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Elogio para las arrugas

"Dejame todas las arrugas, no me quites ni una. He tardado toda una vida en conseguirlas". La frase pertenece a la actriz italiana Anna Magnani, fallecida en 1973. El papa Francisco rescató esas palabras en la audiencia general de ayer para volver a cuestionar el mito de la juventud eterna, uno de los más arraigados en las sociedades actuales.

Cuentan los biógrafos de Magnani que, antes del rodaje de una película, la famosa actriz repetía la idea que tenía de las arrugas en el rostro cada vez que un maquillador se predisponía a realizar su tarea. Su nombre volvió a estar esta semana en medios de casi todo el mundo por la referencia que hizo de ella el Sumo Pontífice durante la catequesis en la audiencia general celebrada en la Plaza San Pedro, en la que abordó el tema de la vejez. "Vivimos en una época en la que el mito de la eterna juventud es una obsesión", observó Jorge Bergoglio, para señalar luego que las arrugas son "símbolo de experiencia, de madurez y de vida y de haber hecho un camino". El primer Plan Nacional contra la Discriminación que se elaboró en nuestro país señalaba, ya en 2005, que en la medida en que el paradigma social y estético corporal es la juventud, toda marca corporal producto del paso del tiempo -léase arrugas- es valorada en forma negativa. "El mercado es particularmente eficiente a la hora de explotar estos estereotipos, promoviendo toda índole de cirugía estética y productos milagrosos para alcanzar la eterna juventud, sin la cual las personas están condenadas a ser relegadas", advertía el documento. Desde hace varias décadas los contenidos de la industria cinematográfica y de la TV a escala global no han hecho otra cosa que reforzar el estereotipo de belleza asociado a la juventud, la vitalidad y el éxito en función de esas dos características. Los responsables de las producciones audiovisuales rara vez se esfuerzan para dedicar una mirada más amplia al mundo de las personas mayores que, como todo mundo, tiene sus matices. Salvo algunas excepciones, que se cuentan con los dedos de una mano, casi siempre la etapa de la vejez está asociada a situaciones que solo tienen que ver con problemas de salud o de deterioro físico. En su mensaje del miércoles en la Plaza San Pedro, el Papa puso la lupa sobre los denodados esfuerzos que muchas personas hacen para aferrarse a los estereotipos de juventud y belleza que inundan las redes sociales y los medios audiovisuales, para lo cual apelan a "tantos trucos, tantas cirugías, para parecer joven". "Me acuerdo de las palabras de una sabia actriz italiana, Magnani. Cuando le dijeron que tenían que quitarle las arrugas. Ella dijo ‘¡No, no las toque!, he pasado tantos años para conseguirlas, no las toque’. ¿Tocarlas para que se vuelvan jóvenes? Pero joven de cara. Lo que interesa es la personalidad completa. Lo que interesa es el corazón. El corazón se mantiene con esa juventud del buen vino, que cuanto más envejece mejor es", reflexionó Bergoglio. Resulta paradójico que en un mundo en el que cada año aumenta la cantidad de personas adultas mayores todavía se siga rindiendo culto al paradigma social y estético de la juventud. El proceso de envejecimiento de la población es un fenómeno que está presente, en mayor o menor medida, en todos los países. Por eso la Asamblea General de las Naciones Unidas planteó la necesidad de cambiar la forma de ver y abordar la edad y el envejecimiento de las personas. Según proyecciones elaboradas por la Organización Panamericana de la Salud, uno de cada cuatro latinoamericanos será mayor de 60 años en 2050. Además, se estima que, dentro de 20 años, por primera vez habrá más personas adultas mayores que niños menores de 14 años. Respecto de la situación de los adultos mayores en nuestro país, algunos estudios estiman que para el año 2050, uno de cada cinco argentinos tendrá más de 64 años de edad. Para esa fecha la población del país rondaría los 50 millones de habitantes, de los cuales 10 millones serán adultos mayores. Frente a estos desafíos, es necesario prepararse para este cambio y transformar el envejecimiento poblacional en una oportunidad para una vida más larga y con más salud.Cuentan los biógrafos de Magnani que, antes del rodaje de una película, la famosa actriz repetía la idea que tenía de las arrugas en el rostro cada vez que un maquillador se predisponía a realizar su tarea. Su nombre volvió a estar esta semana en medios de casi todo el mundo por la referencia que hizo de ella el Sumo Pontífice durante la catequesis en la audiencia general celebrada en la Plaza San Pedro, en la que abordó el tema de la vejez. "Vivimos en una época en la que el mito de la eterna juventud es una obsesión", observó Jorge Bergoglio, para señalar luego que las arrugas son "símbolo de experiencia, de madurez y de vida y de haber hecho un camino".

