Una tumba en la isla del Cerrito
A lejanos tres mil kilómetros de las islas Malvinas, el suelo de otra isla, la del Cerrito, en la provincia de Chaco, cubre los restos del navegante portugués Esteban Gómez, hombre de mares y destinos universales.

En 1519 partió de Sevilla al mando de la nao "San Antonio", como parte de la expedición "De la Especiería", bajo el mando de su connacional Hernando de Magallanes. La nao en la que iba Gómez fue capitaneada al comienzo por Juan de Cartagena y luego por Álvaro de Mezquita. Llegando al sur del continente americano, la tripulación se sublevó, y nuestro navegante conspiró con Jerónimo Guerra, escribano de la San Antonio, para regresar a España. En su presuroso camino de regreso, los desertores avistaron las Malvinas, el 28 de julio de 1520.
Esteban Gómez no indicó el avistamiento, pero en la fuente documental se lee que el archipiélago fue bautizado "San Antón", o "Isla de Sansón y de los gigantes…", y que "en acto de servicio al Rey" el navegante lo señaló con su espada, empuñada de manera paralela al horizonte.
Esa misma espada luego fundaría un puerto en el Río de la Plata. Los vientos y el ansia de retorno al hogar de los desertores dieron a España primero y luego a nuestra nación la posesión de las irredentas islas. De otra potencia no habían de ser, ya que bulas y concesiones pontificias así lo habían determinado.
Repartos Vaticanos
En la "Divina Comedia" de Dante, en el octavo círculo del infierno una llama arde dividida en dos. Según Virgilio, se trata de Diómedes y Ulises, en cuyas aventuras se narra que "navegaron durante cinco meses hacia el oeste y hacia el sur; dejaron atrás el Ecuador, y por fin divisaron una isla coronada por la montaña más alta que jamás hubieran visto… un torbellino proveniente de la isla golpeó la proa de la nave y provocó su hundimiento. Después, las aguas se cerraron y todos, capitán y tripulantes, perdieron la vida".
Intramuros del Vaticano, las bulas se multiplicaban en cuanto la conquista de América: Aetemi Regis, Romanus Pontificex, de Nicolás V, dictada en 1455, y las "aprobaciones de Enrique el navegante", que remarcaban el interés de salvaguardar el "ardor de la fe y el celo de la salvación de almas"; luego el papa Calixto III y su conocida Inter Caetera. Era el tiempo del "Tratado de Alcazobas", determinante en cuanto a la división del poder entre los reinos de España y Portugal.
En esos mismos pasillos del Vaticano, Alejandro VI iniciará lo que se denominó "El ciclo pro español". Nacido en Játiva, Valencia, bajo el nombre de Rodrigo de Llancol y Borja, sobrino de Calixto III, fue nombrado cardenal con tan solo 25 años. Nuestro papa Borgia compró luego los votos del cónclave y fue ungido Sumo Pontífice en 1492, mientras Cristóbal Colón, "El defensor de la Fe", llegaba a las costas de América.

Borgia era un hombre muy particular: su primer asesinato lo consumó con 12 años, apuñalando a un niño. Tuvo numerosas amantes (Cattaneñi y Farnesio entre otras), nueve hijos, a quienes bautizó y casó siendo Papa. En él recayó la potestad de dividir el nuevo mundo, con el Tratado de Tordesillas. No se dedicó solo a la diplomacia solamente: mandó sus ejércitos su hijo César Borgia, guerrero temido por Europa. Así se consolido el Vaticano, con asesinatos, compra de cardenales, excomulgando y expropiando enemigos, quizá prefigurando algunas costumbres políticas de nuestra propia historia.
Pobres nuestros hombres de Estado y navegantes en manos de ese rector de la diplomacia mundial, que dictó bulas y falseó fechas para su propio beneficio. Enunció en actos de gobierno bulas de gran importancia para la soberanía de nuestros archipiélagos: Breve Inter Caetera (3 de mayo 1493), llamada "bula de donación de las tierras descubiertas y por descubrir", que comienza enunciando: "Desde que fuimos llamados a esta sede de Pedro, no por nuestros méritos sino por la divina misericordia…".
En la bula menor Eximiae Devotionis (fechada el 3 de mayo de 1493, pero redactada en junio de ese año), distribuía privilegios a reinos españoles y portugueses. En la bula menor Inter Caetera (4 de mayo de 1493) denominada "de partición", divide el océano Atlántico en dos. La Breve Piis Fidelium (25 de junio de 1493) está expresamente dirigida a fray Bernardo Boyl y su labor misionera. La bula Dudum Siquidem (26 de septiembre de 1493), amplía la "donación" y valida los intereses castellanos, al ser la base del Tratado de Tordesillas.

