¿Fin de época?
Rolando Toledo lo venía anunciando en su círculo más próximo y en público, pero no eran muchos los que le creían. Sin embargo, la semana pasada formalizó la comunicación que anticipa que el 28 de enero de 2023, cuando cumpla 70 años de edad, dejará el Poder Judicial del Chaco, donde fue el magistrado más poderoso y temido a lo largo de dieciséis años. Dejará ese rol para convertirse en un jubilado de la provincia.
De su determinación final, tan personal que por eso mismo es imposible escrutar a fondo, se conocen solo algunos aspectos, ninguno concluyente. Entre quienes lo tratan y conocen, las teorías e interpretaciones difieren: pudo ser una salida que siempre imaginó así, una definición reciente empujada por su entorno familiar, o consecuencia de una situación de debilidad política que lo dejó sin margen para la continuidad.

El hecho es que Toledo tiene los días contados en la Justicia del Chaco, donde su partida –dentro de exactamente cinco meses- es considerada por muchos como el principio de un final de época. ¿Será?
UN ASCENSO TRAS OTRO
Toledo, una vez recibido de abogado, no tardó en convertirse en una de las figuras sobresalientes del foro local. Su primera llegada a la función pública fue como integrante de la Comisión de Asesoramiento Legislativo, creada en el Chaco por la gobernación militar durante la última dictadura. Fue un órgano de escasos integrantes cuya misión era remedar el papel de la Legislatura, cancelada por el régimen castrense tras el golpe de 1976. Esa participación se iba a transformar en una mancha importante en el currículum de Toledo, sobre todo cuando casi un cuarto de siglo después apareció su candidatura a nuevo integrante del Superior Tribunal.
El segundo aterrizaje en un despacho oficial se dio luego de la reelección de Ángel Rozas como gobernador, obtenida en 1999, cuando el radicalismo lideraba la Alianza Frente de Todos y ganaba los comicios al trote. Toledo fue convocado para que se desempeñara como ministro coordinador, una suerte de jefatura de gabinete que desempeñó sin sobresaltos.
En 2006, ya con Roy Nikisch en la gobernación, el rozismo edificó el ingreso de Toledo al STJ. Muchos sectores se pusieron en alerta. El alineamiento político del candidato era claro y significaba instalar en la Corte provincial una mayoría de jueces afines al radicalismo, al sumarse a designaciones anteriores sacadas del mismo árbol. A la par, avanzaban acciones persecutorias contra dos juezas incómodas para el poder de aquel tiempo, las magistradas civiles de primera instancia Isabel Grillo y Cinthia Lotero de Volman. Ambas, con mucha valentía, libraban medidas cautelares que el rozismo consideraba obstructivas e injustificadas. La maquinaria comunicacional oficial se encargaba de demonizarlas una y otra vez. Lotero acabó siendo suspendida para un jury que, por la falta de sustento real en las acusaciones contra ella, jamás fue instrumentado.
Todo ese combo puso la cuestión judicial en ebullición. La dirigencia peronista, distraída en vasos comunicantes poco claros con el oficialismo, no se ocupó demasiado del asunto, salvo contadas excepciones. Pero grupos independientes, algunos gremios y movimientos sociales salieron a manifestarse en las calles. El fallecido abogado Rolando Núñez fue un abanderado de aquella batalla desigual. Hubo protestas que terminaron reprimidas con palos y gases. Toledo fue declarado ganador del concurso montado por el Consejo de la Magistratura y su designación se consumó el 31 de octubre de 2006.
CAMBIO DE MANDO
Con la asunción de Toledo se abría un nuevo ciclo. Que quede claro: el inicio del dominio radical en la justicia no cerraba un período de purismo e independencia. Lo que culminaba era el largo período durante el cual el peronismo había tenido mayoría propia en el STJ e iba así modelando la estructura tribunalicia a su imagen y semejanza.
Las etapas permiten ver que todos hablan de proteger la división de poderes, pero todos buscan una justicia amiga. La actual movida kirchnerista nacional para salvar a Cristina Fernández de las acusaciones del fiscal Diego Luciani lo confirma. Los fallos a favor son la verdad que triunfa, los fallos en contra son la coronación de perversas conspiraciones contra los líderes populares. Son hipócritas los oficialistas que condenan a los magistrados y los opositores que los defienden. Las excepciones se cuentan con los dedos de una pata de camello.
