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La estratégica industria de semiconductores

En un mundo globalizado que depende cada vez más de los servicios y productos digitales, los semiconductores se han convertido en componentes estratégicos. Prueba de ello es la reciente visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU., Nancy Pelosi, a Taiwán. Es que en esta pequeña isla, ubicada al este de China, se fabrica gran parte de los microchips que se utilizan en todo el planeta.

La crisis de semiconductores se agravó a finales de 2021, básicamente por dos motivos: por un lado, por las restricciones que se habían impuesto en las fábricas de chips en los meses más duros de la pandemia de Covid-19 y, sumado a ello, por el incremento que se registró a nivel global en la demanda de computadoras para trabajar o estudiar desde los hogares. Si bien la producción de estos componentes se fue normalizando poco a poco, la recuperación plena de las cadenas de distribución del sector fue más lenta de lo que se esperaba por lo que clientes de la industria electrónica y, especialmente, de la automotriz comenzaron a sentir los efectos de la escasez de microchips. El impacto se sintió en todas las regiones del planeta y, por supuesto, también en nuestro país, donde las plantas de montaje de dos fábricas de camionetas ubicadas en la provincia de Córdoba, informaron que se veían obligadas a detener temporalmente la producción de sus vehículos debido a la falta de semiconductores.

El año pasado, cuando empresas europeas fabricantes de automóviles sintieron la falta de microchips, los países de la Unión Europea avanzaron con la aprobación de leyes para declarar estratégica la industria de semiconductores. La movida también tuvo una rápida respuesta de Bruselas que aceptó destinar varios millones de euros en subsidios para atenuar la dependencia tecnológica europea de Estados Unidos y China. Los expertos advierten que estos componentes se han convertido en uno de las piezas de mayor importancia geopolítica global y que explica, en buena medida, la puja entre China y Estados Unidos en la carrera por el dominio de eslabones clave en el mundo de la tecnología. Por eso hay quienes afirman que la visita de Pelosi a Taiwán no fue estrictamente diplomática, sino que tuvo un trasfondo económico y estratégico, ya que en la pequeña isla se fabrica 20% de la oferta mundial de semiconductores, y más de 90 % de los chips que necesitan los equipos más complejos. En línea con esa movida está la decisión del presidente norteamericano, Joe Biden, de destinar una fuerte ayuda estatal (280 mil millones de dólares) a las plantas de producción y al desarrollo e investigación de semiconductores en los Estados Unidos, con el objetivo de que su país deje de depender de los microchips asiáticos, especialmente los fabricados en China y Taiwán.

Por otra parte, el Instituto Español de Estudios Estratégicos publicó un documento en el que advierte sobre las consecuencias de la batalla que se está librando a escala global por el dominio en el desarrollo, producción y acceso a tecnologías emergentes clave. "Está en juego tras ello la capacidad de países y grupos de países para reducir su dependencia tecnológica y asegurar la provisión de componentes, productos, sistemas y servicios avanzados que permitan mantener su competitividad y asegurar un grado suficiente de soberanía tecnológica", observa el informe.

El documento señala, además, que las grandes potencias, entre ellas la propia UE en su conjunto, en estrecha interacción con los sectores privados están librando una batalla por el control del mercado mundial, de las cadenas de suministros, y de la oferta de servicios a los ciudadanos, protegiendo sus intereses nacionales.

En el marco de lo que algunos llaman "guerra de semiconductores", Estados Unidos presentó en agosto pasado una iniciativa bautizada Red Limpia que tiene como propósito eliminar los componentes chinos de los dispositivos electrónicos estadounidenses. Todos estas noticias muestran un nuevo movimiento de placas tectónicas de la geopolítica global que confirman la importancia de la industria electrónica. La Unión Europea ha tomado nota del nuevo escenario, y por eso no demoró en plantear la necesidad de un nuevo marco regulatorio para recuperar su soberanía tecnológica.

Los países de América Latina, en tanto, que siguen sin poder cristalizar la unión regional, seguirán siendo meros consumidores de la tecnología de otros.

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