La gala
El plato principal de esta noche será arroz con pollo y como postre helado de dulce de leche granizado. Para la entrada preparé una picada de queso, jamón, salame y maní. Son tus comidas preferidas, no podés quejarte.

Mi única duda es qué tomaremos. Pensé en cerveza o vino, aunque ustedes prefieren solo agua, nada de alcohol y esas cosas. Al menos esa es la historia que nos cuentan acá. Está bien, supongamos que les creo y les sigo el juego. No será la primera ni la última mentira. Por las dudas pongo a enfriar unas birritas.
Dijiste que se llama Miguel, ¿cierto? Un nombre bastante común. Al toque lo asocié con mi juventud ochentosa. Te hablé de aquel cantante. Fue muy gracioso. Tendrías que haberte visto la cara. ¡Eso es de viejo!, gritaste. Migue es lindo, joven y deejay, me contestaste.
El otro también fue lindo y joven, te respondí (pude agregar la famosa frase "y tenía un trabajo honesto", pero preferí callar y no generar mayores conflictos). Negaste, murmuraste algo que no comprendí y volviste al celu. Hay veces que me gusta hacerte enojar, Tania, y otras en que apenas te reconozco.
Dame un segundo, que estoy calculando cuántos pocillos de arroz arrojar al agua. Sí, más vale que eso te queda re-bien. Siempre te digo que sos hermosa. No puede fallar esa combinación: jeans, remera y pelo suelto; a los vagos nos gustan las minas sencillas, sin muchos condimentos. ¡No soy un viejo baboso! Era solamente un comentario. Bueno, chau, chau. Seguí preparándote. No te cuelgues, eh. ¿Cuántos pocillos iban? ¿Cuatro? ¿Siete? ¡Ma sí, va el paquete entero y listo! El pollo marcha bien, aunque quizás necesite un poco más de mostaza con miel. No te das una idea de la delicia que va a quedar esto. Es cierto que cocino muy poco, pero cuando lo hago me pongo la diez y no me desbanca nadie.
Menos mal que no opté por un asado ¡Qué manera de llover! Justo hoy. Ojalá tu mamá llegue a tiempo. ¿No te contesta? Y bueno, problema de ella. Dije pro-ble-ma-de-ella. No busco quilombos, fue una reflexión en voz alta. Hace rato que sabe de esta cena. ¡Ah! Viste que escuchás cuando te conviene. Apurate y terminá de prepararte, que en cualquier momento llega el pibe este.
¡Ya va, ya va! Con una vez que aprieten el timbre es suficiente. Qué manía tiene la gente con darle al botoncito. ¡Ya voy! Al final me toca hacer todo a mí en esta casa. Hola, nene, así que vos sos el famoso Miguel. Yo soy Pablo, un gusto. Entrá, dale, antes de que te mojes todo. Vení por acá. Ahí está tu chica, recién salida del envoltorio ¡Es un chiste! Está bien, la corto. Disculpá, Miguel, son los nervios de la primera vez, vos me entendés. Je, je, je. ¡No me hago el vivo! Bueno, bueno, los dejo un rato tranquilos mientras termino de cocinar. Todavía me falta el toque del final. Mi secreto es que no mezclo el arroz con el pollo, cocino todo por separado y a lo último… en fin. No los distraigo más. En un rato baja Lorena, tu suegra. ¡Ah, ya la conocás! No, al contrario, no me molesta para nada. En verdad esto de la cena fue idea de Tania, que salió medio chapada a la antigua. Ni Lorena ni yo somos así. Fijate que a mi suegro lo conocí en medio de una borrachera. ¡Qué noche! Volvimos bien copeteados después de una caravana eterna y nos tiramos a descansar un rato en su cama. Obvio que nos quedamos dormidos. El viejo entró de golpe y nos levantó a las puteadas. Lindo griterío se armó. Por suerte las cosas mejoraron con el tiempo. ¡Pero si es verdad lo que cuento, hija! Okey, me callo. Ahora sí me voy. Aprovechen para probar la picada, que está mortal.
¿Cómo lo estás pasando, Miguel? Me alegro. Nosotros somos así, una familia tranquila, común y corriente. Lo que ves es lo que hay. Escuchá, Lore, antes que bajaras le contaba a tu cuñado, no te rías así tarada, es tu cuñado. Te decía que le contaba cómo conocí a tu viejo. Me acuerdo que solo me salió decirle "hola, suegro", no entiendo por qué no me tiró con algo. Tenés razón, dejemos de hablar de cosas que nadie entiende y volvamos a lo que importa. Así que sos deejay. Dicen que se gana buena guita con ese curro. ¿Cuánto? ¡Me jodés! Es un montón, yo en un año no levanto eso. Mejor, mejor. Así entre los dos juntan rápido unos mangos y se mandan a mudar. ¿Cómo decís? Hablá más fuerte que no te escucho bien. ¿Cómo? Esperate que ese pitido no me permite entender… Ahora los veo borrosos. ¡Dije que los veo borrosos! Acérquense un poco más, por favor, no comprendo lo que dicen…
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—Bueno, Juan. Listo por hoy. Estuviste suficiente rato con esto.
—Espere un poco doctor, por favor. Ya casi termino.
—No, basta. A ver, mostrame lo que tenés.
El doctor Aguirre observa la hoja, se frota el mentón. Toma una foto con el celular. Camina por detrás del paciente, que parece congelado y tiene la mirada fija en la ventana.
—Bien, Juan, buen progreso. Ya le mando esto al director. Seguro se pone muy contento. ¿Sabés qué? Tenés cinco minutos más.
—Gracias.
—De nada. Ahora tomá estas pastillas. Bien, perfecto. Nos vemos después.
—Gracias, doctor.
El celular vibra con un mensaje justo antes de que Aguirre hable con otro interno.
—¿Quién escribió eso? —El director tiene modos parcos.
—Juan.
—¿Quién?
—El Loco del Arroz.
—Ese enfermo... y todavía le queda inventiva.
—De alguna manera debe lidiar con lo que hizo.
—No lo justifiques.
—Para nada.
—Ahora le da por cambiarse el nombre. Espero que haya elegido llamarse "Pablo" de casualidad en ese relato y no porque esté al borde de un brote místico.
—Estaré atento a lo que surja durante la próxima sesión.
—¿Cuándo es?
—Mañana.
—No me gusta tener a tipos como ese acá.
—A mí tampoco, pero lo mandó el juez porque en el penal lo querían linchar.
—Ya sé, no me expliques lo obvio. Asegurate de tenerlo bien dopado.
—Recién le di una dosis como para que quede planchado.
—Okey. Hablamos.
Aguirre guarda el teléfono y continúa la ronda. Al fondo, Juan escribe sin pausas.










