Cosas veredes… Argentina
Estamos acostumbrados a tantas cosas en nuestro país que pensamos que ya nada puede sorprendernos. Pero no es así. En cualquier lugar del mundo no sería noticia destacada que las dos principales figuras políticas de un país se reúnan a conversar y acordar medidas de gobierno.
En Argentina eso no sucede. Se reúnen, lo ocultan, cuando trasciende lo niegan, y por supuesto la culpa es de la prensa. A los dos días se confirma todo y nadie aclara nada.
No sería la primera vez que expulsan del gabinete a algún ministro mientras se halla haciendo gestiones fuera del país.
A menos de treinta días de su nombramiento, la ministra Batakis no habrá tenido un viaje placentero de regreso de su reunión con el FMI.
El conocido militar carapintada Aldo Rico llamó a reunión a sus camaradas, explicándonos que eso significa juntarse previamente a algún enfrentamiento bélico. ¿Para qué? ¡Para defender la democracia!
El presidente ha dicho casi a los gritos que le ha declarado la guerra a la inflación, y que en eso será inflexible.
A los pocos días dirá que hará todo lo posible para derrotar a la inflación, mientras los que saben predicen que tal vez sea un récord el porcentaje al cerrar julio.
Luego dirá que la lucha contra la inflación continúa y que estamos atravesando los problemas lógicos de un importante crecimiento.
Mientras tanto, su ministro de Economía renuncia haciendo un ruido enorme, complaciendo así a la vicepresidenta, más preocupada por sus causas y problemas judiciales que por la cada vez mayor decadencia del país y declarándose indignada por esa renuncia, como si no se supiera que ella pidió su expulsión.
La responsabilidad del aumento descontrolado del dólar —o en realidad de la caída de nuestro peso— es de los silos bolsa.
No entienden por qué el campo no liquida lo que guarda cuando el precio de la tonelada de soja en Chicago llega casi a u$s 600.
Lo que no dicen es que el productor recibe hoy menos de $ 100 por cada tonelada. Por lo tanto, hay que incitar a la violencia para la destrucción de los silos sin que nadie ejecute alguna medida judicial contra esas peticiones.
En paralelo con el pedido de romper o incendiar la soja almacenada, el presidente dice sin explicar cómo llega a la cifra, que la soja embolsada llegaría a 20.000 millones de dólares, o la senadora nacional Juliana di Tulio muestra un video de silos depositados cerca de una ruta nacional. Resultó un video viejo, de silos que no contenían soja y que eran propiedad de una fábrica de aceite de girasol. No importa, el discurso continuó.
Hebe de Bonafini también se sumó en los insultos al presidente llamándolo mentiroso y otras cosas, obedeciendo así las ordenes de la vicepresidenta y sin que insultar públicamente al presidente conlleve la correspondiente denuncia judicial.
El dólar blue es un mercado ínfimo que "no mueve el amperímetro", pero pretenden que el turista venda sus dólares en un banco a precio mayor que el oficial o inventan otro tipo de dólar para dar migajas al productor de soja.
La culpa de la pobreza de la mitad de la población argentina es culpa del individualismo y la meritocracia. La culpa la tiene cualquiera que no sea yo, nos dicen desde el oficialismo.
Tampoco explican cómo es posible que la guerra en Ucrania motiva que la moneda ucraniana sea más fuerte que la nuestra, que los bonos ucranianos coticen mejor que los bonos argentinos, que todos nuestros países vecinos tengan una mínima inflación anual o les sobren dólares y tengan crecimiento genuino.
El campo puede aportar lo que necesitamos, pero se lo quiere destruir.
¿Qué sector de la economía argentina puede aportar tanto directa e indirectamente? Esta historia ya la hemos vivido, pero es evidente que no aprendimos nada, mientras se impulsa una marcha contra la Sociedad Rural a la espera de enfrentamientos.
La CGT llama a una marcha de protesta, pero explicando que no es contra el gobierno, aunque tampoco a favor. El pueblo carenciado cortando calles, avenidas y rutas, reclamando soluciones que en este gobierno nadie está en condiciones de dar.
Lamentablemente, dentro de los reclamos populares los gritos pidiendo trabajo digno en lugar de planes que denigran, no se escuchan.
Que se escuchen esos gritos sería un signo muy alentador. En lo individual y para todo el país. Se transformaría en un reclamo esperanzador.
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