En la era de la hiperconexión
La omnipresencia de dispositivos electrónicos en el trabajo y el hogar ofrece hoy la posibilidad de estar más conectados e informados durante la mayor parte del día. Pero lo que parece una ventaja puede transformarse en una pesadilla y afectar incluso el bienestar de la persona si no logra poner límites claros para poder relajarse durante las horas de descanso.
Así lo revela un estudio realizado por el Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, Estados Unidos, que indagó sobre los efectos que causa el monitoreo permanente del correo electrónico fuera de los horarios laborales.
El estudio fue realizado por los investigadores William J. Becker, Liuba Belkin, Samantha Conroy y Sarah Tuskey con el objetivo de conocer más sobre la relación entre una excesiva atención prestada (durante casi todo el día) a los mensajes laborales que ingresan en la bandeja de entrada del correo electrónico y un tipo de ansiedad que reconocen experimentar las personas que actúan de esa manera.
La investigación fue más allá y quiso saber, además, si esa ansiedad afectó también el vínculo familiar y la respuesta fue que sí, efectivamente, eso ocurría en la mayoría de los casos.
El trabajo concluye que los efectos perjudiciales de una excesiva dependencia de los mensajes electrónicos, a cualquier hora del día, alcanzó tanto a la persona que fue objeto del estudio como a su entorno familiar, ya que se comprobó que en casi todos los casos se reconoció dificultades para establecer una conexión afectiva con el grupo.
Hace poco, en esta misma columna, se abordó un tema similar a partir de un mensaje que publicó una usuaria en la red social Twitter, que advertía sobre "la cultura de la inmediatez" que parece dominar hoy las relaciones entre las personas y confesaba que ese apuro presente hasta en las cosas más pequeñas le había provocado mucho daño.
"Si no me respondes en un lapso arbitrariamente pequeño inventado por mí en WhatsApp, automáticamente pienso que me odias y te he molestado con mis mensajes", señalaba la usuaria.
El autor del libro "El mejor lugar para trabajar", el psicólogo social Ron Friedman, observa que el correo electrónico se ha transformado en muchos casos en una fuente de estrés para muchas personas en el ámbito laboral.
Sobre ese asunto plantea que cada mensaje que se recibe implica también una demanda de tiempo para el usuario, de manera que cuanto mayor es el número de estos mensajes recibidos en la casilla del mail laboral eso se traducirá en un mayor número de obligaciones y si eso ocurre en los horarios no laborales lo más probable es que la persona vea afectada su capacidad de pensar con claridad.
Según este autor, hay estudios que demuestran que limitar la revisión del correo electrónico, en lo posible a unas cuantas veces al día, mejora el bienestar de las personas y hace que la tarea que se lleva a cabo resulte, en cierta forma, mucho más controlable.
Hay que decir que tanto los servicios de correo electrónico como de mensajería instantánea son un reflejo de la época que vivimos. Este momento de la historia de la humanidad que nos ha tocado vivir bien se podría sintetizar en la siguiente frase: "Lo queremos todo y lo queremos ya", aunque se sabe que las transformaciones de fondo llevan tiempo ya que nada que sea realmente importante se logra de un día para otro.
Pero, aunque tengamos claro eso, hay que reconocer que resulta difícil prescindir de los dispositivos electrónicos que nos mantienen conectados. Según un sondeo internacional realizado entre usuarios de 16 a 64 años , los argentinos pasamos cerca de nueve horas diarias frente a distintas pantallas.
Argentina es el quinto país del mundo que más tiempo utiliza dispositivos electrónicos, y solo se ubica detrás de Sudáfrica (10 horas y 46 minutos), Filipinas (10 horas y 27 minutos), Brasil (10 horas y 19 minutos) y Colombia (10 horas y 3 minutos).
El mismo informe señala que el dispositivo más utilizado en nuestro país es el celular. Y tanto es así que se calcula que más de la mitad del tiempo que un argentino pasa conectado lo hace a través de un teléfono móvil, confirmando así que vivimos en lo que podría llamarse la era de la hiperconexión.










