Juan "Rattín" Alarcón, el canillita con más de seis décadas de historias
A los 76 años su vida es un capítulo en la historia local de la venta de diarios. Su revistería de la vereda del Correo, por Yrigoyen y Sarmiento, continúa una tradición.

Con 76 años Juan Alarcón es un capítulo de la historia local en la venta de diarios. También como dirigente en el sindicato de canillitas y como futbolista.
Habla con orgullo de su revistería, el emprendimiento que hoy sostiene la familia con el mismo empeño que al comienzo de su vida laboral.
Alarcón nació en Puerto Bermejo y la familia se mudó a Resistencia siete años más tarde.
Al poco tiempo el niño de 12 empezó a vender diarios. ‘Primero a pie con unos diez ejemplares por día‘, recuerda.
UNA AVENTURA
Las ganancias de las primeras ventas le alcanzaron para comprar una bicicleta, así aumentó la cantidad de diarios y amplió las fronteras de clientes.
La zona por la que solía repartir era por villa Alta, en la zona próxima a la escuela San Roque por calles que cada vez que llovía se convertían en un barrial.
‘Todos me conocían como Juancito; siempre andaba con tres o cuatro perros alrededor. Los vecinos sabían que andaba cerca porque me salían a ladrar los perros de la cuadra‘, bromea.

PRIMEROS PASOS
Desde temprano, alrededor de las tres de la madrugada retiraba la cantidad de ejemplares que podía pagar y empezaba un recorrido que incluía locales bailables, bares y comercios de avenida 25 de Mayo.
Sobre los peligros de la noche admite que siempre hubo riesgos pero que él no tenía miedo, ‘era un pibe de 13, 14 años que andaba nomás‘, dice.
Para ese primer momento El Territorio era el único matutino en la capital y Juan aclara que a veces, en situaciones excepcionales, solía imprimirse una edición vespertina.
ACTIVIDAD SINDICAL
Del sindicato de canillitas menciona que lo vio funcionar en el edificio de la CGT (por Güemes), hasta que años después se mudó a la sede actual (Santa Fe 444). ‘Ahí nos daban información e instrucción sobre nuestra actividad‘, señala.
Al cumplir los 22 llegó a ser tesorero de la comisión directiva del sindicato y vio pasar varios dirigentes de la entidad.
FUTBOLISTA Y REVISTERO
Juan jugaba muy bien al fútbol, los amigos en la cancha lo apodaban Rattin. De manera amateur participó en divisiones inferiores, en Sarmiento se desempeñó en la sexta, quinta y cuarta. También jugó en la primera de ElDorado y de Unión de Villa Perrando, aunque fuera ’de contrabando’, porque no podía formalizarse el pase entre clubes.
‘Al final dejé de formar parte de la liga porque era incompatible con la venta de diarios‘, dice.
CAMINO DE CRECIMIENTO
Tenía 25 cuando Alarcón logró instalar su quiosco de revistas Rattín en la vereda del Correo Argentino, frente a la plaza central.

Como hincha de Boca la nombró así en homenaje a la histórica figura del fútbol Antonio Ubaldo Rattin, aunque en rigor es porque lo apodaban así a él, justamente por sus virtudes como deportista.
A los 30 años se casó con Ana María Fernández, a quien conocía de vista, de cuando él era un adolescente y ella, una nena de apenas siete años. Para esa época la mamá de Ana vendía diarios en una esquina de avenida Ávalos. Así la unión podría decirse que de alguna forma se debió a la actividad.
Tiempos de bonanza
Con en tantos vaivenes de la vida, Juan narra otro momento de mejoras en su calidad de vida.
En un tiempo vivió en una casilla en Villa San Martín con un tío, que era ferroviario. En otro, logró reunir muchos clientes fijos, del centro y de los barrios. Celebraba una etapa de bonanza económica en la que llegó a vender 500 diarios. Para entonces amigos y conocidos le recomendaron ahorrar o invertir el dinero en alguna propiedad.
Así con tan solo 19 años de edad compró un terreno y se mudó a una vivienda, como inquilino.
La propietaria del inmueble en alquiler ofreció venderle la casa. Juan revisó sus números y tomó el compromiso. Dio una entrega y completaría un monto menor en cuotas.
Aunque en poco tiempo canceló esa transacción, lamentablemente varios años después debió irse de Villa Gonzalito porque ‘los corrió’ la inundación de 1982. ‘Se veían tanques de agua de los techos nomás‘, recuerda.
Juancito, el canillita de las seis décadas
Empezar de nuevo
Alarcón también fue kiosquero y chofer de la Línea 2. La mayor parte de sus días de trabajo le permitieron sobreponerse a algunos duros golpes de la vida.
Cuando con su familia perdieron la casa en 1982 hubo que empezar desde cero.
En un terreno que había comprado siendo muy joven decidieron construir la ansiada casa.
Un amigo les había prestado una vivienda donde resguardarse hasta tener el techo propio, un agrimensor facilitó la información necesaria para avanzar con los trámites y un albañil coordinó con otros trabajadores más la obra.
‘Vendí dos coches que tenía, también equipos industriales que había comprado para instalar una rotisería y hasta algunas joyas de oro, todo para tener la casa para mi familia‘, cuenta.
Ya cumplió 64 años en el rubro y sigue activo aunque por unas dificultades en la salud debió dejar de atender al público y repartir, así que en la actualidad de esa tarea se ocupan su esposa, hijo (Antonio Martín) y un sobrino.
Temas en esta nota

Sortearon dos bicicletas para canillitas de NORTE

Los canillitas se reunieron y celebraron su día en la Termal

Capitanich presentó el plan de reconversión laboral para canillitas

Canillita desde los nueve años, la historia de Hugo "Pato" Escobar
UNA VIDA EN LA ACTIVIDAD

Canillitas celebran la ley para reconvertir la actividad

Cuestiona facturación de Secheep y pide revisar el consumo











