El triunfo de Lula en Brasil
Luiz Inácio Lula da Silva se impuso por menos de dos puntos a su adversario, Jair Bolsonaro, en la segunda vuelta electoral más reñida que recuerda la historia de los comicios en Brasil. El líder del Partido de los Trabajadores tiene por delante el mismo desafío que también pone a prueba a otros presidentes latinoamericanos: dar respuestas en el corto plazo a las enormes expectativas que el electorado proyecta sobre su figura.
Lula, de 77 años, iniciará su tercer mandato con grandes retos esperándolo en las puertas del Palacio del Planalto. En ese sentido, comparte con otros dirigentes de la izquierda latinoamericana, como Gustavo Petro en Colombia y Gabriel Boric en Chile, las urgentes demandas de un amplio sector de la ciudadanía que votó por un cambio en las urnas y que espera transformaciones en el corto plazo. A diferencia de su primer mandato, Lula no tendrá en este nuevo ciclo de gobierno el viento a favor de los altos precios de las materias primas. Además, tendrá que lidiar ahora con un escenario internacional más complicado por los efectos que dejaron primero la pandemia de Covid 19 y luego el conflicto en Europa del Este. Por otra parte, si se cumplen los pronósticos de recesión global que se proyectan para el año que viene, el escenario internacional tampoco será favorable. En otras palabras, el dirigente del PT vuelve al gobierno con otras reglas de juego y llega al poder tras imponerse a Bolsonaro por un estrecho margen de menos de dos puntos, es decir, que tendrá que hacer uso de toda su capacidad negociadora para contrarrestar la fuerte oposición que tendrá en el Congreso, con fuerzas de centro derecha que registraron un significativo crecimiento en los últimos comicios. De hecho, Tarcisio Gomes de Freitas, el candidato de Jair Bolsonaro, fue electo gobernador de San Pablo, la ciudad más rica del vecino país, superando en la segunda vuelta por más de diez puntos a Fernando Haddad, respaldado por Lula. Si bien San Pablo siempre fue un distrito poco favorable al Partido de los Trabajadores, la ventaja que obtuvo allí el bolsonarismo muestra, de algún modo, los cambios que experimentó buena parte de la sociedad brasileña que se volcó hacia la derecha, a pesar de su discurso a favor del armamentismo civil, del daño provocado a la selva amazónica con la deforestación tolerada por Bolsonaro y de los mensajes de odio hacia las minorías.
Las elecciones en Brasil fueron seguidas con mucho interés en todos los países de la región y Argentina, por supuesto, no fue la excepción. No es para menos. El gigante sudamericano es el principal socio comercial de Argentina y es una de las naciones con capacidad para marcar el rumbo de América Latina. Es por eso que sus marchas y contramarchas afectan también a muchas actividades que se llevan a cabo este lado de la frontera.
Días atrás destacamos en esta misma columna una serie de reflexiones del actual embajador argentino en Estados Unidos, Jorge Argüello, sobre la integración regional y la necesidad de fortalecer el comercio intrarregional y consolidar un esquema productivo sostenible. Según el diplomático,nuestra región debe encontrar sus intereses permanentes, comunes y de realización posible, que le den un rumbo sostenido para sortear los obstáculos mayores que plantea el siglo XXI. "Sobre esos intereses permanentes, América Latina va a poder construir una integración duradera en la cual pueda acentuar afinidades y procesar diferencias. Pensar nuestra gran estrategia en soledad, sería cuando menos inocente o arrogante. Para llegar lejos necesitamos incluir en la ecuación a nuestros vecinos", observaba Argüello. Dentro de poco, el 30 de noviembre próximo, se celebrará el Día de la Amistad Argentino- Brasileña, fecha instituida para conmemorar el histórico encuentro entre los exmandatarios Raúl Alfonsín y José Sarney en Foz de Iguazú que tuvo lugar ese día de 1985, poniendo en marcha un proceso de integración que sentaría las bases del Mercosur. Todo indica que el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva permitirá que en los próximos años se genere un mayor acercamiento entre Argentina y Brasil. Ojalá que así sea.










