Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
Carlos “Carlucho” Lutringer

El gran capitán

Hijo de Enrique Lutringer y de María González, nació en Resistencia, el 24 de julio de 1938.

Foto1.jpg
Carlos Lutringer.

En la Escuela 26 realizó los estudios primarios y cursó hasta segundo año en la Escuela Nacional de Comercio. Desde muy chico demostró sus virtudes, tanto en el fútbol como en el básquet, aunque su gran pasión fue este último.

El doctor Pedro Enrique Zeinsteger fue relator de ocho campeonatos argentinos consecutivos desde 1969 a 1976, aunque lo hacía como notero desde 1963 por LT 5 Radio Chaco.

Como chaqueño siguió muy de cerca la trayectoria de "Carlucho", y le quedó este recuerdo: "Era un organizador extraordinario, con destellos de espectacularidad, de juego veloz e intuitivo. Siempre decía que al básquetbol lo descubrió algo tarde, porque empezó destacándose en el fútbol (tenía una calidad asombrosa con los pies)... Luego se hizo conocer a nivel nacional e internacional en nuestro deporte".

A temprana edad deslumbraba en el ámbito local, jugando para su querido Club Villa San Martín. Esto lo llevó a jugar en la selección chaqueña con apenas dieciocho años. La irrupción del Chaco en la final del Campeonato Argentino de Mendoza, en 1963, no fue casual. El 26 de enero, en ese campeonato, el Chaco obtuvo su mejor colocación, logrando el título de subcampeón. 

"Carlucho" hizo cosas notables en el partido, pese a que su ánimo era muy bajo

(como el de todos) por la tragedia aérea que costó la vida de sus amigos, en Santiago del Estero. En ese siniestro fallecieron Margosa, Bellini, Velozo, Díaz Setuvi y otros chaqueños que viajaban a ese gran evento.

Para hablar en jerga tenística, el Chaco era un "top ten" del básquetbol argentino. Y repárese en el enorme valor que se le da en el tenis a ser "top ten"... El abanderado de esa época fue Carlos "Carlucho" Ernesto Lutringer. 

Foto2.jpg
Club Villa San Martín, multicampeón de los ´60 y ´70.

"Por su franqueza y humildad, era una de las personas más queridas del ambiente básquetbolístico de Resistencia", según lo describió el diario porteño Crónica.

Su aparición nacional se había producido en el Campeonato Argentino realizado en Bahía Blanca en 1957, única vez en la historia en que se disputaron simultáneamente las competencias nacionales de varones y mujeres. Esto dijo de él, en la revista El Gráfico, el periodista Carlos Fontanarrosa: "Chaco contó con una serie de jovencitos (Carlos Lutringer y Roberto Valussi, entre ellos) que ya están en la ruta de calidad trazada por los chaqueños. Allí se juega buen básquetbol y ya lo demostrarán". Al año siguiente volvió a escribir en la mítica publicación: "Un jovencito, que ya se mostrara en Bahía Blanca, esta vez dejó claramente afirmada la idea de que se trata de una de las revelaciones del campeonato: nos referimos a Carlos Lutringer, apto para todo servicio. De condiciones innatas, tiene su "talón de Aquiles" en sus rodillas de "cristal", defendidas por la presión de un par de rodilleras. Es figura de gran futuro, siempre y cuando salve, anule o cure este inconveniente". Y qué razón tenía aquel periodista de El Gráfico, ya que para "Carlucho" sus rodillas fueron su martirio. Hoy, con el avance de la medicina, seguramente ese no hubiera sido un inconveniente.

Foto4.jpg
"Carlucho" y "Peny" Corvalán.

No extrañó entonces que "Carlucho" fuera llamado a la selección nacional. En 1960 lo convocó el santafesino Raúl Calvo para el Campeonato Sudamericano de Córdoba. Argentina ocupó el tercer lugar, con cuatro triunfos y dos derrotas. Su acceso se produjo a través de la preselección nacional surgida en el Argentino de La Pampa. Lutringer fue uno de los 18 titulares convocados. También fueron nombrados 12 suplentes.

Volvió a ser convocado para integrar el seleccionado nacional en diversas oportunidades. En 1961 fue designado capitán en el Campeonato Sudamericano disputado en Río de Janeiro, Brasil. En 1963 participó en el IV Campeonato Mundial, en el Maracanazinho, también de Río de Janeiro.

Foto3.jpg
"Carlucho" Lutringer, Walter Dosso, "Buqui" Carlén, "Peny" Corvalán y "Potolo" Sánchez (dibujos de Raimend)

Los periódicos resaltaron su accionar y su gran personalidad, comentando: "Carlos Lutringer es una de las cumbres de este deporte. Representa la síntesis del esfuerzo continuado, de las energías dedicadas totalmente al cultivo de su ideal deportivo. Pero también es la imagen del triunfador. Lutringer llegó al punto en que puede vivir de recuerdos". 

Con sus fuerza física de su 1,85 y 83 kg, "En el Mundial de Río de Janeiro Lutringer ya estaba afianzado en la selección nacional". Su tercer y último Sudamericano, todos consecutivos, lo jugó en Lima, en 1963. Fue designado por el santiagueño José Barrientos y nombrado capitán de un plantel donde coincidieron Tito Ballícora, Norberto Battilana, el "Húngaro" Crespi, "Caña" Desimone, Zoilo Domínguez, Lito Fruet y Alfredo Tulli. Terminamos en el tercer lugar.

