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El refuerzo: la pertenencia, la elección

La historias de jugadores que llegan como reclutados, como refuerzos a los equipos -mayormente- del interior, quedan ocultas al ojo del hincha, el dirigente, el entrenador y sus compañeros. Su rol es el de mimetizarse con una identidad (que a veces no hay) y ser juzgados por su sueldo y su rendimiento. A eso vienen, ¿no?. No.

La cancha está en penumbras, son casi las 9.30 de la mañana. Se escucha la pelota picar, tocar la red. Al costado, el mate. Ahí está Julián Castell (23, Rosario).

Según la RAE (Real Academia Española) pertenencia es: circunstancia de formar parte de un conjunto o grupo. ‘Ahí pasaba la magia‘, dice Julián, cuando habla de ‘su‘ cancha, de ‘su‘ Edison.

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Julián, en su casa el club Edison en Rosario que para él es la familia, junto a uno de sus hermanos y sobrinos.

-Ir al club es: salgo de casa, a media cuadra del club ,por la cortada. Paso por la casa de los Márquez y saber que está doña Norma para saludar, hacer 20 metros y que este el perro de los Garófalos que te ladra. Bien llegando a la esquina te encontrás con el frente gigante que dice Club Social y Deportivo Edison y el portón azul grande. Siempre entré por ese portón, que tiene una rampa. Ni bien entrás ves un montón de chiquitos jugando en una parte del patio. A tu derecha está el salón recreativo, parte del bar del club. Ahí me encantaba entrar y ver a mi abuelo jugando a las cartas con su grupo de viejos. Le daba un beso al viejo y seguía hacía la cancha por  un patio largo. Tenías que irte con 20 minutos de anticipación para saludar a todos los que te ibas encontrando, hasta llegar a la cancha y bueno, ahí pasaba la magia.

Unos minutos después, llega Nahuel Méndez (26, Machagai). ‘Me colgué leyendo un hilo de Twitter, es la mejor red social‘.

Elegir: ‘seleccionar o preferir a una persona o una cosa para un fin‘. ‘No señor, a mí me gusta el básquet‘, Nahuel se lo dice a Ignacio ‘Nani‘ Corleto (ex Puma, uno de los históricos rugbiers argentinos, el del Try imborrable ante Francia en el Mundial del 2007, como lo fue la ‘palomita‘ de Manu en Atenas).

-Empecé a jugar a los 15. En mi casa siempre me obligaron a mantenerme ocupado; además de la escuela hice vóley, fútbol, básquet, karate, toco la guitarra. Cuando empecé a jugar al básquet me iba con la guitarra, en bici, porque salía de música y me iba a la cancha. Pero siempre jugué al rugby.

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-Mi papá (Gustavo Méndez) jugó en Sixty, y trajo el rugby a Machagai. Buscó un lugar, armo una cancha a lado de la principal de fútbol. Los chicos sacaban a mano los árboles, era tierra muerta. Estuvieron 10 años plantando, sacando vidrios. Él siempre quiso que juegue al rugby. Cuando tenía 15 años me decidí.

Nahuel llegó a jugar para un seleccionado de la URNE, y llegó el momento de decidir. ‘Me sentía mejor, sentía que me gustaba más. Siempre fui de lo que siento, lo hago. Si mi corazón tira para allá voy para allá‘, dice y el corazón tiró por la naranja.

-En 2010 hubo un evento en Buenos Aires: ‘botines solidarios‘, en Tigre. Había jugadores profesionales de elite. Tenía 14 años. Ya me había decidido a jugar al básquet. Nahuel -con Unión de Machagai- fue Tryman del certamen.

Termina un partido, y se acerca un jugador ‘Corleto‘, y me pregunta de dónde era. Me contó que estaba armando un equipo y quería que vaya. En ese momento, mi papá no estaba. Yo le respondí ‘no señor, a mí me gusta el básquet‘.

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-Familia de básquet, toda la vida. Mis viejos, el club de básquet a media cuadra de casa, crecer ahí. Mi viejo jugó, mi mamá (Miriam, la mamá de siete, la mamá de cada chico en  elclub) nunca tocó una pelota pero es planillera, cronometrista. No sabía tirar al aro, pero te podía ordenar un equipo en cancha. Todos mis hermanos, los siete, arrancamos a los cuatro años a jugar en Edison.

