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Dejarse de joder

Raúl tiene 44 años y dos hijos. Con su esposa lograron, mediante mucho esfuerzo, comprar un terreno en la periferia de Resistencia, y este año fueron adjudicatarios de un crédito de la versión actual del Plan Procrear. Ella tiene un salario en blanco de 55.000 pesos en el comercio, él conduce un remís y realiza otros trabajos cuando surge la oportunidad.

A mediados de abril les acreditaron los fondos del préstamo blando del Estado, 3,3 millones de pesos destinados a la construción de una casa de 60 metros cuadrados que deben finalizar -a más tardar- en doce meses. Como el terreno estaba sin escriturar, para concretar ese trámite e inscribir la obra perdieron semanas enteras en oficinas públicas provinciales y municipales. Ahora, cuando se ocuparon de comprar los materiales, el sueño comenzó a tener algunos aspectos de pesadilla.

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En mayo, los hierros que necesitaban para cimientos, paredes y techos representaban un presupuesto de 400.000 pesos. En la semana que pasó los compraron por 590.000. También subieron los demás elementos. La bolsa de cemento, que estaba a 800 pesos, ahora pasa los 1.100, y los mil ladrillos se movieron de 16.000 pesos a unos 20.000. No es el final, porque los números cambian casi día a día.

El resultado es que el préstamo, que en abril ya era corto pero alcanzaba para los aspectos "gruesos" de la nueva casa (cimientos, paredes, techo, contrapiso, el equipamiento del baño y algunas aberturas), ahora permite hacer todavía menos que eso.

La familia gastó 1,4 millones en una parte de los materiales y necesitará entre 1,8 y 2,0 millones más para los que faltan, sin contar el costo de la mano de obra.

"Es un problema grave, porque el crédito es muy bueno en sus condiciones pero no veo cómo voy a poder cumplir con hacer la casa en el plazo que nos fijan -dice Raúl-. Nosotros no podemos tener acceso a otro financiamiento ni podríamos pagarlo. Una opción es vender mi auto, pero me quedo sin mi herramienta de trabajo. Y mientras tanto todo sigue subiendo", dice.

LA VERDADERA TRANSVERSALIDAD

La historia de Raúl y su familia es una más entre las millones que conforman el día a día de la decadencia argentina.

La diferencia es que ahora que todo cruje, se vuelven más asfixiantes y visibles. Es virtualmente imposible mirar alrededor y no encontrar reflejos nítidos de cómo la acumulación de décadas de politícas insustentables ha llegado a un punto dramático.
La inflación, esa fiebre inconfundible de la enfermedad nacional, no hace más que sincerar todo lo mal que se administró la nación. La consecuencia directa es el incremento de la pobreza, que ya cubrió por completo a los desocupados y subsidiados del Estado, pero también a la tercera parte de los trabajadores con empleos en blanco.

"Antes de la pandemia, en toda la provincia atendíamos a unas 15.000 personas. Durante la emergencia por el covid la cantidad creció, porque además de los chicos y chicas empezaron a aparecer los hermanos mayores, los padres, los abuelos. Y ahora también aparecen las familias de los que tienen trabajo, porque tampoco les alcanza", contaba ayer Sonia Cardozo, coordinadora de los merenderos y comedores que gestiona el movimiento Barrios de Pie. Actualmente a esos centros concurren 50.000 chaqueños, más de tres veces la cifra de comienzos de 2020.

Los empresarios pymes también están impactados por el endurecimiento de todas las variables. Sus proveedores dejaron de entregarles mercaderías e insumos, o aplican una remarcación "por las dudas" que varía del 10 al 30%, según los rubros. "Los que tienen espaldas para aguantar prefieren esconder su stock, pero son el 2% del total. Los demás tenemos que vivir el día a día. No se entiende que para un empresario pyme no trabajar dos semanas puede ser la diferencia entre seguir o cerrar", dice un dirigente del sector. Y grafica el cuadro: "Es como que venimos con una pelea en la que en los rounds anteriores ya nos metieron setenta piñas, nos dejaron tambaleando, y ahora nos están pegando directo en la cara".