Toledo fue el hombre fuerte del Poder Judicial desde su llegada. Hasta sus escasos adversarios internos reconocían su supremacía, y aun cuando al año siguiente de su arribo la UCR fue desalojada del poder (por la agónica victoria de Jorge Capitanich sobre un Rozas que estuvo a pocos metros de llegar a su tercer mandato), su mano no dejó de estar firmemente aferrada al timón del barco judicial. Su capacidad para defender su espacio de poder y su carácter temible (es más fácil encontrar alguien que jamás haya cantado el cumpleaños feliz que una persona que diga que Toledo es afable) lo afianzaron como el macho alfa indiscutido de la manada. Nadie podía aspirar seriamente a ingresar en la Magistratura provincial o a subir escalones en ella sin contar con su respaldo o tan siquiera con una dosis suficiente de su indiferencia como para no ser bloqueado en el intento.
Si la Justicia del Chaco durante la última década y media pudiera ser convertida en una producción cinematográfica, Toledo sería el villano. Ahora bien: ese es un papel que no queda para cualquiera. No basta con ser el malo de la película. A él hasta sus mayores críticos le reconocen una gran capacidad para la gestión y una dedicación full time a las cuestiones del poder. A cara de perro, eso sí, pero con el despliegue de un pastor alemán entre los rebaños de la montaña.
LA VIDA MISMA
No es, tampoco, una película de malos queribles. "Hizo mucho daño", dice una persona que asegura haber enfrentado más de una vez los planes y el látigo de Toledo. Es que el hombre en retirada, cuando leyó aquel consejo de Maquiavelo acerca de que entre la posibilidad de ser amado y la de ser temido siempre convendrá elegir esto último, debe haber dejado el libro a un lado para ponerse de pie y aplaudir. Por eso muchos se sorprenden en estos meses de los flaqueos emocionales del ministro. "Se le quebró la voz más de una vez hablando de su retiro con jueces y funcionarios", dice una fuente que también pagó durante mucho tiempo las consecuencias de no tener su bendición. Por eso tiene más valor la opinión que suma en la charla: "Creo que, a su manera, al Poder Judicial lo quiere".
La decisión de dejar el campo de juego se da, además, justo en pleno desarrollo de una fortísima puja dentro del mundo de la Justicia provincial por la cláusula de la Constitución del Chaco que establece que los magistrados deben optar, al cumplir 70 años, por jubilarse o por buscar un nuevo nombramiento en sus cargos. Una jueza, Mercedes Riera, presentó una acción judicial objetando la manera en que el Consejo de la Magistratura aplicó esa disposición y la correspondiente ley reglamentaria. El Consejo pretende que Riera rinda un concurso de antecedentes y oposición junto con otros candidatos al cargo, y que lo conserve en caso de ganar la competencia. Ella considera que la evaluación de la que habla la Constitución no debe instrumentarse de esa manera. La historia tiene algunos elementos que rozan lo escandaloso, y la definición quedará en manos de un Superior Tribunal de conformación atípica. Hay dos ministros que fueron apartados y en el camino ocurrieron cosas –como mínimo- llamativas. ¿Toledo tenía alguna expectativa propia en la suerte de ese caso? ¿O, por el contrario, su elección por el trámite jubilatorio es un mensaje implícito acerca de que hay que aceptar los fines de ciclo? ¿O nada de eso cruzó por su cabeza?
Lo que está claro es que ningún dominio ni hegemonía se mantiene indefinidamente. Toledo, en los últimos años, fue perdiendo territorio, y eso hizo posible que arribaran al Superior Tribunal figuras como Isabel Grillo y Víctor del Río. También contribuyó que Jorge Capitanich, como gobernador, desistió de repetir los viejos vicios del PJ y de la UCR en la materia. La resolución del espacio que quedará vacío en enero mostrará si se afianza la despartidización de la Justicia provincial.
De todos modos, no bastará con que los tribunales estén lejos de los acomodamientos políticos de turno. El presente argentino necesita también que jueces y fiscales tengan la valentía de encarcelar no solamente a los ladrones que viven en las villas, sino también a los que se convirtieron en nuevos millonarios a costa del dinero que luego falta allí donde nacen y crecen las necesidades más dolorosas.