Hombre de mar y de islas
Le siguieron luego la Paz de Utretch (1713) y el pie de Inglaterra en América del Norte, a pesar de que nuestro portugués Esteban Gómez ya había surcado las aguas del Hudson, al que bautizó río San Antonio, en la actual isla de Manhattan (1526), dos años después que el italiano Giovanni da Verrazano (al servicio de Francisco I de Francia).
Pero lo interesante es la toponimia, ya que esas extensiones se llamaron por más de un siglo "Tierra de Esteban Gómez". Con ese mérito regresó nuevamente a Europa, donde el temor no eran ya las naves sino los monarcas, en especial a Carlos V. Allí volvió Esteban Gómez, con sus cartografías, con noticias de nuevos hallazgos. Había partido de Nuestra Señora de la Anunciada, junto a 29 hombres, y llegó a la actual Florida en 1525.
Cansado, vio con temor cómo ajusticiaban a sus tripulantes, fue herido en alta mar y supo herir en mismas circunstancias, conoció hombres del reino y los fuegos sagrados del sur, surcó decenas de mares, padeció en la corte la culpa de ser desertor, tuvo iniciativas para los reinos ibéricos, fue portugués, español, y nunca pensó en morir en nuestro suelo.
Acompañado de hombres del clero, se arrodilló en la primera misa en el actual suelo argentino, donde uno de los tres sacerdotes -Reina, Valderrama o Calmette; no sabemos-, bendijo su espada. Con el último compartió el regreso y el dolor.
Cuando España mandó un nuevo desafío para sus marinos, fundar un puerto en el Río de la Plata, Esteban Gómez recordó los servicios prestados y solicitó su escudo de armas, que le fue concedido. Reparados su honor y sus ingresos, el sur era ahora su norte.
La expedición comandada por Pedro de Mendoza estaba integrada por tres importantes navegantes: Juan de Salazar y Espinosa, Juan de Ayolas y Esteban Gómez. Los dos primeros, luego del acto fundacional del puerto de Santa María del Buen Ayre, recibieron orden de remontar el río Paraná a la búsqueda de "El Dorado".
Salazar y Espinosa fundó la Asunción, desde donde luego se fundarían Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, por segunda vez. A Juan de Ayolas le cupo la inmensa tarea de navegar los ríos Paraguay y Paraná superior.
La avanzada de Pedro de Mendoza fundó también el fuerte Sancti Spiritu, al sur de Santa Fe. Tras un tiempo, y preocupado por el carácter poco amigable de los aborígenes de la zona, Mendoza encargó a Esteban Gómez que partiera con rumbo norte por el Paraná, a reunirse con Juan de Ayolas en el "encuentro de las grandes aguas", como Sebastián Gaboto llamó a la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay, puntualmente a la ribera del poniente (Chaco actual).
Finalizaba el año 1537, en Perú se fundaba el puerto de El Callao, y el hombre blanco registraba por primera vez el fenómeno de la Corriente del Niño, acontecimiento oceanográfico y atmosférico que genera lluvias en exceso en la alta Cuenca del Río de la Plata, provocando el desborde de los ríos y el anegamiento de las riberas.
Ante la procelosa creciente de los ríos que imposibilitaban a Esteban Gómez desembarcar en tierra firme, el único sitio practicable fue la porción norte de la Isla del Cerrito, en las inmediaciones de la elevación que le da nombre. Los aborígenes locales, sintiéndose amenazados e invadidos en la poca tierra firme disponible, dieron muerte a quienes desembarcaron, entre ellos al navegante Esteban Gómez.
Desde entonces, el destino, la historia y la geografía han hermanado a nuestras islas Malvinas con el Chaco, sea porque su descubridor yace en nuestro suelo, o porque los jóvenes chaqueños de 1982 -más allá de las aviesas intenciones de la junta militar de turno- defendieron la soberanía en los mares australes.
Descubrir la historia de Malvinas y del Chaco reduce los 2.711 km que unen y separan estos espacios. Conocer la historia grande de nuestro país es el mejor acto para honrar la memoria de los 60 héroes chaqueños que ofrendaron su vida en 1982, y de los 1.972 que defendieron a la patria frente al colonialismo anacrónico del Reino Unido. (Continuará)










