El valioso aporte del voluntariado
Las organizaciones sin fines de lucro y las personas que ejercen el voluntariado en ellas cumplen un rol fundamental en nuestra provincia.
Diversas tareas como el rescate y la protección de animales, el combate de incendios, el proceso para evitar el desperdicio de alimentos y la asistencia en comedores comunitarios, por citar unos pocos ejemplos, forman parte del entramado de acciones solidarias y silenciosas que son posibles gracias al trabajo de quienes, en forma anónima, donan parte de su tiempo para mejorar la sociedad.
No es casual que el desarrollo de acciones solidarias tenga fuerte arraigo en sociedades con mayor cohesión social. En efecto, países como Noruega, Finlandia, Dinamarca y Suecia figuran entre las naciones con indicadores más altos en materia de participación voluntaria en organizaciones que trabajan para mejorar una comunidad. No exageran quienes afirman que el voluntariado es una potente herramienta de cambio social.
Tampoco lo hacen quienes observan que el voluntario no es el que tiene más tiempo para dedicar a una causa noble, sino el que tiene una mayor sensibilidad frente a situaciones que el resto de los mortales deja pasar: colaborar en comedores infantiles, rescatar animales de las calles, iniciarse como bombero voluntario, o participar en forma activa en algunos de los tantos Bancos de Alimentos que existen en el país son actividades que tienen como común denominador el interés por construir un mundo -si se nos permite el término- más amable.
Alguien dijo alguna vez que el acto más pequeño de amabilidad vale más que la intención más grande. Y eso aplica, por ejemplo, a quienes colaboran en el Banco de Alimentos de Resistencia, organización que en lo que va del año ya recuperó más de 230 toneladas de alimentos que serán entregados en más de un centenar de comedores comunitarios que dan respuestas a las demandas nutricionales de los sectores más vulnerables de la población que, por sus bajos ingresos, no tienen garantizado el derecho a una alimentación saludable.
Cientos de acciones solidarias de este tipo se multiplican por todo el país de la mano de personas de todas las edades que hacen un enorme esfuerzo para asegurar la nutrición diaria a los muchos argentinos que viven en situación de pobreza. Cabe recordar que esta red de organizaciones se basa en un esquema de trabajo que consiste en el rescate de productos excedentes de la cadena de la industria alimenticia, los supermercados o productores frutihortícolas.
Por lo general, solicitan donaciones de productos aptos para el consumo que por distintos motivos fueron sacados de circulación o perdieron valor comercial. Una vez que reciben los alimentos donados, los clasifican con ayuda de voluntarios, los almacenan en depósito y, por último, lo distribuyen entre organizaciones sociales. Los donantes, por lo general, son -como se dijo- tanto grandes como pequeñas y medianas empresas de la industria alimenticia, supermercados y productores de frutas y verduras. A la cadena de distribución se suman también empresas de logística que realizan fletes en forma gratuita para transportar los alimentos.
Merece destacarse el compromiso asumido por los voluntarios de estas organizaciones; un compromiso que permite articular la solidaridad de empresarios, transportistas y productores agropecuarios con el trabajo de los encargados de las entidades beneficiarias y colaboradores que vienen trabajando con un mismo objetivo: construir una sociedad más solidaria, con menos desigualdades y, fundamentalmente, para que a ninguna familia del país le falte una adecuada nutrición diaria.
En un mundo que promueve el consumo individualista y la creencia en soluciones rápidas, la figura del voluntario puede parecer una especie de rara avis. Nada más alejado de la realidad. Afortunadamente son muchas las personas que eligen asumir una responsabilidad social con el objetivo de ayudar a otros a través de alguna organización sin fines de lucro, sin esperar nada a cambio. La reflexión de la antropóloga y poeta estadounidense, Margaret Mead, resulta de gran ayuda a la hora de reflexionar sobre el trabajo desinteresado y valioso de los voluntarios.
"Ayudar a alguien a atravesar la dificultad es el punto de partida de la civilización", dijo la investigadora, una de las personalidades más influyentes en su disciplina. "La civilización es una ayuda comunitaria", agregó.
Es necesario reconocer el esfuerzo de quienes trabajan en forma solidaria para construir una sociedad mejor, sabiendo que la suma de pequeñas acciones, en muchos lugares, también puede cambiar el mundo.










