Las expectativas de la juventud
Las enormes dificultades que hoy enfrentan las nuevas generaciones para lograr, como mínimo, cierto nivel de vida alcanzado por sus mayores, es decir, un techo propio y trabajo digno, colocan a muchos jóvenes en un lugar donde resulta imposible proyectar a mediano y largo plazo.
Los reclamos planteados por un joven de 16 años de Pampa del Infierno en un encuentro realizado en Resistencia que tuvieron repercusiones en todo el país, vuelven a poner en el centro del debate público la relación entre la política y las expectativas de la juventud.
Un reciente sondeo realizado por la Fundación Colsecor, una institución que promueve los valores cooperativos, señala que cada vez hay más jóvenes argentinos que ante el escenario de creciente inestabilidad económica y teniendo en cuenta lo que vivieron las generaciones precedentes, afirman estar decididos a dejar el país si tuvieran la oportunidad de hacerlo.
Según esta encuesta, el 78% de los jóvenes que participaron en la encuesta respondió que sí cuando fue consultado sobre la posibilidad de emigrar. Lo que llamó la atención, además, es que esa cifra se incrementó si se la compara con el porcentaje que la misma pregunta arrojó en el sondeo del año pasado, que había sido de 60%.
Es que los obstáculos que enfrentan los jóvenes para imaginar el futuro de su vida, ya no a largo plazo, sino solamente en los próximos cinco años, vuelve tentadora la posibilidad de emigrar, aun sin tener una idea bien formada de cómo podría ser hoy la vida en el exterior, especialmente en estos momentos en los que el mundo todavía no termina de sobreponerse del impacto de la pandemia, situación a la que deben sumarse, además, los múltiples problemas derivados del conflicto en Europa del Este.
Por si alguien tiene alguna duda de que el mundo está atravesando un momento complicado, basta recordar que el presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió esta semana que Francia (la segunda economía de la Unión Europea) deberá hacer sacrificios por la inestabilidad generada por la invasión de tropas rusas a Ucrania que, según el mandatario, marcó "el fin de la abundancia".
En realidad, hace ya varios años que en el mundo desarrollado se ha consagrado la desigualdad. Así lo advirtió antes de la pandemia (en 2018, para ser más precisos) la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en un informe que tituló "¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social", y que fue publicado oportunamente por el Foro Económico Mundial.
Este estudio analizó distintas variables relacionadas con los ingresos, la posibilidad de acceso a una vivienda digna y a servicios de salud, entre otros factores considerados indispensables para garantizar cierto grado de movilidad social ascendente.
El análisis, que se llevó a cabo en 36 países, entre ellos la Argentina, llegó a la conclusión de que en la mayoría de las naciones observadas la movilidad social entre generaciones prácticamente no existe desde la década del 90, es decir la década en la que las corrientes de políticas económicas neoliberales se impusieron en distintas naciones occidentales dando como resultado un serio deterioro del bienestar económico y social de millones de personas.
Del informe se desprende que la movilidad social de padres a hijos es baja en las diferentes dimensiones de ingresos, educación, ocupación y salud, y lo mismo pasa en lo relacionado con la movilidad de los ingresos personales en el transcurso de la vida. En particular, advierte el informe, hay una preocupante falta de movilidad en la parte inferior de los estratos sociales, mientras que en la parte superior de la escala social uno de los datos sobresalientes es la acumulación de oportunidades.
De acuerdo con este estudio, Argentina integra junto a Chile, Francia y Alemania, el grupo de países donde se necesitan seis generaciones para que una persona nacida en el seno de una familia de bajos ingresos alcance un salario promedio.
En Irlanda, Corea del Sur, Portugal, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Austria y Suiza, se necesitan cinco generaciones para lograr la movilidad social; mientras que en Australia, Bélgica, Canadá, España, Grecia, Japón, Nueva Zelanda y Holanda, son cuatro las generaciones que se requieren para pasar de la clase baja a la media y alcanzar un bienestar razonable.
En Argentina, claro está, hoy la situación está más complicada. Cabe preguntarse si aquí, en nuestro país, la política está escuchando el mensaje de los jóvenes que quieren saber cómo será su vida en los próximos años y si podrán, como mínimo, alcanzar un nivel de vida como el de sus padres.










