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Consistencia política para tomar decisiones económicas

Para lograr una razonable estabilidad de la economía, es necesario lograr primero la mayor coherencia política posible detrás del programa de gobierno.

En momentos de inestabilidad global, como el actual, la falta de consistencia política puede convertirse en el punto más vulnerable a la hora de adoptar medidas para transformar una realidad compleja donde, a no engañarse, se dirimen intereses y espacios de poder. De esas situaciones solo se puede salir airoso con respaldo político y una gran capacidad de negociación. 

Vale como ejemplo lo que acaba de suceder en el Reino Unido, donde el ministro de Finanzas Kwasi Kwarteng fue despedido tras permanecer apenas seis semanas en el cargo. Fue el propio Fondo Monetario Internacional el que había observado a altos funcionarios del Reino Unido que no había coherencia entre las políticas monetaria y fiscal, un desacople que la mayoría de los medios británicos atribuyen a la falta de consistencia política en la gestión de la primera ministra Liz Truss.

Según el diario The Guardian, en una reunión que altos funcionarios del FMI mantuvieron con Kwarteng, pocas horas antes de su despido, se le señaló la importancia de la coherencia de las políticas y la comunicación clara. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó esta semana que la inflación en septiembre fue del 6,2% respecto de agosto, alcanzando un aumento del 83% comparado con septiembre del 2021, lo que representa el incremento interanual más alto de los últimos 30 años.

La gran pregunta que muchos se plantean en este momento en nuestro país tiene que ver con cuáles son los motivos que llevan al incremento actual de los precios. Para algunos, se debe a la inercia inflacionaria, para otros, es pura especulación que surge, como en el caso de los alimentos, de la concentración en la cadena productiva.

Según un informe elaborado por el Observatorio para el Desarrollo Provincial (ODeP), una organización no gubernamental que trabaja en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, en el país son solo tres las empresas que concentran en sus manos el 91% de la producción de aceites.

El mismo informe asegura, por otra parte, que en el caso del azúcar son tres las compañías que manejan el 85% de la producción; mientras que en la fabricación de fideos sólo una controla el 79% de ese segmento de mercado. En la producción de harinas se presenta un fenómeno de concentración similar: dos empresas acaparan el 82% de la producción. Lo mismo puede decirse de las bebidas gaseosas: solo dos empresas tienen el 98% del mercado. La leche no es la excepción: una sola empresa concentra el 70% de la producción láctea.

El país viene de muchos años con índices de inflación muy elevados, de manera que urge cerrar filas detrás de un programa económico que tenga por detrás, como se dijo, la mayor consistencia política posible. Y esto vale tanto para la actual administración nacional como para la que se haga cargo del asunto en el próximo período constitucional.

Para quienes puedan plantear, y con mucha razón, que la concentración en pocas manos de la cadena productiva no es la causa principal de la inflación, ya que se trata de un fenómeno multicausal, se puede citar a modo de respuesta la observación que hizo el Centro de Economía Política Argentina en un informe en el que analizó la cuestión de la concentración en la cadena de comercialización.

Allí, se plantea que "la concentración no es su causa unívoca, pero sí puede ser un factor adicional muy determinante. No solo incide directamente en la formación del precio final que pagan las y los consumidores, sino que opera de manera indirecta sobre otros factores, como los márgenes de rentabilidad de los distintos eslabones de las cadenas productivas".

Reducir la inflación y estabilizar la economía es el desafío más importante que tiene en este momento la administración nacional. Alcanzar ese objetivo permitirá, para el bien de todos los sectores, reducir la pobreza, generar más empleo genuino y al mismo tiempo salir del círculo vicioso de los constantes aumentos de precios y las tensiones que genera la interminable carrera de distintos sectores para no quedar rezagados.

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