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Bodas de Oro de la promoción 1972 del Nacional José María Paz

Cuando el colegio cumplía 38 años se graduaban bachilleres de tres divisiones ("A", "B" y "C"), que hoy cumplen 50 años de egresados.

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El glorioso Colegio Nacional, el del viejo edificio en Obligado y Sáenz Peña, hoy luce todo su esplendor con un muy lindo edificio en 9 de Julio y Arbo y Blanco. En aquel tiempo contábamos los colegios con los dedos de la mano: la Normal Mixta Sarmiento, nuestra eterna rival; la de Comercio, que funcionaba en nuestro mismo edificio por la tarde y por la noche; el Industrial; el salesiano Don Bosco; el Itatí; el María Auxiliadora; la Profesional de Mujeres; el Bachillerato 9; y por la noche el Mac Lean.

El Colegio, como lo llamábamos nosotros, tenía fama de tener los alumnos más rebeldes. Era un orgullo concurrir al Nacional, aunque por supuesto cada uno siente lo mismo por la escuela a la que fue. Cuando ingresamos al Colegio tenía fama de que los mayores decidían si se entraba a clase o no, y que el rector, Océano Atlántico Mostraci, era amigo del alumnado. Esto a nosotros nos duró poco, porque a los seis meses de ingresado se jubiló y asumió como rectora la señora Nora de Miranda, que tenía otro estilo.

Cuando transitábamos el Colegio los profesores nos decían que disfrutáramos de ese momento, porque eran los mejores años de la vida; qué gran verdad, aunque no lo sentíamos así en ese momento. Hoy, ya lejos de ese tiempo, los recuerdos y anécdotas son imborrables, imposible relatar todos, pero voy a contar los trazos generales de aquellos momentos.

El día del estudiante era una fiesta espectacular, con la mayoría disfrazados, un acto parodiando a los profesores, algún loco cargaba un flitero con perfume Claro de Luna, de olor repugnante, y rociaba a diestra y siniestra. Luego era tradicional ir a visitar la Escuela Normal y el Colegio Itatí. Era célebre la entrada a la Normal de arrebato. El festejo adentro era fantástico, en contra de su director el profesor Cicutta, persona de carácter muy fuerte, que manejaba con mano dura al alumnado. Llegamos a invadir la escuela con jinetes a caballo y con un auto antiguo. De allí al colegio Itatí, donde las monjas se espantaban ante el avasallamiento; en una oportunidad nos encerraron y llamaron a los bomberos para reprimir, tuvimos que saltar sus altísimos muros para poder escapar.

El Colegio tenía todo el encanto y la adversidad de su edificio vetusto, con aulas que cuando llovía florecían en goteras; con aberturas de gran tamaño que más de una vez sirvieron de vía de escape hacia la calle; y aulas agregadas de madera que en verano se tornaban insoportables. Un baño maloliente, donde nos reuníamos a fumar, refugio cuando nos escapábamos de alguna clase. 

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Don Ramón García (basquetbolista de la primera hora de Villa San Martín) vendía gaseosas y sándwiches de mortadela y queso, un manjar a ciertas horas del día. La sala de música estaba frente al bar de Ramón, un pequeño salón con una grada y un piano, donde fastidiamos hasta el hartazgo al profe de música, Scordo, "Perita de agua".

El mástil en el medio del patio, lugar de reunión en los recreos, me tuvo arriando la bandera únicamente los días de lluvia, cuando salíamos corriendo a bajarla. Los mejores recuerdos que tengo son de los profesores que de una u otra manera me dejaron su huella. Quizás durante la etapa del colegio llegué a tener entre ceja y ceja a más de uno, pero el tiempo borró todo fastidio; hoy solo tengo agradecimiento a cada uno de ellos, y cuando los encuentro me lleno de satisfacción porque se acuerdan perfectamente de quién era yo, bien o mal, no pasé inadvertido. Entre los que más recuerdo, por uno u otro motivo, están el doctor Pisarello, "Don Tunque", con sus charlas políticas en la clase de Educación Democrática. Las dos correntinas, la señorita Padilla, de Historia, que decía que cumplía un año cada cuatro, porque había nacido un 29 de febrero; y la de Geografía, la señorita Maldonado, "Hormiguita Viajera". La de Química, doctora Rita Waisman, de carácter muy fuerte; la de Castellano, señora Angelita de Fossatti; la de Literatura, profesora De Alemis, su materia era de las que más me gustaban y, paradójicamente, la que más rendí, no sé si porque estaba enamorado de la profesora o porque me gustaba mucho la literatura. 

Historia era la otra materia que más me gustaba, y allí tuve la mejor profesora que me tocó en el Colegio, cuyas clases eran muy didácticas, contaba la historia como un cuento, la señorita Goycoechea, hermana de ese gran profesor de Educación Física, Marcos Goycoechea, hacedor de grandes equipos colegiales de vóley, básquet y fútbol, con muchos títulos locales, provinciales y hasta nacionales. La señora Lilia Millán Ford, profesora de Contabilidad, a la que más frecuenté, por mi amistad con Jorge, su hijo. La señora De Alcalá, en Zoología; en Matemáticas la señora de Lataza y la señora de Andreatta.

Otro gran recuerdo que tengo es de los celadores, los que nos contenían en determinadas ocasiones y también los que nos amonestaban cuando la cosa pasaba a mayores. Mi conducta no era de las mejores, de hecho terminé todos los años con más de 20 amonestaciones, siempre en el límite, la rebeldía me jugó malas pasadas, pero es parte de mi personalidad. Entre los celadores que recuerdo, la señorita Irma Maduzzi, en primer año, que parecía brava pero era un ángel; los hermanos Nakasone -Ricardo y Antonio- emblemas del Colegio; Carlitos Zamudio, de una calidad humana de otro planeta, lamentablemente fusilado en uno de los hechos más aberrantes de la historia de Chaco, la Masacre de Margarita Belén; y por último ese otro ser distinto, gran persona, Carlitos Varela.

En el Colegio tuve grandes compañeros y amigos de toda la vida, sería muy largo nombrarlos, pero como recuerdo tengo la gran camaradería que existía, el compañerismo era la principal causa y lo más notable es que no había diferencias entre varones y mujeres. Como anécdota final tengo que el día de la despedida entramos a la Rectoría y nos sacamos una foto con la bandera de ceremonias y dos escoltas, única manera de ser abanderados. El Colegio Nacional tiene su lugar en mi corazón por todo lo que me aportó en esa edad tan linda, pero tan difícil, que es la adolescencia. Salud, y mis abrazos para mis compañeros de la promo 1972.

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