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Una recomendación que no pierde vigencia

El aumento de personas con cuadros de gripe y resfrío común que en las últimas semanas incrementaron la demanda en los centros de salud confirman la necesidad de tener en cuenta una recomendación que no pierde vigencia: ventilar en forma adecuada los ambientes interiores para reducir el riesgo de contagio.

La pandemia demostró que, en el caso de los virus respiratorios, al aire libre hay menos contagios que en interiores cerrados o con poca ventilación. Según los expertos, ventilar, filtrar y limpiar el aire que se respira en ambientes cerrados son algunas de las medidas más efectivas y sencillas que se pueden adoptar para reducir el riesgo de contraer enfermedades causadas por virus respiratorios. Varios estudios científicos que se hicieron en los meses más críticos de la pandemia demostraron que los beneficios de una correcta ventilación van mucho más allá del coronavirus. Una serie de investigaciones que se llevaron a cabo para comprobar las ventajas de respirar un aire más limpio revelaron que las pequeñas gotas y los aerosoles son vehículos a través de los que se propagan los virus, pudiendo originar varias infecciones. Incluso, hay quienes sostienen que el uso de barbijos sigue siendo la herramienta más simple a la hora de evitar contagios, y que en espacios interiores con muchas personas y poca ventilación lo mejor sería recomendar el uso de tapabocas.

Un trabajo de divulgación realizado por el científico español experto en el estudio de aerosoles y profesor de Ciencias Ambientales en la Universidad de Colorado, Estados Unidos, José Luis Jiménez, reveló que los contagios con virus respiratorios son mucho más probables que se produzcan en ambientes interiores con poca o nula ventilación que en lugares al aire libre. Según el experto esto se debe a que el patógeno se mantiene suspendido durante más tiempo en el aire entre cuatro paredes. Lo hace con finos aerosoles que contagian con solo respirarlos. En los espacios abiertos, en cambio, se diluye. A este fenómeno se lo compara con el humo de un cigarrillo: es decir, una persona que comparte una habitación con un fumador en un ambiente mal ventilado tiene muchas más probabilidades de aspirar el humo que si estuviera con el mismo fumador al aire libre.

Por eso es importante ventilar en forma correcta las aulas, oficinas, locales comerciales y cualquier otro espacio que sea compartido por varias personas durante varias horas a fin de evitar nuevos contagios. En abril del año pasado, la Organización Mundial de la Salud publicó en su página web un documento donde afirma que "el virus Sars-Cov-2 se puede propagar, desde la boca o la nariz de una persona infectada, a través de pequeñas partículas líquidas cuando tose, estornuda, habla, canta o respira. Estas partículas varían desde gotitas respiratorias más grandes hasta aerosoles más pequeños". Según los investigadores que estudian el fenómeno de los aerosoles, esa descripción también se puede aplicar a otros virus respiratorios y es por eso que se aconseja adoptar las medidas necesarias para garantizar la circulación del aire en los ambientes. En ese sentido, los especialistas que estudian y analizan el comportamiento de los aerosoles en lugares cerrados explican que mantener puertas y ventanas abiertas de manera continua genera un flujo de aire permanente y eso evita que se acumulen las pequeñas gotitas a las que se adhieren los virus. De todos modos, no está de más recordar que el riesgo de transmisión cero no existe y que todas las medidas que se adopten para la prevención bajan el nivel de riesgo, pero no lo eliminan completamente. Como se dijo, algunas enfermedades respiratorias comunes como la gripe también se originan en virus que se propagan por aerosoles y es por eso que se destaca la importancia de asegurar que en los ambientes donde las personas comparten muchas horas tengan una correcta ventilación. El microbiólogo de la Universidad McGill, de Canadá, Raymond Tellier, por ejemplo, observó que es poco probable que el Sars-Cov-2 sea la última pandemia transmitida por el aire, y por lo tanto las mismas medidas que protegen de los virus comunes también podrían proteger de un próximo patógeno desconocido.