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La democratización del conocimiento

La demanda de educación a distancia, en el nivel superior, experimentó un fuerte crecimiento en los últimos años. Si bien más de la mitad de los institutos terciarios y universitarios del país ya ofrecían esta modalidad de formación antes de la irrupción de la pandemia, el distanciamiento social que impuso la emergencia sanitaria aceleró la adaptación de estudiantes adultos a dispositivos y plataformas que sirven de base estos sistemas de capacitación en línea.

La flexibilidad para estudiar que ofrecen las distintas plataformas de educación no presencial es uno de los aspectos que más valoran quienes eligieron retomar o iniciar estudios superiores. Buena parte de quienes eligen esta modalidad son personas mayores de 35 años que ya están incorporadas al mundo laboral y apuestan a obtener un título de grado o posgrado en algunas de las muchas propuestas educativas que ofrecen tanto instituciones educativas con sede en el Chaco, como universidades de otras provincias y también centros educativos, museos y casas de altos estudios del exterior que disponen de una amplia oferta de cursos en línea.

En rigor, el aumento exponencial de ofertas de formación a distancia vino de la mano del uso masivo de internet, sumado al aumento de la velocidad de conexión de banda ancha en cada vez más hogares de ingresos medios y el acceso a computadoras con mayor velocidad de procesamiento que facilitan la comunicación a distancia. Cuando el fenómeno de la red de redes entró de lleno en el campo educativo a mediados de la década de los años 90, las posibilidades de llevar la educación formal más allá de los ámbitos tradicionales aumentaron en forma exponencial. A partir de entonces, pasaron a la historia las valiosas experiencias de cursos por correspondencia y de telescuela técnica que, con las herramientas disponibles de los años 60, ofrecían formación en distintos oficios.

El salto cualitativo que varias décadas después llegó con el acceso al mundo digital representó, de alguna manera, un gran avance en el largo camino de la democratización del conocimiento. En ese largo proceso, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación desempeñaron un papel fundamental, como así también los esfuerzos que se hicieron para que la alfabetización digital llegue a la mayor parte de la población. Como se dijo, cada vez más personas mayores de 35 años eligen estudiar con una modalidad a distancia en lugar de inscribirse para cursar en forma presencial en alguna casa de estudios. Todo parece indicar que, por ahora, ese fenómeno se registra en sectores de la población con ingresos medios, es decir, personas que tienen un empleo y disponen de recursos para disponer de una computadora y servicio de internet en el hogar.

Vale recordar que uno de los objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas remarca la necesidad de garantizar "una educación inclusiva, equitativa y de calidad, así como promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos". En ese sentido, la modalidad educativa a distancia, en este caso digital, es un factor indispensable para la democratización del saber.

Algunos estudiosos de este fenómeno sostienen que los sistemas de educación a distancia enfrentan el desafío de aportar la mayor calidad en los cursos de las disciplinas más diversas que ofrecen. Frente a este planteo surge un interrogante: ¿La calidad de la educación es algo que está ligado a la presencialidad? El educador español y experto en la materia, Lorenzo García Aretio, asegura que la calidad depende en gran medida de las instituciones y los docentes que participan de la experiencia educativa.

Por otra parte está el problema de la brecha digital, es decir, la distancia entre quienes tienen acceso y quienes permanecen excluidos del mundo digital. En el mundo actual el acceso a internet es particularmente importante para las personas en situación de vulnerabilidad, incluyendo los más pobres. Como bien señala un informe Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sin acceso a la gran red las personas en situación de pobreza extrema corren el riesgo de quedar marginadas del mundo, perpetuando la exclusión y la vulnerabilidad. Es de esperar que se impulsen medidas para garantizar la conectividad a los sectores que quedaron al margen de este tipo de servicios y de habilidades tecnológicas, para que la democratización del conocimiento llegue a todos los sectores de la sociedad.