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Con el rugby en la sangre y como destino, Nahuel eligió el básquet, lo sigue eligiendo.

Siempre me atrajo la idea de conocer otros lugares, otra gente, otras ligas. Me sorprendía cuando éramos mini y nos tocaba ir a jugar no sé a Arroyo Seco, Gálvez y había mucha diferencia física, y entonces pensaba ¿qué había más allá de Rosario?.

Julián se fue a los 15 años a Salto Grande (Liga Cañadense). ‘El primer mes me costó muchísimo, físicamente. Yo venía de la escuela de Federico Sauro, que nos decía este va a ser el plan de juego este año, y nos daba un cuadernillo. Venía de esa disciplina de estudiar el juego antes, pero físicamente fue duro‘, recuerda. Volvió a Rosario. Jugó en Atalaya, Los Rosarinos Estudiantil.

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Refuerzo: Pieza o parte de una cosa que sirve para hacerla más fuerte o resistente.Julián y Nahuel, llegaron con esa función, responsabilidad, etiqueta a Asociación Española para jugar el Pre Federal 2022.

Nahuel se formó en UNCAus con Gabriel Graff. ‘Yo era malísimo. Llegué a los 17, mi primo fue primero y yo caí de yapa. Gaby me tuvo paciencia, desde que entré hasta que me fui‘, cuenta.

No pudo jugar el Federal, y la Liga Argentina tampoco pudo ser, por una lesión (doble tendinitis bilateral). ‘Me acostumbre a jugar con dolor, pero veía que no estaba progresando, y ya no era solo jugar, el dolor era insoportable. No fue la única lesión, llegaría una más que lo paró ocho meses y allí llegó Española.

‘Me contactó Miguel (Pikaluk), porque Fabricio (Benitez), porque me vio en un Asociativo de Sáenz Peña. Tenía otras ofertas, y me decidí acá. Me gusta disfrutar el deporte. No me gusta ir al gimnasio, pero desde los 15 años no falto‘, explicó.

‘Me gusta disfrutar del juego. A mí me encanta jugar con alguien que me haga mejorar. Que me exija‘, se resume.

Julián, llego antes a Quimilí, Santiago del Estero. ‘Unos amigos de mis viejos vivían ahí y le contaron que se estaba armando un equipo para el Pre Federal santiagueño, y llegué a vivir con ellos, pero el torneo se postergó y entrené por tres cuatro meses, solo Llegó Javier Leguizamón y me hizo el contacto con Miguel Pikaluk. En lo que único que pensé fue necesito volver a competir‘.

Ambos, destacaron la atención de los dirigentes. Pero, en especial a Celia Loto.

‘Nos recibió de una manera increíble. Nos cocinaba, nos lavaba, nos traía el desayuno. No me olvido más un domingo, que estábamos solos, el primer domingo. Nos llamó, nos dijo vengan a casa y nos cocinó, además todo casero.

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Nahuel y Julián, llegaron a disputar el Pre Federal de Española, como tantos otros que llegan a cada club, con su identidad, su impronta, sin ser solamente: los refuerzos.

-Hay que hacer eso. Ella nos decía que nos trataba a nosotros cómo le gustaría que traten a sus hijos‘, la describe Julián.

‘-Yo llegué enfermo. No había agua en el club, y me fui a bañar a su casa. Vio que tenía mucha fiebre, llamó para que me pongan una inyección, me hizo hacer reposo‘, cuenta Nahuel.

Con el camino recorrido, la pregunta es ¿lo harían todo de nuevo. Qué harían diferente?.

‘No cambiaría nada. Mi viejo, por más que no le haya gustado que decida por el básquet respeta totalmente mi decisión: me acompaña, me guía. Me apoya, porque sabe que lo que yo hago, lo hago de corazón, porque lo siento‘, afirma Nahuel.

‘Le diría al Julián de 16 años que lo disfrute más. Pero tomaría la misma decisión mil veces‘, dice convencido Castell.

Una etapa se cierra para ellos. Otras puertas se abrirán y otra vez la identidad, el proyecto, el club, los hinchas, los dirigentes los verán llegar como los refuerzos. Pero, Julián lleva a Edison en su corazón y como guía, Nahuel hace lo que siente y se arma -por contraste- con esa férrea discplina. Ambos, van a disfrutar del básquet, exactamente igual -o no- que los chicos que se formaron en el club.

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