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Crisis climática y sistema productivo

El año 2022 quedará en la historia como uno de los más secos en la Argentina de las últimas seis décadas. Así lo señala el informe preliminar sobre el clima en el país que presentó el Servicio Meteorológico Nacional. El documento confirma la necesidad de articular esfuerzos en materia de gestión de riesgo planificado para amortiguar el impacto de la escasez de lluvias en el sistema productivo.

En la edición del sábado 12 de este matutino se informó sobre distintas zonas del NEA afectadas por la sequía, con áreas en las que los bajos rendimientos en cultivos como trigo y girasol se ha vuelto, lamentablemente, un fenómeno frecuente. Según el reporte preliminar del clima que preparó el Servicio Meteorológico Nacional para ser presentado en la Cumbre del Clima COP27 que se celebra por estos días en Egipto, este 2022 figura en el puesto número 18 entre los años más secos registrados en territorio argentino desde 1961. El informe señala, por otra parte, que en enero pasado se registró una de las olas más extremas y sin precedentes en el país. La misma tuvo una duración de catorce días y se extendió por el 72% del territorio nacional. En ese lapso de tiempo 24 localidades batieron el récord anual de temperatura máxima. Cabe recordar que en el primer mes de este año varias ciudades del norte argentino soportaron temperaturas de 42° lo que hizo que en esas jornadas se activaran alertas naranjas y rojas para nuestra región en el Sistema de Alerta Temprana del Servicio Meteorológico Nacional.

Según el SMN, la temperatura media en lo que va de este año fue superior a lo normal en las seis estaciones antárticas: durante el verano las estaciones Belgrano II y Carlini alcanzaron sus máximos absolutos. Es más, este año tuvimos el segundo junio más seco desde 1961. Durante ese mes, once localidades del centro del país tuvieron récores de precipitación acumulada mínima. En el norte del Litoral, en tanto, entre enero y febrero prevalecieron condiciones de sequía extrema, mientras que a partir de mayo se experimentó una sequía moderada a severa en el centro del país. No hay dudas que de ahora en más habrá que lidiar con los problemas generados por las sequías y por eso la semana pasada señalamos en esta misma columna que todos los esfuerzos deben estar orientados a lograr que la gestión del agua permita reducir al mínimo el impacto de la escasez, recordando además que la gestión del riesgo planificado debe ser la herramienta a emplear para hacer frente a este tipo de anomalías climáticas. Claro que cada zona se verá afectada en mayor o menor medida en función la infraestructura disponible en cada una de ellas, por eso es importante que se identifiquen con anticipación las áreas con mayores probabilidades de padecer con mayor dureza la escasez de precipitaciones y, al mismo tiempo, facilitar información actualizada al sector productivo de manera tal que pueda disponer de datos sobre los pronósticos a corto y mediano plazo. En ese sentido, cabe recordar que existe un sistema de monitoreo de sequías meteorológicas y agropecuarias que proporciona una visión amplia de las condiciones de sequía en territorio nacional a partir de un análisis que es realizado por una mesa interinstitucional de especialistas y se basa en varias fuentes de datos, incluidas observaciones de expertos en campo de acuerdo con el protocolo interinstitucional para sequías meteorológicas y agrícolas.

Durante la presentación de las Perspectivas Agrometeorológicas de la próxima campaña agrícola que realizó recientemente la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), se puso a disposición de los productores de todo el país una serie informes que, por cierto, serán de gran utilidad para los sectores productivos.

Las sequías severas y prolongadas, las olas de calor y los incendios difíciles de controlar en poco tiempo comienzan a registrarse con más frecuencia en distintas regiones del planeta. Según los investigadores que estudian el cambio climático, estos fenómenos revelan la seriedad de la emergencia climática lo que obliga a adoptar medidas de mitigación para evitar escenarios cada vez más severos, que impactan con dureza en los sistemas productivos. La crisis climática presenta enormes desafíos. Lo que no se debe hacer frente a ella es mirar para otro lado y seguir como si no pasara nada.