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La revolución biológica

Nuevos avances tecnológicos prometen abrir las puertas a la producción de cultivos con mayor nivel nutritivo, variedades resistentes a herbicidas y mejor tolerancia a condiciones climáticas extremas. Se trata de la edición genética a partir del empleo de las comúnmente llamadas "tijeras", que permiten modificar el ADN de una célula dentro de la misma planta.

Las últimas noticias sobre este tema llegan desde Japón, donde los consumidores de ese país pueden acceder a tomates modificados a los que, gracias a la técnica de las tijeras genéticas, se les incrementó el nivel de un aminoácido que tiene la propiedad de bajar la presión arterial. A partir del uso de la misma estrategia también se comercializan en el país asiático pescados con mayor peso, el pez globo tigre y el besugo, ambos desarrollados por investigadores del Instituto Regional de Peces de Kioto. Según informa la última edición de la revista científica Nature, los genes de estos peces fueron modificados para alcanzar un mayor tamaño. Lo que se hizo fue alterar un gen que controla el apetito, de modo que con el cambio los peces comenzaron a comer más y aumentar de peso casi dos veces más que sus pares que no recibieron ese tratamiento. Investigadores japoneses también llevan a cabo ensayos con arroz genéticamente modificado con el objetivo de aumentar el rendimiento de estos cultivos.

Las técnicas de edición genética también son conocidas por estas latitudes. En mayo del año pasado se anunció que dos medianas empresas de capitales nacionales comenzaron a trabajar con esa herramienta en nuestra provincia, más precisamente en Avia Terai, para desarrollar variedades de algodón resistentes a herbicidas para combatir malezas. Se trata de la técnica conocida como Crispr, que permite mejorar los propios genes del cultivo, es decir que no se insertan genes de especies distintas. Es evidente que se está frente a una valiosa herramienta que puede ayudar a dar respuestas a las nuevas exigencias que plantean los mercados a la agricultura. La provincia del Chaco debería promover nuevos emprendimientos de este tipo para poder avanzar en el camino que conduce al desarrollo basado en el conocimiento que, por otra parte, genera puestos de trabajo de alta calificación. Esto tendría que ser parte de una estrategia nacional para seguir desarrollando la agricultura y ampliar la oferta exportable de nuestra región.

Se trata de un campo que es relativamente nuevo. Las investigadoras que desarrollaron la técnica de "tijeras moleculares" que permiten editar el genoma, la francesa Emmanuelle Charpentier y su colega la estadounidense Jennifer Doudna, ganaron en 2020 el Premio Nobel de Química por sus investigaciones que generaron una verdadera revolución que abrió la puerta a una serie de posibilidades infinitas no solo en la agroindustria, sino también en la medicina y la biotecnología. En el caso de las aplicaciones en la agricultura, que es lo que puede despertar mayor interés en productores chaqueños, esta novedosa técnica permite, como se dijo, producir plantas con resultados sorprendentes.

El conflicto en Europa del Este ha puesto de relieve la necesidad de producir más alimentos para el mundo. Las tecnologías innovadoras para editar genes pueden contribuir, en parte, a dar respuestas a esas demandas. Según los expertos, en las próximas décadas estas técnicas tendrán una relación directa con los productos que estarán en la mesa de millones de familias en todo el planeta. Según un trabajo realizado por el Royal Botanic Gardens de Londres, actualmente 90% de las calorías provienen de tan solo quince cultivos, por eso los investigadores desempeñarán un papel clave en la búsqueda de mejores alimentos para el futuro.

En noviembre del año pasado, la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad de Brasil aprobó un trigo tolerante a la sequía, único en su tipo, que fue desarrollado en nuestro país a partir de un trabajo coordinado a lo largo de dos décadas entre el Conicet y un laboratorio privado. La noticia confirmó el enorme potencial que tiene nuestro país en materia de biotecnología aplicada a los cultivos y, al mismo tiempo, demostró que es posible lograr asociaciones público-privadas que consoliden el liderazgo de la biotecnología argentina a nivel regional. Por eso, también el Chaco debe dar un lugar central a la ciencia y la tecnología en su agenda de políticas públicas.

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