La crisis climática impacta en la salud
El cambio climático y el aumento gradual de la temperatura en la Tierra tienen un impacto directo sobre la salud humana.
Así lo advierte un informe que acaba de publicar la revista médica The Lancet, donde se advierte que el calentamiento global empeora las enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Por otra parte, el documento revela que en los últimos años aumentaron en distintas partes del mundo las muertes relacionadas con las olas de calor. A los datos que ya estaban en manos de la comunidad científica y que confirmaban que el cambio climático es una realidad y es producto de la actividad humana, se agregan ahora los resultados de otras investigaciones que revelan que la crisis climática y sus expresiones más frecuentes como las olas de calor o de frío extremo impactan en la salud de la población.
Se trata del informe anual "Cuenta atrás sobre la salud y el cambio climático (Countdown on Health and Climate Change, en inglés) que publicó esta semana la revista británica The Lancet, en cuyas conclusiones se advierte que "el cambio climático está socavando cada vez más todos los pilares de la buena salud y agravando los impactos de la actual pandemia de la covid-19 y los conflictos geopolíticos".
El estudio, que resume el trabajo de un equipo de 99 investigadores de distintas nacionalidades, alerta sobre el aumento de las muertes provocadas por olas de calor y el incremento en muchos países de la inseguridad alimentaria y la desnutrición por efecto de la pérdida de cosechas.
"La persistente sobredependencia de los combustibles fósiles está empeorando el cambio climático, lo que repercute peligrosamente en la salud de las personas de todo el mundo. Los datos indican que ningún país está a salvo", se advierte en las conclusiones del trabajo científico.
En la columna editorial de esta semana de The Lancet, por otra parte, la revista hace "un llamado urgente a la acción para proteger la salud" frente a la amenaza que representa el calentamiento global. Al mismo tiempo, remarca que la deforestación está poniendo en peligro la capacidad de los bosques para mitigar los cambios adversos en el clima, especialmente en el Amazonas.
Y a propósito de esa selva, un documento de la organización no gubernamental Global Witness advierte que el activismo a favor de la protección del ambiente se ha vuelto muy peligroso en algunos países de América Latina, especialmente en Brasil, que es uno de los países del mundo donde más activistas ambientales han sido asesinados durante 2012-2021.
Científicos de todo el mundo vienen alertando que en los últimos años se produjeron olas de calor en varias regiones, que son cada vez más frecuentes y prolongadas. Además, se producen incendios forestales que dañan áreas cada vez más grandes por el aumento de vegetación seca. América Latina es una de las regiones más vulnerables al cambio climático.
Diversos estudios revelan que en nuestra región el incremento de la temperatura ha sido hasta ahora más alto que el promedio mundial. El año pasado, la Organización Meteorológica Mundial, alertó que la temperatura media de la Tierra ya está 1,0 °C por encima del valor de la era preindustrial, es decir el período que va desde el año 1850 hasta 1900 que se caracterizó por tener una economía que tenía como principal fuente de riqueza a la agricultura y la ganadería, y con un lento crecimiento de la cantidad de población.
Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, la única forma de hacer frente a los riesgos crecientes impulsados por el calentamiento global es actuando sin demoras ya que, según la misma fuente, entre 3.300 y 3.600 millones de personas en todo el mundo viven en "contextos altamente vulnerables" al cambio climático, un fenómeno que se ha transformado en una verdadera amenaza para el bienestar humano y la salud del mundo.
Frente a este preocupante panorama, es necesario que la ciudadanía tome conciencia del problema y que las autoridades adopten medidas inmediatas para evitar que la catástrofe ambiental sea aún más grave.
Varios expertos coinciden en señalar que es necesario restaurar ecosistemas dañados y conservar del 30 al 50 por ciento de los hábitats terrestres, de agua dulce y oceánicos de la Tierra.
La ciudadanía debe exigir políticas públicas que permitan avanzar en ese sentido, que es la única manera posible de avanzar hacia un desarrollo más sostenible.










