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El gran potencial de la agroindustria

El nuevo escenario mundial configurado por el conflicto en Europa del Este provocó una demanda adicional a los países productores de alimentos que, a nivel local, pone a prueba las capacidades de una agroindustria que todavía tiene mucho para ofrecer.

En ese contexto, es necesario promover la adopción de tecnologías y procesos productivos modernos, también entre los pequeños agricultores.

La región necesita avanzar en la reactivación del sector productivo y el aumento de la productividad a partir de la innovación y el emprendimiento, el crecimiento de las medianas y pequeñas empresas, la adopción de nuevas tecnologías basadas en la digitalización, así como el fortalecimiento de las cadenas regionales y globales de valor. Así lo plantea el informe "Visión 2025" del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que hace referencia a la situación en América Latina y que bien puede aplicarse al NEA.

El BID, justamente, acaba de publicar el informe "Competir en la Agroindustria. Estrategias empresariales y políticas públicas para los desafíos del siglo XXI", un estudio que analiza los desafíos y las grandes oportunidades que hoy tiene la agroindustria de América Latina, una región que -como se sabe- no es la más pobre del mundo, pero sí la más desigual.

Por eso es necesario promover nuevas estrategias para que un sector que es clave para la economía del NEA logre una inserción más inteligente en los mercados internacionales y, al mismo tiempo, fortalecer todos los eslabones de la cadena del agro, haciendo hincapié en el apoyo a los pequeños productores, ayudándolos a explorar nuevas alternativas que les permitan mejorar su competitividad, destacarse y, lo que es más importante, añadir valor a sus productos.

El informe citado propone también aprovechar la tecnología para convertir la agroindustria en un motor de desarrollo y creación de empleo, impulsando la colaboración con el sector público para crear los bienes necesarios para que las empresas del sector privado prosperen. La tecnología, no cabe duda, es una herramienta clave para modernizar la agricultura de nuestra región.

En ese sentido, los expertos que colaboraron en la redacción del informe del Banco Interamericano de Desarrollo admiten que desarrollar con éxito un proceso de integración requiere cumplir con estándares de calidad y también con las exigencias cambiantes de compradores y consumidores. También requiere que los Estados de la región aseguren una adecuada infraestructura de caminos, apoyos comerciales y controles fitosanitarios, para poder allanar el camino del sector privado.

Un párrafo especial merece el sector de la agricultura familiar que, vale recordar, en nuestro país produce más de la mitad de los alimentos que se consumen en los hogares argentinos. Eso es posible gracias al esfuerzo de pequeños productores cuyo trabajo es fundamental en el ámbito económico productivo, social y cultural de las distintas regiones del país.

Un estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que la agricultura familiar ha asegurado el crecimiento del sector agrícola europeo durante siglos.

"El ambicioso marco político actual de la Unión Europea se ha diseñado teniendo en cuenta los diversos modelos de agricultura existentes en la UE, incluidos los diferentes tipos de agricultura familiar. Este marco pretende principalmente dar una respuesta clara a la demanda ciudadana de seguridad alimentaria y tiene por objetivo satisfacer las expectativas crecientes en cuanto a seguridad, calidad, valor, origen y diversidad de los alimentos. Al mismo tiempo, la política agrícola común ha ayudado a mantener los estilos de vida rurales y ha realizado una importante contribución al desarrollo económico y social del entorno rural", señala el informe de la FAO que toma como ejemplos casos de Portugal, Hungría, Irlanda y Rumania, entre otros.

La agroindustria debe potenciar su rol de motor económico en nuestra región incorporando, como se dijo, la valiosa tarea que desarrollan los pequeños agricultores chaqueños en favor de las cadenas productivas. Y en este punto merece destacarse el esfuerzo de quienes, independiente de los ciclos económicos que atraviesa el país y a pesar de no contar con grandes recursos, siguen apostando a los procesos de innovación en el sector agrícola y también al desarrollo rural sostenible en el empleo de los recursos naturales.

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