El 10 de enero de 1966 El Territorio, con grandes titulares anunciaba: "Carlos Lutringer, el básquetbolista chaqueño de mayor trascendencia en el orden nacional. Con estampa de crack, del Club Villa San Martín, donde dio sus primeros pasos, saltó a la selección nacional. Fue considerado el jugador chaqueño de mayor gravitación en el orden nacional. Su número 4 se hizo famoso. Carlos Lutringer se ha convertido en el básquetbolista chaqueño que mayor relevancia ha tenido en el baloncesto nacional. Su nombre resonó en el país y en el exterior, no sólo por ser integrante de los seleccionados, sino por su calidad indiscutible. Carlos Lutringer, con sus capacidades y virtudes dejó su marca en su paso por las canchas. Fue un jugador de lujo; ello le valió ser capitán del seleccionado argentino en campeonatos sudamericanos y mundiales. Luego de alejarse de las canchas como jugador continuó como director técnico del seleccionado del Chaco y de varios clubes (Don Orione, Cosecha, Hindú), imprimiendo el sello de su característica, corazón y picardía. 

Llegó a las cumbres más altas: capitán por varios años del seleccionado nacional. Fue siempre práctico, ganador, positivo. Excelso deportista y extraordinario hombre de riquezas humanas que representó y representa al hombre que se inserta en la comunidad como ejemplo por su conducta y su personalidad que trascienden cualquier dicotomía".

Foto6.jpg
Seleccionado del Chaco, subcampeón argentino, Mendoza, 1963.

Tras su retiro como jugador activo, Lutringer se dedicó a ser director técnico. En enero de 1983, cuando estaba a cargo de Hindú de Resistencia, asomaba en su plantel —conmocionando— lo que la revista "El Gráfico" calificó como "un diamante de 2,16 m": el gigante Jorge González. "Carlucho" lo llevó de la mano con su mejor forma y logro lo más difícil de todo: que este gigante que llegó a los 2,30 m aprendiera los fundamentos del básquet y los demostrara en una cancha. Tuvo la sinceridad y la nobleza de confesar que jugador de semejante tamaño y proyección sobrepasaba sus posibilidades de entrenador y requería un adiestramiento más avanzado. Después fue entrenador de Don Orione, de Barranqueras. En la primera edición de la Liga Nacional, Lutringer condujo a Cosecha de Resistencia en la entonces Primera "B". 

Falleció en la Capital Federal el viernes 24 de enero de 1986 a los 47 años. Había sufrido un aneurisma y durante 13 horas fue operado en el Hospital Italiano. Sus restos fueron velados en el Club Villa San Martín, tan consustanciado con su trayectoria deportiva, y fueron sepultados en el cementerio San Francisco Solano de Resistencia. Había muerto un pedazo histórico del Chaco. Como bien dijo Crónica: "Su nombre era sinónimo de básquetbol para todos los chaqueños". La Municipalidad de Resistencia, haciéndose eco de una petición de la comunidad, resolvió por Ordenanza 2610 del 16 de noviembre de 1994 imponer nombres a las calles de grandes figuras

del deporte local que trascendieron los límites de la provincia. El nombre de "Carlos Lutringer" figura en una calle paralela a la Avenida Malvinas Argentinas, del Barrio Jardín Barberán.

Dedicado a Carlucho

Foto5.jpg
Maracanazinho, Río de Janeiro.

"Mi mayor recuerdo, el que guardo como un tesoro en el corazón, era ser tu amigo, ese entrañable amigo de todos los momentos, el que estaba siempre atento a los requerimientos del prójimo, el compinche de bar. Te conocí cuando yo era un niño. Que me saludaras era como tocar el cielo con las manos; si eras mi ídolo máximo del básquet. El mago, jugabas de galera y bastón, tus pases mágicos engañando con la vista, o una faja en el momento oportuno (que le hicieron comer la pelota a más de un compañero desprevenido). En tus pies el rectángulo parecía una pista de baile y en tus manos los aros como sortijas de carrusel. Tus dedos deformes por tanto pique y rebote, acariciaban la pelota como a la más bella dama. En tus piernas chuecas siempre lucías dos rodilleras características, que escondían un sufrimiento por el dolor que padecían tus articulaciones, que troncaron prematuramente tu carrera. Tu otro gran amor fue la camiseta del Chaco. Los momentos más gloriosos de la selección chaqueña a nivel nacional fueron con tu presencia y siempre acompañado del histórico rival, amigo y compañero Mito Outeriño (el otro grande del básquet chaqueño). Parecían dos criaturas jugando, pero con toda la seriedad que la ocasión imponía en el momento. Contar con vos era como ir con el as de espadas. Hasta que llegó la gloria, la capitanía de la selección nacional. Un hijo dilecto del Chaco representándonos en el Sudamericano de Río de Janeiro, en el mítico Maracanazinho, se deslumbró con tu juego, el ritmo del samba parecía asociado a tus movimientos. El pan de azúcar, las playas de Copacabana e Ipanema, la música de Vinicius y Tom Jobim y las plegarias ante el imponente Cristo Redentor dieron inspiración a tu mejor momento básquetbolístico. Ya en las postrimerías de tu carrera tuve el gusto de compartir contigo la cancha en partidos informales. Era un placer y un lujo estar a tu lado. El jugador le dio paso al técnico y también recibiste la gloria de manos del club Cosecha. Una de las más cálidas noches de enero recibimos lo que no queríamos escuchar nunca: la noticia de tu partida. El llanto y la congoja se apropiaron de nosotros, tus amigos. La despedida póstuma fue en tu casa, en el Villa; no cumplías 50 todavía, muy joven para tanta vida. Me quedó nuestro comentario, con sarcasmo, cuando decíamos: "Si yo estuviera en Francia, seriamos Lutrinyé y vos Beverayí". Nuestro saludo cotidiano eran un abrazo y fuertes palmadas. ¡Sabés cómo extraño esos abrazos, Carlucho!".

Te puede interesar