El primer Plan Nacional contra la Discriminación que se elaboró en nuestro país señalaba, ya en 2005, que en la medida en que el paradigma social y estético corporal es la juventud, toda marca corporal producto del paso del tiempo -léase arrugas- es valorada en forma negativa. "El mercado es particularmente eficiente a la hora de explotar estos estereotipos, promoviendo toda índole de cirugía estética y productos milagrosos para alcanzar la eterna juventud, sin la cual las personas están condenadas a ser relegadas", advertía el documento. Desde hace varias décadas los contenidos de la industria cinematográfica y de la TV a escala global no han hecho otra cosa que reforzar el estereotipo de belleza asociado a la juventud, la vitalidad y el éxito en función de esas dos características. Los responsables de las producciones audiovisuales rara vez se esfuerzan para dedicar una mirada más amplia al mundo de las personas mayores que, como todo mundo, tiene sus matices. Salvo algunas excepciones, que se cuentan con los dedos de una mano, casi siempre la etapa de la vejez está asociada a situaciones que solo tienen que ver con problemas de salud o de deterioro físico.

En su mensaje del miércoles en la Plaza San Pedro, el Papa puso la lupa sobre los denodados esfuerzos que muchas personas hacen para aferrarse a los estereotipos de juventud y belleza que inundan las redes sociales y los medios audiovisuales, para lo cual apelan a "tantos trucos, tantas cirugías, para parecer joven". "Me acuerdo de las palabras de una sabia actriz italiana, Magnani. Cuando le dijeron que tenían que quitarle las arrugas. Ella dijo ‘¡No, no las toque!, he pasado tantos años para conseguirlas, no las toque’. ¿Tocarlas para que se vuelvan jóvenes? Pero joven de cara. Lo que interesa es la personalidad completa. Lo que interesa es el corazón. El corazón se mantiene con esa juventud del buen vino, que cuanto más envejece mejor es", reflexionó Bergoglio.

Resulta paradójico que en un mundo en el que cada año aumenta la cantidad de personas adultas mayores todavía se siga rindiendo culto al paradigma social y estético de la juventud. El proceso de envejecimiento de la población es un fenómeno que está presente, en mayor o menor medida, en todos los países. Por eso la Asamblea General de las Naciones Unidas planteó la necesidad de cambiar la forma de ver y abordar la edad y el envejecimiento de las personas.

Según proyecciones elaboradas por la Organización Panamericana de la Salud, uno de cada cuatro latinoamericanos será mayor de 60 años en 2050. Además, se estima que, dentro de 20 años, por primera vez habrá más personas adultas mayores que niños menores de 14 años.

Respecto de la situación de los adultos mayores en nuestro país, algunos estudios estiman que para el año 2050, uno de cada cinco argentinos tendrá más de 64 años de edad. Para esa fecha la población del país rondaría los 50 millones de habitantes, de los cuales 10 millones serán adultos mayores.

Frente a estos desafíos, es necesario prepararse para este cambio y transformar el envejecimiento poblacional en una oportunidad para una vida más larga y con más salud.

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