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Siempre en mis recuerdos

Mario "Marito" Nestoroff

La fuerza de su lenguaje lírico reflejó los paisajes chaqueños, los algodonales, la generosa fauna, el perfume y el color de las flores, la gente sufrida y trabajadora. Pintando su aldea hizo conocer su nombre y sus cualidades de poeta en todo el país.

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El 21 de agosto de 1936 nació Mario en Las Breñas, pueblo al que le tributara hermosos versos. Sus padres, una vez instalados en el Chaco, al igual que los otros inmigrantes, fueron cosecheros. La gran virtud de la solidaridad hacía que se apoyaran unos a otros en sus tareas, en la búsqueda de lugares para establecerse, y sobre todo era de destacar el enorme apoyo moral para contrarrestar la melancolía. 

Pantaley Nestoroff buscó aquí oportunidades de paz y progreso. No pudo concretar el sueño de reunirse con su esposa e hijos, que había dejado en Europa. Pasaron los años y aquí conoció a una bella joven llamada Saba Panoff (Sara), búlgara de origen.

Los niños crecieron con educación esmerada. Numerosas fotografías dan testimonio de una vida en familia, con pulcra vestimenta, de muy buen gusto. Mamá Sara brindó contención afectiva, mas sus simples tareas restringieron su tiempo. Una tarde, mientras sus hijos jugaban se les cayó encima una estiba de algodón embolsado y Mario quedó atrapado; fue muy difícil rescatarlo. A la edad reglamentaria los niños ingresaron en una escuela de Las Breñas. Papá Pantaley seguía siendo exigente. De conducta militarizada, no admitía errores. 

Terminada la escuela primaria, sus deseos fueron continuar la secundaria en el Colegio Nacional "Justo José de Urquiza", de Concepción del Uruguay, Entre Ríos (prestigiosa institución fundada en 1849). Lo habían conversado con algunos amigos y tomaron la determinación de viajar. Importantes personalidades a lo largo de más de un siglo egresaron de ese colegio.

Por aquel entonces se comenzó a apreciar su fluida tendencia hacia las letras. Escribía versos, poemas, participaba en concursos literarios; se destacó por su interés y por sus cualidades de escritor. Siempre delgado, de menor estatura, el doctor Maxit le puso el apodo de "Gallo". Cada alumno tenía su sobrenombre.

Su vida y su obra fueron objeto algunas veces de estudio en la prensa. Hombres y mujeres de talla mayúscula en las letras hablaron de Mario. No se pretende aquí analizar sus versos, descifrar misterios, resumir su lira. Era de contextura delgada, muy educado, afable, respetuoso, quizá introvertido. Fue un soñador. ¿Buscaba refugio en sus sueños? ¿Una fuga de la realidad?

Era joven cuando ganó el concurso nacional organizado por el diario Clarín de Buenos Aires en 1960, "Canto a las Provincias", con motivo de conmemorarse el 150º aniversario de la Revolución de Mayo. 

A su poema lo tituló "Canto al Chaco" y el premio lo otorgó un prestigioso jurado: Jorge Luis Borges, Enrique Larreta, Fermín Estrella Gutiérrez, Ricardo Molinari, Lisandro Zía. 

Con fuerza, en lenguaje lírico, expresa la caracterización de los paisajes chaqueños, sus algodonales, su generosa fauna, el perfume y el color de sus flores, su gente sufrida y trabajadora. Esta distinción hizo conocer su nombre y sus cualidades de poeta por todo el país.

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Conocí a Marito deambulando en las calles y en los bares cuando trocaba versos, poesías y relatos por un café, una copa y un pucho. Su aspecto exterior era el de un vagabundo, flaco escuálido, con ojos saltones y mirada firme; su pelo rubio mostraba su origen gringo, el eterno pucho en los labios y su mano izquierda acariciándole el rostro, sus piernas cruzadas balanceando su cuerpo sobre la mesa. Pero su interior era el de un niño: su nobleza, su don de gentes y el respeto por el prójimo eran su carta de presentación.

Para cada ocasión tenía un poema a flor de labios. Los más requeridos eran los de Pablo Neruda. Claro que no faltaba el "Cinco guitas", de Héctor Gagliardi, o el "Muchos Abraham habrán como Abraham, pero nunca habrán como Abraham…", y se hacía interminable.

Creo que con él entendí lo que es la adicción al alcohol, cuando una noche sentado a mi lado en una charla de café y copas le dije: "Basta, Marito, ya no podes tomar más", advirtiendo su estado calamitoso, y él me imploraba, aferrándose a mi mano, por una copa más. 

Cuando en ocasiones muy aisladas recibía atención médica y se alejaba del alcohol, su aspecto mejoraba notablemente y ese era el Marito que todos queríamos ver. Su mayor benefactor y padrino en Resistencia fue Don Raúl Delfino Berneri. 

Me acuerdo de que en una ocasión me contaba que su adicción al alcohol comenzó luego de su regreso del viaje a Bulgaria, donde no encontró la panacea que había ido a buscar y a su retorno tampoco encontró más a su amor, que había dejado por más de dos años. Me quedó el recuerdo de ese Marito, bohemio y lírico, como un apóstol, evangelizando con su poesía.

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