Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/222614

La transformación de la región es posible

Transformar el NEA en una región con capacidad de llevar al máximo sus cadenas de valor para que eso se traduzca en generación de empleos de calidad y un mayor bienestar para su población implica un desafío enorme. ¿Es posible esa transformación? Sí. Así lo demuestra la labor de una empresa chaqueña que, apoyada en ideas innovadoras y estrategias sustentables, logró integrar el cultivo de arroz y la piscicultura en suelos de baja productividad agrícola, obteniendo resultados que superaron las proyecciones más optimistas.

Se trata del emprendimiento que lleva adelante la arrocera chaqueña Grupo Puerto Las Palmas en la localidad de La Leonesa, cuyo caso fue expuesto la semana pasada en la Cámara de Diputados de la Nación -más precisamente en la Comisión de Economías y Desarrollo Regional- y, antes, aplaudido en un encuentro agroindustrial que se llevó a cabo en agosto en la ciudad de Rosario. Se trata del desarrollo de un sistema de rotación de arroz y piscicultura con prácticas sustentables que, según los responsables de la empresa, puede transformar a una amplia zona de cañadas entre el Chaco y Formosa que están inundadas buena parte del año en una región núcleo que puede traer beneficios para la región. Según los cálculos de quienes impulsan esta iniciativa, se podrían crear 3.350 empleos en la cadena de arroz, 1.500 puestos de trabajo en la cadena piscícola y cerca de un centenar para la fabricación de alimento balanceado. Las proyecciones sobre las posibilidades que ofrece la rotación de arroz con piscicultura en suelos de baja productividad agrícola de la zona este, a orillas del río Paraguay, hablan también de producir como mínimo 6.500 kilos de arroz por hectárea y 3.000 kg de carne de pescado por hectárea.

Todas estas estimaciones se apoyan en una realidad concreta: lo que comenzó con una idea de trabajar con este esquema de producción en solo 15 hectáreas se transformó en 850 hectáreas y un complejo industrial diseñado de manera integrada para que los subproductos del frigorífico produzcan harina y aceite de pescado, un molino de arroz para generar cáscara que será destinada como biomasa en la producción de energía en la etapa de secado, y a todo esto se deben sumar subproductos del arroz que pueden ser empleados como alimento balanceado para los peces.

Lo interesante de todo este proceso es la experiencia acumulada por quienes trabajan en esta empresa chaqueña, un conocimiento práctico que es clave para producir las transformaciones que necesita nuestra región. Es de esperar que nuevos actores se sumen a este esquema de producción que, como bien señalaron los responsables del proyecto ante la Comisión de Economías y Desarrollo Regional de la Cámara de Diputados de la Nación, abre las puertas a la transformación de una zona que se considera marginal en lo que se refiere a producción agronómica, por los tipos de suelo que tiene, que son de baja productividad agrícola, que hasta hace poco solo era aprovechada para la ganadería extensiva con rendimientos de 60 o 75 kilos de carne por hectárea por año.

Mucho se ha dicho sobre la necesidad de generar las herramientas para que la Argentina sea un país verdaderamente federal. En el 48° Plenario del Norte Grande que se celebró hace pocos días en Catamarca, con la presencia de legisladores de toda la región, se habló de la enorme concentración de recursos en áreas centrales del país y de la necesidad de debatir sobre las formas de avanzar hacia una distribución más equitativa de la riqueza que genera la Argentina.

Días atrás en esta misma columna se señaló la necesidad de asegurar obras de infraestructura en la región para poder allanar el camino del sector privado, sobre todo en estos tiempos en los que el nuevo escenario mundial configurado por la pandemia y el conflicto en Ucrania provocó una demanda adicional a los países productores de alimentos como el nuestro.

Una transformación positiva de nuestra región, históricamente postergada, es posible. Así lo demuestra una agroindustria que todavía tiene mucho para ofrecer y que llega de la mano de emprendedores con espíritu innovador y visión de largo plazo que lograron combinar procesos productivos con el cuidado y el respeto por el medio ambiente.