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La intolerancia también aumenta

El corte en la ruta nacional 11 —ocurrido el mismo día que se jugaba un partido de fútbol en Resistencia entre Independiente de Avellaneda y Talleres de Córdoba— terminó con simpatizantes cordobeses frenados por el piquete reclamando poder transitar, enfrentados con palos, piedras, corridas, heridos. Una suma de delitos que pareciera no tener solución.

No es la primera vez que un hecho que reiterado tantas veces no causa ninguna sorpresa ni tiene algún tipo de atención periodística. Tiene que ocurrir algo que rompa lo naturalizado para que se convierta en noticia nacional porque motivó algo novedoso.  
El corte de la ruta nacional 11, en cercanías de Las Toscas, transcurría como un piquete más, en el que se encontraban participando mujeres, hombres y niños en reclamo de planes sociales aparentemente cancelados. 
Pero ese día, a la tarde, se jugaba un partido de fútbol en Resistencia por la Copa Argentina entre Independiente de Avellaneda y Talleres de Córdoba. 
Los simpatizantes cordobeses se trasladaban rumbo al Chaco en muchos colectivos y autos, pero fueron frenados por el piquete que les impedía avanzar. 
No aceptaron quedar varados por algún tiempo, por lo tanto, bajaron de los colectivos y hubo un enfrentamiento entre los que reclamaban poder transitar y los que bloqueaban la ruta. 

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Palos, piedras, corridas, heridos, denuncias de robo de pertenencias a los piqueteros (silletas, termos, mochilas, etc.), y luego la caravana de hinchas cordobeses continuó su camino y pudo llegar a tiempo para presenciar el partido. 
Este hecho, liberar el tránsito violentamente, no es habitual y se convirtió en noticia nacional. Una noticia que configuraba una extensa suma de delitos por ambas partes. Por supuesto, cuando se produjo el enfrentamiento no había fuerzas policiales que pudieran impedirlo, como antes no impedían el corte de la ruta. 
Como una consecuencia lateral no buscada, la actitud de los hinchas de Talleres provocó miles de mensajes en las redes sociales felicitando a los violentos que desalojaron el piquete terminando con el bloqueo.  
Un día antes, un corte de calles en el centro de Resistencia terminó con un herido que pretendía pasar, al que apuñalaron y en el sur patagónico grupos armados autodenominados mapuches atacaron a un puesto de Gendarmería provocando reiterados bloqueos de rutas y ocupación de lugares públicos y privados. 
Y podría haber varios ejemplos más que constituyen una suma de delitos que lamentablemente no solo pareciera no tener solución, sino que hay cada vez más violencia, más vandalismo, en cortes urbanos o de rutas. 
No se trata simplemente de una colisión de derechos. Significan algo mucho más grave y preocupante hacia el futuro ya que no hay señales de que se pueda poner fin a estos hechos. 
En todos estos más que lamentables sucesos no hay ausencia del Estado. Al contrario, está muy presente decidiendo no intervenir, decidiendo dejar hacer e incluso tener intervenciones sospechadas de complicidad. Es un Estado muy presente que resuelve no participar con la excusa de no provocar mayores incidentes. 
La violencia de mayor magnitud se produce cuando se violan todo tipo de derechos, cuando se impide circular, trabajar, o se sume en la pobreza a los que reclaman cortando calles y rutas para hacer visibles sus peticiones, incluso pidiendo al gobierno se cumplan promesas de soluciones parciales que nunca llegaron. 
Un Estado presente para negociar la terminación de un corte con alguna promesa que los funcionarios saben que jamás cumplirán. 
La paciencia, comprensión y tolerancia es cada vez menor, todos estamos mal y cansados de vivir mal. 
Aceptamos cada vez menos que se vulneren nuestros derechos, que nos impidan circular, trabajar, cumplir gestiones. 
Ya no somos solidarios con aquellos que nos impiden hacer lo que tenemos derecho y necesidad de hacer. El nivel de agresividad aumenta peligrosamente. 
El país todo se está destruyendo y parece que no nos damos cuenta que estamos muy cerca de comenzar a matarnos entre nosotros, en una lucha de necesitados, y como corresponde a toda guerra, las víctimas nunca son los responsables de haberla provocado. 
Instalados en sus despachos, gozan de una serie de privilegios y no sufriendo absolutamente ninguna de las tantas carencias que sufrimos los que solventamos y soportamos su buen vivir. 
Sería una muy buena noticia que los reclamos que provocan los cortes sean por mejor salud, mejor educación, mayor seguridad, bajar en forma urgente la inflación, mejores salarios y jubilaciones, tener posibilidades de trabajo digno y poder así terminar con todo tipo de los mal llamados planes sociales. Eso llevará tiempo, pero hay que comenzar ya.   

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