Juntos contra la violencia, respetando la libertad religiosa
La violencia existe desde siempre solemos escuchar, leer y advertir; desde una concepción teológica la podemos atribuir a la presencia del pecado; desde una mirada antropológica desde el origen mismo de ser humano, algunos reconocen una esencia buena y otros de nacimiento con atisbos de violencia. Así algunos lo relacionan a contingencias culturales, sociales, económicas o políticas.
Sin ánimo de extendernos sobre vertientes o explicaciones doctrinarias, en la práctica podemos observar, distintas manifestaciones violentas, asociándola a la guerra, a la mentira, a la discriminación, a las agresiones físicas, psíquicas y morales, los malos tratos, la falta de respeto, la imposición de ideas, el menoscabo de derechos, el acoso en todas sus formas, la manipulación de la pobreza y la miseria, y otras tantas que podemos experimentar.
La violencia es tan cotidiana que muchas veces no podemos percibir sus dimensiones reales, la vemos como algo natural que cada vez se afianza con fuerza en nuestros sentidos y tiende a enquistarse en el accionar individual y colectivo.

Se nos vienen distintos ejemplos públicos, privados, masivos o aislados, locales, nacionales e internacionales, podemos ver muchos, y desanimarnos ante el paradigma, o también podemos afrontar un pensar y actuar, coherente, anunciando la Paz como un camino posible y necesario en nuestra convivencia social.
San Juan Pablo II ha sostenido con fuerza que "La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que prende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano".
La antítesis de la violencia es la Paz. Esa Paz no es simplemente ausencia de guerra, es un valor social, es fruto de la justicia.
La paz comienza a vivirse como un valor en cada persona, así podrá extenderse a las familias, y a las diversas formas de agregación social, hasta alcanzar a toda la comunidad política.
En comunión con los otros cultos y religiones, compartimos el abordaje de la problemática de la violencia, promoviendo la paz, la integración, el respeto, en armonía con la libertad de profesar y promover la fe, como valor fundamentales de nuestra convivencia social.
En sentido contrario, en las sociedad modernas, algunas corrientes ideológicas seculares (que plantean la inexistencia de Dios o su eliminación de todos los ámbitos sociales), pretende atribuir o dar significado a una supuesta Violencia religiosa, como justificativo para incidir ideológicamente en el pensar o ideario de la Fe.
Este proceder no es novedoso, y quiere ser implementado en la provincia del Chaco, por un proyecto de ley, solapado, que bajo el pretexto de presumir la existencia violencia religiosa, busca limitar la libertad de pensar, de creer o profesar la Fe.
Esta forma para marginar al "pensar religioso" y legitimar otra forma de violencia (atropello de la libertad de profesar la Fe – reconocidos en nuestra Constitución Nacional artículo 14, articulo 75 inciso 22, y Constitución de la Provincia del Chaco articulo15 inciso 7), es parafraseando a William T. Cavanaugh (escritor contemporáneo) un arma política de primera magnitud en manos del estado moderno.
Con esperanza y firmeza, todos juntos estamos llamados a trabajar para erradicar la violencia en todas sus formas, contra cualquier persona, niños, mujeres, ancianos, pobres y en especial contra los más débiles y vulnerables, siempre con respeto y en libertad.
El camino de paz, eso que anhelamos entre todos, lo construimos día a día, y recordando las palabras del querido papa Pablo VI, "solo puede florecer la paz cuando cada uno reconoce la propia responsabilidad para promoverla".
Comisión Arquidiocesana Justicia y Paz










