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Amenaza silenciosa para la salud pública

La Organización Mundial de la Salud reiteró esta semana que la resistencia a los antimicrobianos es una de las diez principales amenazas de salud pública a las que se enfrenta la humanidad.

Lo hizo luego de recibir reportes de distintos países que coinciden en señalar un incremento de infecciones hospitalarias que estarían relacionadas con el uso indebido y excesivo de medicamentos que se utilizan para prevenir y tratar infecciones.

Según la OMS, el mal uso de los antimicrobianos es el principal factor que determina la aparición de patógenos farmacorresistentes. Pero no es el único. Otro factor es el relacionado con la propia evolución de las bacterias, los virus, los hongos y los parásitos, es decir, con la adaptación de esos microorganismos al medio en el que viven.

Dicho de otro modo, estos patógenos hacen todo lo que está a su alcance para sobrevivir y en ese proceso perfeccionan su resistencia a ciertos fármacos. Lo que se ha observado en los últimos años es que cada vez hay más casos en hospitales de todo el mundo que informan la presencia de agentes infecciosos que se han vuelto más resistentes a los tratamientos.

Lo que está ocurriendo, observan los investigadores, es que la humanidad lleva un siglo utilizando antibióticos, un tiempo más que suficiente para que los patógenos puedan desarrollar nuevas armas para defenderse y sobrevivir, es decir, volverse más fuertes.

A ese hecho debe agregarse el consumo sin supervisión médica de algunos medicamentos. Esta combinación de factores hace que algunas bacterias, virus, hongos y parásitos dejen de responder a los medicamentos, lo que hace más difícil el tratamiento de las infecciones e incrementa el riesgo de propagación de enfermedades, de aparición de formas graves de enfermedades y de muerte.

Ahí es donde se presenta lo que se conoce farmacorresistencia, un problema que ya encendió las alertas en los sistemas sanitarios de todo el mundo ya que surgen infecciones que son cada vez más difíciles de tratar.

El viernes se llevó a cabo en el Ministerio de Salud de la Nación el Primer Encuentro Nacional de Referentes Provinciales de Resistencia Antimicrobiana en lo que fue la última reunión de este año de la Comisión Nacional para el Control de la Resistencia Antimicrobiana. Allí, se analizó la situación de cada una de las jurisdicciones en relación a esta temática y se destacó la importancia de continuar con los trabajos de prevención y control de la resistencia antimicrobiana.

Según la Organización Mundial de la Salud, la falta de agua limpia y saneamiento, y la prevención y control inadecuados de las infecciones fomentan la propagación de microbios, algunos de los cuales pueden ser resistentes a los tratamientos con antimicrobianos.

El organismo advierte, por otra parte, que este problema sanitario puede tener un costo muy alto para las economías de los países ya que además de los fallecimientos y discapacidades que genera, la prolongación de las enfermedades se traduce en internaciones hospitalarias más largas, la necesidad de medicamentos más caros y dificultades financieras para las personas afectadas.

Pero eso no es todo: sin antimicrobianos eficaces, los resultados de la medicina moderna en el tratamiento de infecciones, especialmente durante cirugía mayor y quimioterapia contra el cáncer, se verían comprometidos en mayor grado.

La OMS observa, por otra parte, que es alarmante la rápida propagación mundial de bacterias multirresistentes y panresistentes (denominadas también superbacterias) que provocan infecciones que no pueden tratarse con los medicamentos antimicrobianos actualmente en uso, como los antibióticos. En 2019 la OMS identificó 32 antibióticos en fase de desarrollo clínico contra la lista de patógenos prioritarios, de los que solo seis se clasificaron como innovadores.

Es más, la falta de acceso a antimicrobianos de calidad sigue siendo un gran problema. La escasez de antibióticos afecta a países de todos los niveles de desarrollo y especialmente a sus sistemas de atención de salud.

En conclusión, el consumo de algunos fármacos sin control médico puede derivar en una mayor resistencia a los antibióticos y dificultar el tratamiento de infecciones, prolongando las internaciones en clínicas, sanatorios y hospitales, incrementando los costos médicos y aumentando el riesgo de mortalidad. Por eso, es necesario recordar una vez más que el uso responsable de un fármaco siempre debe ir acompañado de su correspondiente prescripción médica y supervisión profesional.

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