La creación de más y mejores empleos
Según datos oficiales, entre enero y marzo de este año 644.000 personas accedieron al mercado laboral en la Argentina, dando como resultado una baja en la tasa de desocupación. Sin embargo, no todo lo que reluce es oro: más de la mitad de esos trabajadores se incorporaron al mundo del trabajo por fuera de la economía formal.
El trabajo informal es la modalidad de empleo que más creció en el último año. Se calcula
que, en todo el país, por cada puesto de trabajo en blanco se generaron cinco informales.
En un contexto global que suma dificultades en todos los niveles, que a nivel local se compruebe que se reduce la desocupación es, por supuesto, un dato alentador. Pero no
es aconsejable poner la vara muy baja. La informalidad en la economía puede beneficiar
a individuos o, a lo sumo, a algunos grupos, pero no al conjunto de la sociedad.
A esta altura de los acontecimientos está claro que hay que impulsar una transformación que
tenga como meta el empleo de calidad y en eso —como bien señalaba el economista Aldo
Ferrer en su libro El empresario argentino— "...el Estado tiene la responsabilidad fundamental de crear los espacios de rentabilidad y el contexto que oriente la iniciativa privada al proceso de transformación".
Si se coincide con esa observación, se estará de acuerdo también con que las pequeñas y
medianas empresas son, además de piezas claves en la actividad económica, las que más
rápido podrán sumarse a esa transformación y, por lo tanto, no deben quedar al margen
de cualquier iniciativa para promover la creación de más y mejores puestos de trabajo.
Siguiendo el razonamiento de Ferrer, el economista sostiene que el desarrollo económico
"ocurre, en todo tiempo y lugar, en economías de mercado".
"Vale decir, en aquellas en que el empresario juega un papel protagónico en la inversión, el cambio técnico y la inserción en la globalización. El empresario, como grupo social, consiste en el conjunto de actores que cuentan con recursos y los organizan, para realizar una ganancia, en el marco de la economía de mercado", agrega el autor del libro mencionado, para recordar luego que, guste o no, no existen ejemplos de desarrollo fuera de la economía de mercado, es decir, sin empresarios: "El último intento en gran escala fue la Unión Soviética. En América Latina, Cuba, pese al progreso de sus indicadores sociales y el ejercicio de su soberanía, no ha logrado instalar un modelo de desarrollo sustentable de largo plazo. El extraordinario desarrollo de China comenzó cuando el régimen comunista incluyó un espacio sustancial de economía de mercado. En diversos contextos institucionales estables, el desarrollo siempre se registra en economías de mercado con protagonismo empresario".
Hace pocos días se planteaba en esta misma columna que la creación de puestos genuinos
de trabajo es la opción más segura para distribuir la riqueza con equidad y que
las pequeñas y medianas empresas tienen mucho para aportar a la construcción de una
sociedad con más empleo.
En todo el país hay más de 600.000 pequeñas y medianas empresas que, en conjunto,
generan unos 11 millones de empleos directos e indirectos; lo que representa el 65% del
empleo registrado del país. Y todo eso se ha logrado en un país en el que los conflictos sociales
parecen interminables.
Por eso es importante apostar al diálogo entre los distintos sectores para promover la inclusión social y potenciar a aquellos espacios de la economía que tienen capacidad para generar empleo decente, aún en un contexto como el actual que se caracteriza por la alta incertidumbre.
En un reciente encuentro virtual que celebró la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) con la participación de representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores
con el fin de debatir sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta una América Latina
que busca más y mejores empleos, se planteó la necesidad de formular estrategias
efectivas de aumento de la productividad laboral en los países de la región.
Para la OIT, es fundamental promover espacios de diálogo social orientados a construir consensos para fortalecer iniciativas que contribuyan, por una parte, a impulsar el incremento de la productividad en diferentes sectores y segmentos de empresas, y por la otra, a reducir
las persistentes brechas que en esta materia presenta, procurando favorecer de manera
sostenible la creación de más y mejores empleos. El desafío es enorme, pero vale la pena
ponerse de acuerdo para alcanzar ese objetivo.










