Un fino equilibrio
La renuncia del ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, llega en momentos en los que el país atraviesa una difícil coyuntura en el frente interno agravada por una economía global que ya empieza a dar señales de enfriamiento.
Su sucesor tendrá que parecerse a los equilibristas que se especializan en caminar por cables a gran altura, para lo cual, además de tener la capacidad de adoptar decisiones poco comunes comprendiendo el riesgo que eso implica, deberá desarrollar una extraordinaria habilidad para lograr un fino equilibrio. Como sucedió con todos los gobiernos democráticos, la suerte de la gestión del presidente Alberto Fernández está atada, en gran medida al mayor o menor éxito del plan económico.
Y como sucede con todas las economías del mundo, la escasez de recursos impone la necesidad de optar por uno u otro camino. Pero ningún plan económico tiene chances de llevar al país a buen puerto si no hay detrás un gran acuerdo político, empezando por la coalición que gobierna. Es que uno de los problemas más serios que enfrenta el presidente Fernández es la falta de unidad de criterios en el Frente de Todos para orientar el rumbo de la economía.
De hecho, el propio Guzmán expresa en su carta de renuncia que la imposibilidad de contar con el apoyo político de amplios sectores del Frente de Todos hizo más difícil su labor en el Ministerio de Economía.
¿Cómo salir de la crisis? ¿El presidente logrará acercar voluntades para avanzar hacia un modelo que genere trabajo decente? Son muchas las preguntas que surgen por estas horas. Lo peor que nos puede pasar es que se impongan las voces de los que apuestan a la polarización y los enfrentamientos estériles.
Otro riesgo es la aparición de personajes que están dispuestos a generar falsas expectativas, a vender espejitos de colores. Con una inflación cercana a 70%, la sociedad argentina no se puede dar el lujo de profundizar los desencuentros. Ese permiso se lo pueden tomar aquellos países que tienen una inflación de un dígito. Urge sumar esfuerzos para comenzar a transitar el camino que nos lleve a la estabilidad de la macroeconomía.
Hay asuntos que no pueden esperar. La generación de empleo decente es uno de ellos: según un estudio realizado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino, en los últimos diez años sobre tres millones de empleos creados en el país, 50% fueron informales y casi 25% se encuadran en la categoría de monotributistas.
Pero hay, además, otros problemas igual de urgentes que resolver. El salario promedio de los trabajadores en relación de dependencia en el sector privado es de 128.000 pesos (sin descuentos), es decir que si a esa suma se practican los descuentos de ley, lo que percibe el trabajador estará apenas por encima de lo que cuesta la canasta básica, que hoy está cerca de 100.000 pesos. Los que tienen ingresos inferiores a esa cifra caen por debajo del umbral de pobreza.
Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina 28,2 % de las personas ocupadas forman parte de familias sin ingresos suficientes para acceder a bienes y servicios básicos, es decir, gastos en vivienda, educación, alimentos, indumentaria y transporte. Estos son unos pocos datos que anticipan la difícil tarea que espera al próximo ministro de Economía.
El 24 de mayo pasado los turistas que visitaron ese día el Monte Saint-Michel, en el noroeste de Francia, no podían creer lo que veían: el trapecista Nathan Paulin, de 28 años, uno de los mejores del planeta en el arte del equilibrio en altura, batió el récord mundial al completar el trayecto más largo sobre una cuerda floja. El joven francés caminó descalzo 2200 metros por un cable que se encontraba suspendido, a 35 metros de altura, entre una grúa y la abadía del Monte Saint-Michel. Hacer ese trayecto le demandó dos horas.
El próximo ministro de Economía deberá, como Paulin, ser capaz de recorrer con nervios de acero todo el trayecto, sabiendo de antemano que no hay margen para el error y que una vez que de el primer paso tendrá que hacer frente a todos los desafíos que se presenten, teniendo siempre la mirada fija en el punto de llegada.










