El caricaturista de los principios de Resistencia
Llego al Chaco muy joven. Alegre y locuaz, amante de la vida bohemia y caricaturista brillante, muy ocurrente, celebraba con sonoras carcajadas sus propias humoradas.

Fue uno de los primeros que exhibió sus trabajos en los medios de comunicación. Sus primeros trabajos estaban orientados a la propaganda comercial, cuando recién comenzaba su adolescencia, mientras trabajaba en la revista "Estampas Chaqueñas" dibujando destacados personajes de la sociedad local, incluyendo historietas.
Fue contemporáneo de otros dibujantes como Echegaray y Pedro Fiaccadori. En 1925, el periódico "La Voz del Chaco", en la sección "Del cuadro urbano", anunciaba que desde hacia un tiempo un jovenzuelo, casi un niño todavía, 16 años, venia dando con el seudónimo "Saporiti" relevantes muestras de dibujos y apuntes humorísticos que se proyectaban en la pantalla del cine-teatro "Olimpo". Las caricaturas eran trabajadas a pluma, con tinta china sobre vidrio, para facilitar su proyección sobre fondo blanco.
En 1927 organizó una proyección de su obra completa en el "Olimpo" y casi al mismo tiempo armó una exposición en la vidriera de una tienda de prendas de hombres en Resistencia. En sus caricaturas figuraba señoritas y señoras de la sociedad local. Algunas se sintieron agraviadas al no entender o no comprender la concepción caricaturesca.

Esa forma de ser le costó tropiezos en varias oportunidades, y tal vez haya sido la causa por la cual finalmente abandono su labor para dedicarse a los negocios.
Incorporado desde 1930 como dibujante en la revista "Estampas Chaqueñas", tropezó en muchas oportunidades con la incomprensión de las personas aludidas, que no entendían el sentido de la caricatura, ni se encontraban preparadas para interpretar el significado de las imágenes. Estas cuestiones le trajeron infinidad de problemas.
Una tira de historieta que fue mal interpretada le ocasionó un disgusto con el gerente del Banco Nación, lo que motivó que tanto el director como el dibujante debieran presentar ante él sus excusas, a fin de que la revista conservara el crédito en dicha institución.
En otra ocasión, una ingenua película dibujada en celuloide, en la que el héroe se arrojaba en paracaídas y quedaba colgado del pararrayos de la iglesia Catedral, desagradó al párroco del templo, que entendió que la circunstancia imaginada significaba una ofensa a la dignidad eclesiástica.
A raíz de estos y otros contratiempos, su empuje se limitó y se dedicó casi exclusivamente a dibujos comerciales, en lo que no obstante en ocasiones deslizaba su sentido del humor, cuando estimaba que los aludidos no habrían de ofenderse. Así, por ejemplo, representó a un pastor protestante que disertaba en una esquina céntrica de Resistencia con unos exagerados bigotes.

Pasado este tiempo, se dedicó a la exhibición de filmes cortos producidos en Buenos Aires, lo que significaba una verdadera novedad para el ambiente resistenciano. Ello ocurría en el seno de hogares de Resistencia, que a ese fin lo contrataban. No cejó en esas ocasiones en su intento de exhibir su producción, que a veces representaba imágenes tildadas de "escandalosas", como el caso de unas bailarinas de can-can que aparentemente no usaban prendas interiores. Esta cualidad estuvo a punto de frustrar su boda, a raíz del desagrado de su futuro suegro.
En 1946 todavía insistía con introducir su modalidad de expresión en una sociedad que no estaba abierta a recibirla. Ese año publicó el único número de la revista que editó, a la que llamó "Yacaré".
Su paso por el ambiente cultural de Resistencia, reunido casi habitualmente en el bar "Olimpo", es poco recordado. Tal vez porque su arte representaba una verdadera avanzada, incomprendida por la sociedad resistenciana del momento.










