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El peligroso mensaje de los antivacunas

Una serie de brotes epidémicos de enfermedades que estaban cerca de ser erradicadas del mundo, como la difteria y el sarampión, muestran lo nociva que resulta la prédica de los grupos antivacunas. La Organización Mundial de la Salud considera que estos movimientos, que se hicieron más visibles a partir de la pandemia, se transformaron en una de las principales amenazas para los sistemas de salud.

Los mensajes antivacunas no son inocuos, advierten desde la OMS. Las alarmas, esta vez, se encendieron en el estado de Nueva York, EEUU, donde el viernes se declaró al sistema de salud en estado de emergencia por un brote de polio, enfermedad que se consideraba erradicada. Las autoridades sanitarias anunciaron que promoverán nuevas campañas con el objetivo de elevar las tasas de vacunación, debido a que en los últimos años se registró una mayor apatía de las familias para vacunar a sus hijos. Los especialistas consideran que, en gran medida, esa falta de interés tiene una estrecha relación con los mensajes con argumentos falaces que hacen circular por las redes sociales los grupos antivacunas que se volvieron más activos durante los meses con mayores restricciones impuestas por la pandemia. En el caso de la polio, lo que llama la atención es que las campañas masivas de vacunación que tuvieron lugar en Estados Unidos en la década del 50 hicieron descender en forma notable la circulación del poliovirus, el patógeno causante de la poliomielitis en humanos. La presencia del virus en aguas residuales de varios condados del Estado de Nueva York hace pensar a las autoridades sanitarias que hay más casos de los reportados.

Los grupos antivacunas adquirieron un mayor protagonismo en ciudades de todo el mundo durante la pandemia de Covid-19. A través de marchas por las calles y de la difusión de información falsa en redes sociales, las personas que forman parte de estos movimientos lograron infundir temor con teorías conspirativas y comentarios negativos hacia las vacunas. Para la Organización Mundial de la Salud, los brotes de sarampión que provocaron más de 140.000 muertes en todo el mundo en 2019 estuvieron estrechamente relacionados con esta prédica y la decisión de muchas personas de no sumarse a las campañas de vacunación.

En el año 2019, las autoridades sanitarias de Estados Unidos registraron un brote de sarampión en la ciudad de Nueva York, que luego se extendió con rapidez a veinticinco estados. En esa oportunidad, expertos en informática y datos se propusieron estudiar los comportamientos de usuarios de la red social Facebook y los comentarios relacionados con la situación sanitaria. Los resultados fueron sorprendentes: si bien en un principio la mayoría de la población se manifestó a favor de las campañas masivas de vacunación para detener la enfermedad, con el paso de los días los grupos antivacunas comenzaron a tener una presencia más activa en las redes sociales, con mensajes que sembraban miedos y dudas sobre la inmunización. Los investigadores concluyeron que las personas con escasa información y con predisposición a creer en relatos casi míticos terminaban rechazando la posibilidad de vacunarse, pese a que los argumentos que esgrimían los antivacunas eran insostenibles y en muchos casos ridículos.

La humanidad lleva más de doscientos años beneficiándose de la eficacia de las vacunas. Es que, después del agua que es apta para consumo humano, la vacunación es la intervención de salud pública que más ha logrado reducir las muertes por enfermedades en todo el mundo. Las vacunas, además, permitieron que la esperanza de vida promedio a nivel global haya mejorado en forma notable (en 1900 era de casi 40 años y hoy está por encima de los 77). Esa mejora fue posible, en gran medida, gracias a la disponibilidad de agua potable en las ciudades y zonas rurales, a una mayor conciencia de la población sobre los hábitos de higiene; y también, por supuesto, al acceso universal a las vacunas.

La lucha contra la pandemia de Covid-19 demostró que todas las vacunas contra el coronavirus funcionaron, ya que lograron disminuir los casos graves de la enfermedad, las hospitalizaciones y las muertes. Es importante recordar, además, que cuando la mayoría de la población se vacuna se puede prevenir la propagación de la enfermedad, formando un escudo que protege a quienes no han desarrollado la inmunidad o no pueden ser vacunados.

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