El precio privativo de la cultura
Existen muchos índices por los cuales podemos hacer mediciones sobre la inflación y el precio general de productos y servicios. Desde los organizados por el estado, como el Indec, hasta el divertido e insuperable índice big mac; que mide el poder adquisitivo del país donde se comercializa la clásica hamburguesa en relación con la paridad del dólar. En este orden de ideas, la desvalorización del peso es incuestionable.
En el Chaco podemos encontrar cadenas conocidas de venta de libros y también emprendedores que llevan adelante pequeños bookstores, realizando comercializaciones por redes sociales donde promocionan sus emprendimientos. Lamentablemente, ninguno es superador o atractivo en relación con sus precios, aunque claro, no son los culpables de la situación actual.
EL VALOR DE UN LIBRO
El valor de un libro de lectura cotidiana y recreativa es privativo. El libro se convirtió en un objeto de lujo, suntuoso y reservado para un grupo de personas no muy grande. Como ocurre en todos los ámbitos de la vida, aquel que posea un hobby o un gozo especial por algún asunto, buscará la forma de poder conseguir eso que tanto le gusta, o se privará de otros bienes para poder adquirir los de su preferencia. En el otro extremo podemos encontrar al sujeto que quiere iniciarse y tener un nuevo pasatiempo, tomar el gusto de la lectura, aceptar una recomendación o crecer como persona y vivir el mundo del libro. Este, se va a encontrar con una sorpresa financiera que podría terminar desalentando la compra, y en conclusión, desalentando la cultura.
UN LIBRO Y MEDIO POR AÑO
Argentina tiene un promedio de lectura de un libro y medio per cápita por año. Frente a EE.UU. con 12; y Canadá con 17. La lectura no solo eleva las condiciones personales, también lo hace a nivel social.
Somos alfabetos en proceso de descenso y retroceso cultural, de manera indirecta y tal vez sin pensarlo, nos están cercenando ese derecho a crecer. Se oyen muchas voces sobre el desarrollo de la cultura pero la realidad nos demuestra otra cosa, el paño se achica cada vez más.
Cuando la población está preocupada por comer, pagar los servicios del hogar, pagar cuotas escolares, vivir el día a día y luchar contra el empleo informal, resulta difícil imaginarse la evolución o una revolución cultural. A niveles generales las buenas ideas, la ilustración, los proyectos recreativos y los emprendimientos duraderos nacen en un contexto económico sano. Un joven no puede apuntar a ganar un premio en innovación o generar un emprendimiento real si está preocupado por su próxima cena, o si el dinero con el que cuenta le va a alcanzar para todo el mes.
NO LEER, UN RETRASO PARA LA SOCIEDAD
El aumento de precios en los libros es una cuestión que me golpea en lo más profundo de mis agrados, y a la vez me lleva a sacar un conclusión muy personal… salir adelante como sociedad nos va a costar mucho. Además, y siguiendo una idea de Ralph Staiger, para cambiar el chip de la persona que no lee debemos ofrecerle algo a cambio, algún incentivo de mejora que puede ser, como mínimo, un sistema de valores dentro del cual se sienta representado por ser lector. Si esta cuestión no se fomenta y el sistema económico no facilita la apertura, el panorama no es bueno.
La persona que ha tomado el gusto por la lectura se deja sorprender con cada compra… Pasa el dedo pulgar por el borde… hace correr todas las hojas y deja soltar el perfume que desprende un libro nuevo, lo carga en su bolsa y vuelve alegría a su hogar.
Soy un paseador de libros, llevo siempre uno debajo del brazo, en una mochila o en el asiento del auto, vaya donde vaya. Y aunque muchas veces ni siquiera lo abro, el hecho de tenerlo me da la posibilidad de hojearlo en un banco o una sala de espera si la cosa se pone tediosa.
EL ALTO COSTO DE LEER
Años atrás, cada fin de semana, solía salir caminando desde mi casa para llegar al negocio de mi vendedora de libros de confianza. Cada sábado adquiría un ejemplar de mi agrado, sumándolo así a una pequeña biblioteca personal. Para hacer eso mismo, a la fecha, se necesita de un buen presupuesto. La persona que desee intentar con el mundo de la lectura se encuentra con Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin, conocido y en auge a partir de la serie de Juego de Tronos de la cadena HBO, por una suma aproximada de $5.500, y la colección completa en buena calidad por aproximadamente $27.000.
Un libro de fantasía de Brandon Sanderson, autor estadounidense, se vende aproximadamente por $6.500.
Una obra de Isabel Allende, escritora chilena de primera línea, arranca por los $4.500. Por citar un último ejemplo, Rayuela de Cortázar cotiza también por unos $5.000. Mañana tal vez estén un 10% más. Si bien los montos no son exorbitantes, tenemos que ponerlos en perspectiva. No estamos comprando un vehículo 0km; una obra que atrapa al lector se termina en una misma semana o inclusive menos desde la compra.
La ilustración, las ideas, los conocimientos y el mejoramiento de la sociedad no suelen germinar en un ambiente hostil, donde la educación de calidad no está garantizada. Además, cuando estamos corriendo por un plato de comida resulta difícil que una buena idea aflore, o que el interés cultural salga a flote. En promedio, estamos condenados.
LA FAMILIA, EPICENTRO DE LA EDUCACIÓN
La familia es el epicentro de la educación, el entorno general influye en el desempeño general. En un mundo creativo, tenemos grandes probabilidades de ser creativos. En un ámbito rodeado de libros, probablemente nos interesen los libros, es una cuestión de probabilidades.
Sería bueno preguntarnos como se encuentra nuestro ambiente, y que podría germinar en nuestro ecosistema… desde el hogar y nuestras relaciones, hasta la misma ciudad, provincia y por supuesto, el país entero…
(*El autor es abogado)
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