?
-El mosaiquismo se basa en pegar pequeños pedazos de azulejos o venecitas, y a estas piezas pequeñas se las llaman teselas, que luego forman algo nuevo. Es para mí una técnica transformadora tanto espiritual como mental, ya que enseña que a pesar de estar rotos, hechos pedazos, juntando cada pieza se puede generar algo nuevo y aún más hermoso. Me ayuda a salir adelante, a superar mi depresión, pensar en mí, mostrar que puedo crear bellas y únicas obras de arte.
–¿Cómo vivís cada proyecto?
-Cada trabajo desde que lo proyecto en mi mente, pasando por el papel hasta terminarlo, es una parte de mi ser, hecho con tanto amor y pasión. No solo es para comercializar y generar ingresos; es crear una obra que me llena el alma, y que alguien la pueda tener me hace muy feliz. Si bien la felicidad plena no existe, solo momentos felices, el hecho de crear una pieza con la técnica de mosaiquismo representa eso para mí, felicidad, amor, pasión, belleza, alegría, fuerza; esos sentimientos que anhelamos pero que en ocasiones por la vida misma que llevamos no tenemos tiempo.

–¿Cómo relatarías ese momento en que te desprendés de una obra?
-Al regalar uno de mis trabajos o cuando una persona adquiere uno y lo admira, diciendo: ¡Qué hermoso!, veo que sus ojos brillan. Entonces me digo: Gracias Dios por el don que depositaste en mis manos, cada obra viene de vos.











