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Polarización en el debate público

Argentina es el segundo país de Iberoamérica con mayor grado de polarización en el debate público.

Así lo revela un documento titulado "La droga oculta" que advierte sobre el poder adictivo de los posicionamientos extremos en las conversaciones que tienen lugar a través de las redes sociales y que solo contribuyen a profundizar las divisiones en la sociedad.

La polarización genera efectos similares a los de una droga y, lo que es peor, cada año suma más adictos en los países de la región.

Según la investigación realizada por la organización de la sociedad civil Más Democracia y la consultora de comunicación y marketing digital Llorente y Cuenta (LLYC) el nivel de polarización de la conversación pública en Iberoamérica aumentó un 39% en los últimos cinco años y cada año más personas participan en las redes sociales de conversaciones que parten de posturas extremas.

Brasil es el país donde el fenómeno tiene mayor presencia. Según el informe, en el gigante sudamericano los procesos y recambios electorales han profundizado la división en la ciudadanía.

Argentina, en tanto, ocupa el segundo lugar de ese preocupante ranking que mide el mayor o menor interés que tienen los ciudadanos para participar de este tipo de conversaciones. El estudio en cuestión empleó sofisticadas técnicas de big data e inteligencia artificial para procesar y analizar una muestra de más de 600 millones de mensajes en redes sociales, de conversaciones que tuvieron lugar entre septiembre de 2017 y agosto de 2022 en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Estados Unidos, España, México, Panamá, Perú, Portugal y República Dominicana.

En la introducción del documento se observa que existe un consenso general entre los investigadores de este tipo de fenómenos sociales que el avance de las posturas extremas en la conversación pública es creciente y que constituye uno de los factores de mayor riesgo para la estabilidad de los estados democráticos, únicos en los que es realmente factible el ejercicio de la discrepancia aún desde las posiciones más extremas.

"Innumerables estudios han indagado en las causas, alcance y consecuencias de la polarización en nuestras sociedades. Cuestiones como la fragmentación social provocada por el crecimiento de la desigualdad, el debilitamiento de los partidos políticos tradicionales -generalmente depositarios de la moderación- y el consecuente ascenso de movimientos populistas, o la degradación de los niveles educativos aparecen en la totalidad de los análisis. Pero seguramente este fenómeno no alcanzaría su dimensión actual, tan preocupante, sin el concurso de las redes sociales como espacio ideal para su expansión", advierte el informe.

El término "polarización", explican los autores de este trabajo de investigación, se usa como equivalente de conceptos valorativos como "radicalización" o "extremismo". La polarización alude al proceso de reafirmación en las propias creencias que se da tras participar en un debate acerca de un tema polémico en el que se presentan evidencias e interpretaciones alternativas. Por eso, lo novedoso, no es tanto que las posturas que resulten de esa interacción sean extremas (aunque en muchas ocasiones ese sea el resultado), sino la actitud de ignorancia intencionada (cuando no de desprecio) a la evidencia y los argumentos que obligarían a modificar las propias creencias.

"Nada importante ni estable se logrará con la polarización agresiva", escribió el Papa Francisco en una carta que envió en octubre pasado al arzobispo de la ciudad de La Plata, Víctor Fernández. En esa misiva, Jorge Bergoglio volvió a expresar su preocupación por la profundización de los antagonismos que impiden avanzar en una serie de acuerdos básicos en la Argentina.

En ese sentido, dijo que "hay mucho para hacer para que todos puedan vivir de la dignidad del trabajo y para que no haya ciudadanos de segunda". Todo parece indicar que en nuestra comunidad se ha perdido la capacidad de sostener una discusión razonable sobre los problemas más serios que afectan al país.

Hasta hace poco destacados dirigentes se han limitado a plantear los debates sobre determinados asuntos públicos sin matices, en términos de todo o nada, mostrando escasa apertura al diálogo y nulo interés por escuchar al otro.

Urge salir de la polarización en el debate público, de esa confrontación permanente que pone obstáculos a la búsqueda de acuerdos básicos que son indispensables en la construcción de un país más justo.

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