Algunos, los que pueden, pasan sus precios en moneda extranjera. Un emprendedor del rubro eventos contaba este fin de semana que desde finales de junio pasa sus presupuestos en dólares. "Yo no puedo pasar un precio en pesos para un casamiento o un cumpleaños de 15 que va a ser dentro de cinco meses", explicó.

Otro, dedicado a la comercialización de productos textiles, dice que la preocupación es doble: "Por un lado no podés comprar lo que necesitás, porque muchos proveedores no tienen precios, y por otro lado la mala situación hace que caigan las cobranzas que deberías estar haciendo. Lo que intento, mientras, es invertir mis pesos lo antes posible. Pero, por ejemplo, me cancelaron la compra de una máquina para bordados, de un millón y medio de pesos, porque el vendedor dice que ahora no puede saber cuánto vale. O sea, querés invertir pero no podés; querés cobrar y tampoco. Y mientras tanto tenés que seguir pagando impuestos, servicios, sueldos".

DESCALIBRAMIENTOS

Otro sector tradicionalmente complicado en contextos como el actual es el de los servicios médicos. Desde una clínica privada de Resistencia mostraban ayer números elocuentes: los insumos, en lo que va del año, ya aumentaron un 62%, sin contar los que están dolarizados y saltaron mucho más. Algunos directamente no se entregan. Las droguerías cortaron todo tipo de financiación. Las obras sociales, en paralelo, ajustan sus aranceles a un ritmo muy inferior a los de la economía real. La salud privada, así, se vuelve cada vez más prohibitiva para el trabajador promedio y su familia. El plus médico en consultorios solo excepcionalmente baja de los 1.500 pesos, y los aranceles extras que debe abonar un afiliado por una cirugía caen habitualmente en la franja de los 30.000 a 60.000 pesos.

Esas circunstancias acrecientan la demanda sobre el hospital público, al que concurren personas que tienen empleo en blanco, tienen cobertura social, pero lo que no tienen es efectivo suficiente como para pagar las sumas adicionales que cobran profesionales y clínicas para compensar el derrumbe del valor real de los aranceles.

El descalibramiento de la economía es tan grande que también golpea en el dueño de la pelota, el Estado. La administración chaqueña estuvo apurando en los últimos días mecanismos de compra de insumos críticos para no quedarse sin provisión y adelantarse todo lo posible al retaceo y la remarcación. Por ejemplo, en todo lo relacionado con medicamentos e insumos hospitalarios. Incluso, se considera la posibilidad de que algunas licitaciones de obras queden desiertas mientras persista el sacudón y no se sepa en qué acaba. ¿El motivo? Las empresas no quieren compulsar por contratos que en tiempos normales son los más atractivos del mercado pero que ahora, en las riberas de una hiperinflación, pueden convertirse en un tobogán hacia la sepultura.

LA PATRIA

La música de fondo en todo esto es la secuela social. La clase media se vuelve pobre, los pobres se vuelven indigentes, los indigentes pronto necesitarán una nueva denominación. Y si uno mira hacia arriba, el país de abajo no aparece reflejado en las cosas que se dicen, en las actitudes que se tienen. El circo, despacito y a lo largo de no menos de cincuenta años, se nos llenó de payasos tristes.

El viernes, al recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional del Chaco Austral, Eduardo Duhalde recordó el contexto en el que le tocó hacerse cargo de la presidencia a comienzos de 2002. Habló de cuando en los ’70 llegó, muy joven, a la intendencia de Lomas de Zamora e integró a los concejales radicales a la gestión aunque eran apenas seis sobre un total de 24. "Me di cuenta -contó- de lo fácil que es gobernar cuando estamos todos juntos. Hoy estamos muy entretenidos peleándonos. Hay que gobernar juntos y dejarse de joder".

Ahora que por el 9 de Julio tanto se habla de la patria, viene bien preguntarse qué es exactamente. ¿Una abstracción? ¿Un territorio? ¿Un sentido de pertenencia? ¿Una bandera, una infancia, un barrio, un conjunto de afectos, un proyecto compartido, la mirada de los hijos? Seguramente, un poco todo eso, mezclado con los sueños de los hombres y mujeres del montón, llenos de simplezas que se volvieron inalcanzables, y tan pero tan llenos del derecho a hacerse realidad alguna vez.

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