Políticas energéticas para el largo plazo
El ciudadano de a pie ha podido comprobar en los últimos meses las implicancias que tiene la energía en la economía. Tanto en nuestro país como en el resto del mundo, el incremento en los precios de la electricidad genera enorme preocupación en amplios sectores de la población, lo que confirma la necesidad de evitar que el debate sobre políticas energéticas no quede siempre en la discusión de corto plazo.
Mientras por estas latitudes se espera a ver cómo impactarán las nuevas tarifas eléctricas en los bolsillos, las noticias que llegan desde Europa confirman que la invasión de tropas rusas a Ucrania alteró el equilibrio energético sobre el que se apoyaban las principales economías del mundo y los efectos del conflicto ya se sienten en todo el planeta. China, Estados Unidos, India y los países de la Unión Europea consumen 60% de la energía que se produce a nivel global. No es casual, entonces, que estas naciones tengan metas muy ambiciosas en materia de recursos energéticos. En la actualidad, el precio de la energía está directamente relacionado con el costo que implica la extracción del combustible, más lo que demanda procesarlo y distribuirlo. El sector energético es uno de los que más necesita políticas a largo plazo. Se trata de un sector que demanda grandes inversiones y cuyos resultados se obtienen a largo plazo. Por eso, cuando el debate sobre políticas energéticas no logra salir de la coyuntura y se queda en las discusiones superficiales lo que se tiene es un problema no resuelto, como ocurre actualmente en nuestro país que posee abundantes recursos energéticos provenientes de diversas fuentes, pero que no ha logrado extraerlos para convertirlos en reservas disponibles y así evitar tener que destinar los dólares que ingresan (que siempre son escasos) a comprar energía a otros países.
Hablar de energía implica también hablar de un uso responsable para que el usuario final pueda ahorrar dinero en sus facturas de electricidad y gas. Así, cada vez que una familia incorpore un artefacto eléctrico a su hogar, lo ideal sería que tenga en cuenta la eficiencia energética del artículo, para lo cual debe prestar una mayor atención a la información que brindan los fabricantes. De lo que se trata, en definitiva, es de obtener igual calidad de servicio con el menor uso de recursos posible. Por ejemplo, a la hora de comprar una heladera, un equipo de aire acondicionado, un lavarropas, un freezer o unas simples lámparas, se recomienda elegir el artefacto más eficiente ya que un cálculo erróneo puede llevar a adquirir un artículo con otras prestaciones que consumen hasta tres veces más. En nuestro país existen siete categorías de eficiencia energética, identificadas con barras de colores y letras en orden alfabético; que van desde el color verde y letra A para los aparatos más eficientes, hasta el color rojo y la letra G para los menos eficientes, cuyo uso diario se hace sentir en los bolsillos.
Por otra parte, un asunto para seguir de cerca es el de la energía solar, ya que la provincia del Chaco registra valores promedio de radiación solar que no deben ser desaprovechados. Pero hay que decir también que esa posibilidad de generar energía más limpia y abaratar costos tiene como principales obstáculos la alta inversión inicial que se necesita para acceder a las tecnologías que lo hacen posible. Además, está la falta de líneas de crédito para adquirir equipos. En este punto, vale aclarar que este tipo de energía se puede aprovechar utilizando paneles solares que convierten la luz del sol en corriente eléctrica; o como energía solar térmica, utilizando equipos diseñados para concentrar en un punto la radiación solar con el objetivo de calentar agua. Otra posibilidad es utilizar los rayos del sol para calentar agua que, al producir vapor, ofrece la fuerza suficiente para mover turbinas incorporadas a generadores eléctricos.
En 2019, la Legislatura provincial sancionó por unanimidad la adhesión a la ley nacional 27.424, que estableció un régimen de fomento a la generación distribuida de energía renovable integrada a la red eléctrica pública. Pero todavía falta mucho por hacer para que cada vez más hogares, comercios y empresas logren convertir la luz del sol en electricidad para autoconsumo.










