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Luces y sombras de la economía

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) dio a conocer un nuevo informe con las tasas de actividad y el comportamiento del mercado de trabajo a partir de indicadores de las tasas de empleo y de desocupación. Los datos, que corresponden al primer trimestre de 2022, muestran una caída de la desocupación en ese período y, al mismo tiempo, un incremento en la tasa de actividad en una economía con algunas luces y muchas sombras.

Según el Indec, la desocupación en el primer trimestre de este año fue del 7%, es decir por debajo de lo que se registró en igual período de 2021. Se trata, por cierto, de una cifra baja aunque si se analiza con más detalle se puede observar que a pesar de ese dato positivo, hay un problema con la calidad de muchos de los empleos debido a que buena parte de los puestos que se cubrieron corresponden a trabajo informal. El informe del organismo de estadísticas oficiales revela además que la tasa de desocupación fue más alta entre las mujeres (8,3%) que entre los varones (5,9%) en el primer trimestre de 2022 y afectó más a las y los jóvenes (16,8% y 11,4%, respectivamente).

Otro dato positivo es que el Producto Interno Bruto (PIB) creció 6% interanual en el período mencionado, mientras que las ventas en centros de compras crecieron 100,2% interanual en abril de 2022: 157,9% en la región Gran Buenos Aires y 49,9% en el resto del país. Por otra parte, en materia de comercio exterior en mayo de 2022, las exportaciones crecieron 20,7% interanual, y la importación, 53,1%.

Algunas actividades, como restaurantes y hoteles, mostraron una saludable recuperación. La ocupación hotelera, por ejemplo, en abril de 2022 tuvo un buen desempeño: los viajeros hospedados aumentaron 160,9% interanual, y las pernoctaciones, 158%.

Vale la pena detenerse un momento en los datos de empleo, que muestran que además de la baja en la desocupación también la tasa de empleo revela una buena señal, ya que hay un mayor número de personas trabajando y buena parte de estos trabajadores consiguieron ocupación durante el último año. Hasta ahí, los números son alentadores. Pero hay un aspecto a tener en cuenta y es que la caída de la desocupación que registran las estadísticas oficiales se explica, en rigor, por un marcado crecimiento del trabajo informal. Esa modalidad de empleo es la que más creció en este último año y eso quiere decir que muchos trabajadores, si bien dejan de estar desocupados, carecen de beneficios como las vacaciones pagas, aguinaldos y aportes a la seguridad social, entre otras coberturas que tienen los que se desempeñan en el sector formal. De acuerdo con los datos oficiales, entre enero y marzo de este año se crearon 112.000 puestos formales de trabajo en todo el país, contra 532.000 empleos informales.

Por otro lado hay otra cuestión que preocupa: el salario promedio de los trabajadores en relación de dependencia en el sector privado es de 128.000 pesos (sin descuentos), es decir que si a esa suma se practican los descuentos de ley, lo que percibe el trabajador estará apenas por encima de lo que cuesta la canasta básica, que hoy está cerca de 100.000 pesos. Para ser más precisos, el valor de esa canasta está en 99.676,85 pesos, según las estimaciones del Indec para una familia de cuatro integrantes. Los que tienen ingresos por debajo de esa cifra caen por debajo del umbral de pobreza.

Pero a esa recuperación del empleo que ocurrió a partir de un incremento de la informalidad y de trabajadores por cuenta propia en desmedro del trabajo registrado, hay que sumar el problema de la inflación, un asunto que se convirtió en la principal preocupación de las familias argentinas, sobre todo de las que, aun con más de un trabajo, no llegan a fin de mes.
La medición oficial de la inflación de mayo pasado arrojó un 5,1%, mientras que el incremento interanual de precios alcanzó el 60,7%, el mayor porcentaje registrado en las últimas tres décadas.

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina el 28,2 % de las personas ocupadas forma parte de familias sin ingresos suficientes para acceder a bienes y servicios básicos, es decir, gastos en vivienda, educación, alimentos, indumentaria y transporte. Esto quiere decir que una buena parte de la población, incluso la que tiene trabajo, está muy lejos de alcanzar la calidad de vida que cualquiera esperaría en este siglo XXI.